AL LECTOR:

Narraciones de hechos y acontecimientos recordados por el autor; otras recogidas de la tradición oral y escrita.

domingo, 16 de octubre de 2016

PAISANAJE DE PARRES

(Del libro "Refugios de piedra") En este enlace puedes bajar el  [archivo.pdf ]






Los pueblos se forman de barrios, que son a su vez la sede de distintas familias. Hay barrios en los que predomina un determinado linaje, un apellido, como si hubiera habido un asentamiento primario del que hayan eclosionado un racimo de familias. Pero, aunque no sea así, en los barrios, por lo general, se siente la familiaridad más que la vecindad, demostrada día a día cuando se necesitaban unos de otros para socorrerse en la desventura, la enfermedad o en el trabajo: caso de la siega, la siembra, el sallo, la esbilla, la esfoyaza o el mataciu.
En estas páginas se detallan las casas existentes desde finales del S. XIX hasta principios del S. XXI, aunque, por desconocimiento más que por falta de interés, algunas casas de construcción reciente no se recogen por carecer de datos exactos de sus propietarios o usuarios.
Tiene un valor sentimental más que documental para quienes las conocimos. En el tiempo que va desde el inicio de este proyecto, enero de 2009, fui corrigiendo cuantos errores detecté, aportando datos nuevos datos que me dan los lectores. Estoy seguro que cada uno encontrará otros más en lo que concierne a su propia familia. Pero también habrá quien agradezca, en cambio, conocer otros más.
Va dedicado con todo mi respeto a la memoria de quienes cito en sus “Refugios de piedra”, barrio por barrio en el conjunto del pueblo de Parres.
Sigo un orden geográfico iniciado en el barrio en que nací, me crié y eduqué, arropado por el cariño y el afecto de la gran familia que representa para cada uno sus vecinos.
En los pueblos, las casas suelen llevar el nombre de sus más característicos moradores o de quienes las mandaron construir. Los apelativos o motes con que se les conocía los transcribo “entrecomillados”, pero carentes de ningún sentido peyorativo. Sirven para distinguir entre dos personas con el mismo nombre, a veces, basados en  alguna particularidad física, anatómica, o de carácter sin que suponga discriminación alguna. Los términos “tiu” o “tía” no tienen significado familiar; se aplicaban a personas de cierta edad, más jóvenes de lo que yo pensaba de niño, pues la esperanza de vida era más corta, entonces. Sinceramente pienso que muestran más respeto, familiaridad o cercanía en el trato que otra cosa. No todo el mundo se hacía merecedor de tan cariñoso tratamiento en los pueblos.
El pueblo de Parres se extiende de Levante a Poniente en una franja aproximada de dos kilómetros, por la cima de un plegamiento calcáreo que separa un fértil y extenso valle al Norte del abrupto paisaje rocoso al Sur, conformado por numeroso cuetos y pequeñas brañas de pastos entre ellos que en épocas de más población eran cultivables en su mayoría o de pastos y sembrados para alimento de los humanos y de la ganadería bovina, ya que el resto, ya sea del ovino como del caprino pastaba en rebaños por las brañas y bosques hasta superar el cordal del Texéu, llegando a las alturas del Cuera donde tiene marcados los límites Parres con otros pueblos pueblos del concejo de Cabrales. Abundan también los Jogos y profundas torcas que se comunican entre sí y múltiples manantiales del cercano monte que ceden sus aguas al río Melendru que las entrega al mar. La roca caliza sobre la que se asienta el pueblo generó numerosas cavidades,  con señales de haber sido refugios de piedra habitados desde la Prehistoria, como es el caso de El Covarón y Las Herrerías y otras más que estoy seguro que aparecerán, que también fueron refugios en períodos bélicos  bastante más recientes: Covajornu, Santa Marina, Trescoba, Cuetu la Mina, Taravirón y Covarón; Covarada,  La Calzada, Moscadoria, Rabugandín, y un largo etcétera. Asciende de cota con suavidad, hasta la Mañanga y después bruscamente alcanza en el alto del Texéu la cota 700 m. para pasar en suave pendiente a la de 500 m. en la llosa Viango y volver a ascender en brusca pendiente hasta llegar a la cima del Cuera donde tiene el pueblo de Parres sus límites el pueblo con los concejos de Cabrales y Peñamellera Alta.  

N. d. A.:
 Los números que aparecen así [junto a las viviendas] están sacados del Censo de Población de 1924 por mi vecina de La Caleyona, Rosa Mª Ibarlucea Sobrino, dedicada a los aspectos genealógicos del pueblo en un valioso estudio que  generosamente me aportó y que todos deseamos ver impreso pronto en un libro suyo.

