AL LECTOR:

Narraciones de hechos y acontecimientos recordados por el autor; otras recogidas de la tradición oral y escrita.

viernes, 23 de marzo de 2007

LOS ÁRBOLES EN LA CULTURA


Es y ha sido siempre un elemento de las inspiraciones poéticas y amorosas dentro de la intrincada psicología humana, resultando también el mejor símbolo del propio hombre.
El árbol nos acompaña desde la cimbreante cuna hasta el pesado ataúd que guarda nuestros últimos restos hasta la vuelta a la tierra, el regreso al inicio de la historia. En la Historia de la humanidad, representaba a las deidades que utilizaban su tronco para el descanso invernal hasta su aparición en la primavera siguiente, en la que florecían . Esta representación tenía lugar, sobre todo, en los árboles perennifolios ya que representaban mejor que los caducifolios la deidad y su anejo atributo: la eternidad.
Cada cultura toma predilección por una determinada especie de árbol. La cretense, por ejemplo, la toma por el ciprés y con su madera hacían estatuillas de la diosa Rhea. El árbol, preferentemente el que se eleva en forma de lanza, penetrando en las nubes del cielo de donde bebe el agua para, a través de las raíces, apagar la sed de la tierra que nos aporta con su trabajo los alimentos a los humanos.
Para los griegos, el fresno representaba a los padres de la cultura énea. Para los nórdicos, el fresno representa en cambio, el padre, el origen de toda la humanidad. Sus frutos guardan la semilla y así son el símbolo de la fecundidad y de la perduración de la vida.
El simbolismo recogido en el mito de paraíso terrenal perdido, recae en el fruto del manzano y es curioso que la forma de redimir la falta, el pecado cometido por la desobediencia, sea a través del tronco, del Árbol de la Cruz, árbol de vida y de muerte, pues.
Hágase abstracción de la figura del sarcófago, del ataúd, y se descubre fácilmente en ellos la estilización del tronco del árbol. Dentro de ellos se llegaba, según diferentes culturas a una nueva vida, lo mismo que los árboles renacen en primavera, unos para llenarse de hojas y de flores y otros para llenarse de flores únicamente.
Los amerindios colocaban a los muertos en árboles esperando que el gran espíritu acudiera, apiadado, a recoger el espíritu del muerto.
En los países eslavos, Perkunas, su dios se manifestaba en las encinas.

Esto es una pequeña muestra del respeto que existió al árbol.