AL LECTOR:

Narraciones de hechos y acontecimientos recordados por el autor; otras recogidas de la tradición oral y escrita.

viernes, 9 de febrero de 2007

ROPAVEJEROS

Así se llamaban a los que venían por los pueblos a comprar ropa vieja. En aquel tiempo sólo existían tejidos naturales de lana, algodón o lino, principalmente. Todo servía para los ropavejeros, pero sobre todo, si se trataba de las mantas viejas de algodón, se pagaban mejor. Pero también se llevaban ropa vieja que conseguían sin dinero, por el solo hecho de quitarla de casa.En aquel momento comenzaba a aparecer en el mercado la fibra sintética, por lo que mucha gente cambiaba los ojos por el rabo, creyendo que hacía negocio, a pesar de tener que poner encima del trato los pocos dineros de que se disponía. Pronto se tendió a cambiar el viejo colchón de lana por el moderno, primero porque el de lana daba mucho trabajo ya que todos los años había que descoserlo, sacar su lana para airear y solearla, varearla y deshacer las pellas de lana que acababan molestando en la espalda. Eran incómodos y ciertamente poco higiénicos. Los ropavejeros de la lana ya se habían modernizado, llegaban con sus furgonetas y traían con ellos uno o dos modelos de colchones modernos que cambiaban por el de lana, pero también cerraban el trato cobrando el nuevo colchón de forma que el viejo les salía regalado.Existían también, generalmente mujeres a las que se les llamaba lienceras que traían en la cabeza un fardo de lona repleto de retales de tela, y todo tipo de prendas de vestir y de interior que cantaban a voces por el pueblo sus ofertas de mercado, de puerta en puerta y desabrochaban los cinturones de cuero que sujetaban la lona para mostrar en el barrio toda su mercancía. Las recuerdo con largas faldas de gruesa tela y botines negros de cuero y hablaban gallego, por lo que es fácil deducir de dónde procedían.Ropavejeros, lienceras, afiladores, paragüeros, capadores, madreñeros, caldereros, maconeros, herradores, junto con los que compraban crines de caballo, tratantes de ganados, mieleros, fotógrafos, pescaderas y puede que alguna actividad más que ya no recuerdo, se dejaban caer por el pueblo y siempre eran la atracción de los niños y de los perros a quienes solían ladrar por sus voces, creo y porque tampoco les resultaban familiares.

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