Si estos datos tienen algún mérito, como me dijeron algunas personas, se debe a la ayuda de mi padre y mi madre nacidos respectivamente en 1919 y 1925 con lo que me aseguré una buena perspectiva del pasado siglo XX, tanto por lo que ellos conocieron como por lo que escucharon a mis abuelos nacidos a finales del siglo XIX, Santos González Cué y María Gutiérrez González, de La Casona como Marcos Noriega González y Araceli Sobrino Tamés, vecinos de Tamés, desde principios del XX. En cada revisión que hice fui añadiendo nuevos detalles y datos. Sé que hay edificaciones modernas de las que no doy detalle por carecer de datos fiables.

Fueron diversas las personas a las que consulté para sus datos familiares. Importantes colaboraciones fueron las de Angelines Noriega Quintana, Ana Luisa González Noriega y Ana Sordo Quintana en lo que respecta a los extensos datos familiares y de su barrio. Mis tíos Teresina Noriega Sobrino y Joaquín González Romano; mis vecinos Rosi Sobrino Arenas, Monchu Noriega Romano y Beli Romano Gutiérrez.
Otra colaboración que tuve, en lo relacionado a los apellidos perdidos y líneas familiares fue la de mi vecina Rosa María López Sobrino Arenas Ibarlucea, estudiosa infatigable en archivos y documentos, que me aportó los apuntes precisos del complejo árbol genealógico de mis apellidos González-Noriega; Gutiérrez-Sobrino, Cue, Tamés, los más repetidos en una maraña que se pierde por los inicios del siglo XVIII, nada más ni menos. Una cosa me quedó bien clara al hacer este trabajo: es comprensible que en los pueblos pequeños, en las aldeas, todos nos sintamos familia; no es exageración, es un hecho.

OFICIOS

1.-LECHEROS Y LECHERÍAS

Siendo el principal recurso de vida en los pueblos, la actividad ganadera y agrícola, es de esperar que los principales oficios atiendan esos medios de subsistencia.
En la Pereda donde vivía, Jesús González Mendoza, hermano de mi bisabuela Piedad, puso una desnatadora en la que los clientes que le llevaban la leche, debían esperar a que se desnatara, si querían regresar a casa con el suero sobrante, pues lo utilizaban en la alimentación de los cerdos.
En la calle El Llegar de Llanes, había otra desnatadora propiedad de Paco Saro, que tenía también su propia ganadería en La Carúa. También devolvía el suero a los clientes que lo querían aprovechar. Por aquel entonces, primer tercio del siglo XX, las empresas de recogida de la leche, la recogían en el pueblo a 15 céntimos el litro, como era el caso de una empresa de Santander, “Robles”, por lo que todo el mundo comenzó a bajarla a Llanes, pues en la desnatadora la pagaban casi el triple, 40 céntimos el litro, para ser más concretos.
Don Bernardino Noriega Tamés, hombre concienciado con esta situación en la que vivían sus convecinos, adquirió un carro y caballo que destinó a transportar la leche de todos, y pagaba el sueldo a Ramón Tamés Sotres, para que lo llevara mañana y tarde hasta Llanes. El punto de entrega de la leche se hacía bajo el corredor de la Casona que era de su propiedad. La leche que producía en su establo, la bajaba en bidones hasta la estación F. C. de Económicos, con destino a Oviedo. Tenía una gran producción lechera con las vacas que había importado de Holanda.
La Granja Poch, empresa lechera abierta por la familia catalana Poch en San Fernando de Henares de Madrid en 1916 se traslada a Torrelavega, centro geográfico de un entorno rico en la producción ganadera y envía su leche por tren para su venta en la capital de Madrid. Aproximadamente un lustro después, comenzó a pasteurizar su leche, innovación que supuso un avance en la conservación de un producto básico tan importante en la alimentación. En 1933 se constituyó como sociedad anónima con otra empresa de nombre “Nestlé”, en la que la familia Poch conservó el 51% , frente a Nestlé que tenía el 49%. Este acuerdo motivó un crecimiento muy grande llegando a mover 20.000 litros diarios antes de la guerra. Adicionalmente, el acuerdo supuso reducir el precio de recogida a los ganaderos ya que con la fusión, despareció la competencia entre las dos firmas: La Granja Poch se quedaría con las comarcas más occidentales, con lo que le permitió dar el salto a Asturias, en tanto que Nestlé conservaría las comarcas orientales. Además les permitió entrar en el floreciente negocio de los quesos. Así es como “La Granja Poch” recogía por los pueblos con un camión toda la leche que le entregaban; en Parres se le entregaba la leche debajo del corredor de la Casa del Curru, que entonces aún pertenecía como es sabido a D. Bernardino.

