AL LECTOR:

Narraciones de hechos y acontecimientos recordados por el autor; otras recogidas de la tradición oral y escrita.

viernes, 26 de noviembre de 2010

LA BOLERA DE PENDUELES

"LA BOLERA"
Ya recogieron los músicos
y se acostaron las niñas
de la bolera.
Ya quedaron en silencio
los tilos y la fuentina
en la bolera.
Ya nos dejaron alegres
las castañas y la sidra
en la bolera.
Ya comenzaron las clases
e iremos a la salida,
a la bolera.
     (El Maestru)

Se refiere a la fiesta que tiene lugar en Pendueles de Llanes, el 17 de noviembre, en la celebración del día del patrón del pueblo, San Acisclo. Se hace coincidir con el sábado más próximo a esa fecha. Unos días antes, echan abajo la hoguera plantada en la apertura de las fiestas del verano, (17 de agosto). Con la leña sacada de ella, se mantiene toda la noche una hoguera en la que se asan suficientes castañas para repartir entre los asistentes, acompañadas de sidra dulce. Se hacen bailes en la bolera, que ayudan, junto con la hoguera y el calor de las castañas a soportar los primeros fríos que nos trae el mes de payares.

Las boleras: Antiguamente era sin duda el sitio de reunión de todo el pueblo. En ellas no solamente se jugaba a los bolos, sino que se celebraban los bailes de las fiestas. También se hacía en ellas las reuniones dstinadas a discutir, ponerse de acuerdo y decidir sobre actuaciones que implicaban beneficio o daño para los vecinos, en el llamdo conceyu. Otras veces las reuniones estaban relacionadas con el trabajo del campo y en sus inmediaciones se daban cita los ganaderos con el veterinario para realizar las vacunaciones pertinentes. O era para la recogida de la paja que llegaba en camiones desde Castilla, o para la entrega de las manzanas destinadas a los llagares de sidra, la entrega del ocle y otra cualquiera actividad que se diese. También solía acudir a la bolera el herrador, el calderero y paragüero y en general resultaba un centro de fácil localización para hacer cualquier tipo de transación o trabajo eventual. Lugar de cita para la infancia por tener el suelo cubierto de arena y cerrado por muros que permiten a los mayores sentarse a la sombra de los tilos mientras vigilan a sus pupilos. Era el lugar donde se reunían los jóvenes y los mayores tras los trabajos duros del día, para descansar y relacionarse simplemente, después de la cena. Hubo un tiempo, en que se dejaron abandonadas las boleras, seguido de otro en el que se produjo un nuevo auge y volvieron a resurgir las peñas bolísticas,pero aún existen boleras abandonadas, en desuso, porque también hay que decirlo, algunos pueblos se van muriendo poco a poco.Su población va disminuyendo por la emigración, por los recursos laborales que se dan en localidades mayores. Por contra, se van poblando por gentes venidas de la ciudad que busca en ellos un lugar tranquilo,pero que no tienen ningún arraigo con este sitio tan popular en otra época.

REPLICA A UN MADRILEÑO DESCONTENTO
El abuelo de un amigo de mi hijo solía venir a Pendueles en agosto, por las fiestas, pasando unos días al lado de sus hijos y nieto. Solía ir, en los veranos precedentes, de paseo con su nieto por la senda, hasta las playas de Castiellu o del Picón o Bretones. Pero aquel verano no hizo más que llover y llover. Sólo podía ir, como mucho, con la silla cubierta de plástico y con paraguas hasta el pórtico de la iglesia donde ensayaban las aldeanas los cánticos de los ramos. Si descampaba unos minutos, las bailadoras del autóctono “Fandango de Pendueles" salían al camino delante de la iglesia a bailar, acompañadas del pandero y pandereta y los cantos de Miliuca y Charo.
Así que aquellas vacaciones tan mojadas no le gustaron a Paco que marchó sin poder apenas salir de su casa alquilada. A los pocos días de la marcha de la familia madrileña, mi hijo recibió carta de su amigo Juan y dentro venía una nota del abuelo que por escueta me hizo mucha gracia. Ponía esto:

“¡Siempre lloviendo en Pendueles!
Yo he venido a descansar.
Aunque decir esto duele,
me parecen los ensayos
del Diluvio Universal.”

Yo, a vuelta de correo le envié dentro de la carta de mi hijo a su nieto Juan, esta otra:

Querido Paco:

Tus versos glayan
doliente verdá, pero
si Asturias ye verde,
habrá sidra n’el llagar.
Si n’agostu ves nieblina
engolá n’el castañal,
n’otoñu, los frutales
fartucarán tu paladar.
(Pendueles, ochobre de 1.994)

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