AL LECTOR:

Narraciones de hechos y acontecimientos recordados por el autor; otras recogidas de la tradición oral y escrita.

viernes, 9 de febrero de 2007

RÍO CARES

Hoy, río Cares, triste día de primavera, leo en la faz turbulenta de tus aguas, una horrenda tragedia.Humedad y frío, la muerte cabalga sigilosa a lomos de troncos y ramas, clavando su guadaña traicionera, en dos jóvenes ilusiones.El implacable destino, marcada en la carta verde del viajero, como inexorable tacómetro que explica lo inexplicable, llegó puntual a la cita.Es tiempo de Pasión y el Cares está triste. Los sedales se recogen en sonoros carretes como si fueran carracas. Las cañas, pendones a lo largo del río, reposan silenciosas arrimadas a los setos, olvidadas por un momento de las manos de los pescadores, también tristes. Los arbustos de la orilla y los alisos, lanzan, sin ninguna competencia sus cañas al agua, en un intento noble, de recuperar los cuerpos inertes, que, como navegantes, sin barcas, cruzan el estigio canal.Sé que te apenas, Cares, porque piensas que de niños, jugando, libraron tus aguas de minúsculas presas de cañas y peñascos; recuerdas que en tus cristalinas aguas, sus frentes se sumergieron para saciar la sed en un día de caluroso estío; o bien, como descanso, te acompañaron un domingo, mientras vareaban. Tú les diste la tranquilidad y las fuerzas para un nuevo intento. Sé también que formas parte pasiva del ciego destino. Soy yo quien está triste. Tú vas alegre, cumpliendo tu propio destino, pero si puedes oír, escúchame: no seas acaparador ni guardes en tu seno el tesoro que te reclama quien a él tiene más derecho. Que no sirva, como dijo el poeta, de “alimento de flautas en los cañaverales” y deja que la tierra, a la tierra vuelva.

No hay comentarios:

Publicar un comentario