La central lechera “Sadi” tenía una fábrica de elaboración de quesos en el barrio San Antón de Llanes. En Porrúa, Parrres y Pancar, al menos, recogía la leche para la “Sadi”, Felipe Concha “el Coxu” de Porrúa. Tenía el punto de recogida en Parres en la tienda de Venancio Junco de La Concha. Se encargaba de recogerla de los clientes Joaquina Romano de La Caleyona. Años después lo recogió Lina Junco, hija de Venancio. A Felipe Concha le ayudaba Ramón Noriega Bustillo, hijo de Wences y Fina del Bar “El Rosal” que lo repartía por las casas a los habituales clientes. Aparcaba el carro a la entrada de Llanes, en El Cotiellu. Más tarde en ese barrio abrió Felipe un puesto de leche. Cuando Felipe Concha dejó el negocio de la leche, lo continuó recogiendo José Gutiérrez Noriega, “Taruguín” que también había trabajado con él cuando lo dejó Ramón.

Por aquel tiempo llegó Graciano Villar de la Pereda que fue haciendo clientes, con la novedad de que ordeñaba las vacas si era preciso. El puesto de recogida lo puso en la curva, confluencia de los barrios de La Casona, Brañes y La Concha, verdadero centro neurálgico del pueblo, frente a la cosa de Covadonga, donde se acababa de abrir la tienda y bar El Fresnu, propiedad de Otilia Haces y Nano Quintana. Con Graciano trabajaron varios ayudantes en la recogida de la leche y en el reparto por la villa entre los que hay que señalar a su segundo hijo, Raúl Villar, que lo modernizó con la adquisición de un moto carro y, años después con una furgoneta y posteriormente con un camión lo recogía Toño, “El Trisqui”, natural de Puertas de Vidiago, y de ascendencia familiar en Parres. También Raúl abrió una tienda de venta de leche en El Cotiellu que posteriormente trasladó a la Calle Mayor. Junto con la leche comercializó la paja y la alfalfa traída de los campos de Castilla y León, que conserva aún en una factoría y almacén en la Pereda donde da trabajo a varios empleados y los dos hijos.
Otras empresas lecheras como Nestlé, Moráis, Clesa, Pas, Sam, Central Lechera Asturiana venían recogiéndola por los pueblos en bidones o en cisternas isotérmicas ya a partir de la década de los sesenta.

2.-PANADERÍAS

La panadería de “Noceda” tenía el obrador en la Plaza San Roque. Años después cambió de propiedad y pasó a ser Panadería Vega que llevó el obrador al barrio el Cotiellu.

La panadería de “Muñiz” estaba instalada frente a la plaza de la Iglesia Basílica. También comercializaban refrescos y ataúdes.

La panadería “Fonseca” abastecía a los pueblos por medio de repartidores. En Parres tenían ese cometido Treni Mendoza que lo iba a buscar a Llanes con el carro y caballo, perteneciente a la panadería. Su hermana Melia Mendoza, casada con Manuel Fernández y padres de Camilo, Felipe, Mon y Nano, lo expendía en una tienda abierta en el barrio de Coxiguero, en la casa que pertenece actualmente a Nani y que entonces era propiedad de los dueños de El Palaciu.

La panadería “Matías”, estaba en la Avenida de la Paz, atendida por José Matías. Tras fallecer fue continuada por su viuda, Doña María. La hija del matrimonio se casó con un oficial de panadería venido de Zamora a trabajar como empleado de la empresa. Desde entonces se conoció como panadería “Sousa” y en ella trabajaban todos los hijos. Lolo Sousa lo llevaba a los pueblos cada dos días en una furgoneta. Clemente Sobrino Sánchez, vecino de la Caleyona era uno de los repartidores que lo llevaba en una plataforma tirada por un caballo hasta Rales, Niembru, Barru, Celorio, etc.

Venancio Junco tenía un bar y tienda bajo su casa en el Barrio de la Concha. Su hijo Manuel “Junco” bajaba todos los días a buscar el pan para sus clientes a la panadería “Matías”. Sus hermanas Fina y Lina se encargaban de venderlo en la tienda junto con otros comestibles y bebidas.

3.-TIENDAS, BARES Y ESTANCOS


EL BAR DE CALVU

Mi bisabuelo paterno Félix Gutiérrez de la Vega, persona polifacética, pues era contratista de obra, de madera y carpintero, junto a su vivienda, en el barrio de Calvu, puso un bar que atendía su segunda mujer, Josefa González Cue, “Pepa”, hermana de mi abuelo Santos. Servía comidas a los obreros y a quienes quisieran comer. Despachaba aceite, alimentos y bebida. En él vendían, aparte del vino, la sidra que él mismo elaboraba. Por las fiestas del pueblo, especialmente para la fiesta de Santa Marina, instalaba el puesto de sidra y una bolera, juego muy arraigado entonces.

      LA TIENDA DE VENANCIO

En el bajo de la casona, vivienda de la familia Junco, tenía Venancio una tienda, en lo que más tarde se conocería como la casa de Varista. Después, al partir herencia los hermanos, la casa completa quedó para las dos hermanas de Venancio, las mellizas, Carmen y Pepa, “Las Mochuelas”. Este local, tiempo después que quedó libre, fue escuela de niñas cuando se reformaba y agrandó la primitiva escuela con dos aulas para niños y niñas, en el barrio de Brañes, por el año 1924, tal como son ahora.
Venancio llevó la tienda a los bajos de otra casa que compró en el mismo barrio, en la que en ese momento vivían Perico Quintana y Consuelo antes de habitar la casa de Pinaza en el barrio de Tresierra.

EL ESTANCU

En otro de los bajos de la misma casa que la tienda anterior, las dos hermanas mellizas, “Las Estanqueras” tenían la matrícula para la venta de tabacos además de chigre y tienda.
Cuando dejaron de atenderlo las hermanas les  compraron el traspaso Serafina Bustillo Varela y Wences Noriega González, hermano de mi abuelo materno Marcos.

      EL CHISPÚN

Fue abierto por Isabel Cabrera Mendoza, “La Chispunera”, en el barrio de Brañes. Primeramente tenía un puesto de libretas, lápices y otros pocos materiales de los que entonces se usaban en la escuela y caramelos, en el barrio de Coxiguero en la casa que fue de doña Paca, la hermana de doña Lola. Más tarde esta casa pasó a propiedad de Manuel González Berbes, “Carriles” y Fernanda Romano Mendoza.
Lo inauguró Isabel, casada con José González Romano, “El Chispuneru” y junto con sus hijos, Paco, Lelé y Sefu atendieron el bar y la tienda hasta su jubilación. Su hija Lelé González Cabrera, casada con Atanasio González Romano, lo trasladó al barrio de La Pimiella, con el nombre de “Chispún II”. En esta nueva etapa del Chispún, lo mismo que en el primitivo establecimiento, se daban comidas a los obreros de la construcción, de la madera y de la cantera que llegaban al pueblo.

EL ROSAL

Era la casa de Ramón Bustillo. Cuando su hija Serafina Bustillo Varela se casó con Wences Noriega González y abrieron el bar con la matrícula del Estancu de la Concha. Mi padre, cuenta que de crío veía dentro del local, colgadas de las vigas, unas anillas para hacer gimnasia que se conservaron un tiempo aún siendo bar. Tras la muerte de sus padres, lo regentó su hijo Diego Noriega Bustillo; también fue alquilado por Pedro González Sobrino, un tiempo hasta el fallecimiento de su dueño y cerró sus puertas al público.

        LA ROXA

Jacinta Gutiérrez, “La Roxa” era hermana del tío Antón Gutiérrez, el molinero de Corisco y del tío Tomás Gutiérrez de la Pereda. Este bar está en este pueblo, pero en la ribera izquierda del río Xixón, que se considera frontera entre Parres y La Pereda, tenía este bar su bolera. Vivía con otra hermana, María Gutiérrez que era la que se encargaba de atender el ganado. Xacinta comerciaba con quesos que adquiría de los pastores del monte que se los llevaban para revenderlos o ponerlos en la mesa de los abundantes clientes que allí llegaban desde Llanes a merendar y escanciar sidra.

EL RECUESTU

Gloria y Mercedes Haces, eran dos hermanas que vendían, principalmente el pan que les subía el panadero, aceite y otros alimentos de la huerta y el campo.

El RESBALÓN

Ramón Gutiérrez Díaz y Regina Quintana Haces tuvieron abierto un bar en su casa del Campu'l Roble que no tuvo éxito alguno y, posteriormente, un puesto de venta de pan que atendía Regina.

LA GUAIRA

Fue una tienda abierta por Guillermo Fernández y Lola Fernández Gutiérrez en los bajos de la casa sita entre los barrios de La Concha y Calvu donde “Memo” tenía el taller de madreñas.

      EL FRESNU

Lo abrieron Fernando Quintaba Sotres y Otilia Haces Fernández en la casa de Covadonga, madre de Otilia. Pusieron a la venta comestibles. Como Nano trabajaba en el Ferrocarril Económicos, la tienda era atendida por Otilia, ayudada por Pepe Villanueva Quintana.“Caleyinos”, sobrino de Nano,  Como la clientela estaba repartida por la tienda de Venancio, El Rosal y El Chispún, quedó unicamente como bar y en ese género fue ganando adeptos, principalmente por la ubicación, en la confluencia de tres barrios, La Concha, La Casona y Brañes, junto a la carretera. Con la jubilación de los padres, el establecimiento fue regentado por Panchito, Moisés, Nanín y Elenita en periodos de tiempo que desconozco. Actualmente lo lleva el primero de todos venido de Venezuela a donde había emigrado de joven, Juan Roberto, ayudado por su hijo y hermana Elenita. Es el único bar que perduró en el tiempo desde su inauguración.

      LA PEÑA
Este bar, ubicado entre el Colláu y la Bolera, se abre junto con una bolera, lo que hace pensar en que el nombre haga referencia al nombre que en el lenguaje bolístico reciben los equipos participantes en la liga de competiciones. La bolera está construida sobre una peña desde la que se tiene vista a todo el entorno.
Fue abierto por Fernando González Romano, “Nando el de la Peña”, madreñero, maderista, tornero de bolos y bolas y, además, gran jugador del bolo palma. Después de muchos años en los que el juego de bolos había decaído en el pueblo, a pesar de tener varias boleras y gran tradición bolística de grandes jugadores, la apertura de la bolera “La Peña” fue una ocasión de entusiasmo para los jugadores veteranos y para la nueva cantera que se adiestraron en esta nueva bolera.
El bar fue atendido por Fifi Fernández Gutiérrez con la ayuda también de sus hijos, Mari Sol y Luis Fernando González Fernández mientras estuvieron  en casa. El  bar se cerró junto con la bolera y “Nando el de la Peña” se dedicó a su oficio preferido de tornero y madreñero.

        EL RANCHITO
Fue abierto por Félix Quintana Díaz y su esposa Encarnita, como ya se citó al hablar de los barrios.

4.- MÉDICOS

Ramón Sobrino de la Vega,  hijo de Ramón Sobrino Arenas y Benigna de la Vega, nacido en el barrio de La Casona como sus hermanos Dolores y Joaquín. Fallecido Quinín de muy niño y Loli en el bombardeo de los nacionales en la toma del pueblo. Fallecido su padre, Monchu se quedó al lado de su madre y cuando marchó a estudiar Medicina a la Facultad de la Universidad de Valladolid, se fueron juntos. Acabada la carrera de medicina en la especialidad de Cardiología y Pulmón, regresó a Llanes para instalar su primera consulta de la calle El Llegar, en la que instaló una cabina de Rayos X.
Ana Sobrino González, nacida en el barrio de Pedrujerrín, hija de Antonio Sobrino Noriega, “Plus” y Felisa González González. estudió en la escuela de Parres y en el Instituto de Llanes logrando un alto expediente académico que le dio acceso a la Facultad de Medicina de la Universidad de Oviedo, recientemente abierta por aquellos años.

5.- COMADRONAS Y PRACTICANTES DE MEDICINA

MaríaJunco, la del Curru, de Pedrujerrín, la tía Segunda Haces Vega, de Sabugosa, Varista Gutiérrez, de La Concha, que pañó a mi hermano Santiaguín y Gaudiosa Nieda García, de Camalexu en La Campa ejercieron con acierto y sapiencia natural esta noble ayuda cuando todo el mundo venía al mundo en su propia casa ya que los hospitales o estaban lejos o eran poco asequibles.
Llamo Practicantes de medicina, nombre con que se denomina popularmente a los Auxiliares de Enfermería y se dedicaban a poner las inyecciones recetadas por los médicos. En primer lugar cito a Dª Concha del Valle los Romeros en el barrio La Casona, a la que se le suponen estudios, pues era una persona culta, además de altruista.

Había otros vecinos hábiles en esta misión, entre ellos, Gregorio García Fresno “del Palacio” y Logia Díaz su esposa. Atendían de igual forma en poner inyecciones a las personas como en los partos y enfermedades de los animales. Ricardín Gómez Gutiérrez y especialmente su tía Araceli Gutiérrez, hija del tío Gaspar y de la tía Fulgencia, de Pedrujerrín, que aparte de hacer el cobro de las igualas médicas para el Dr. D. Antonio Celorio, iba por las casas a poner inyecciones. Ninguno de ellos cobraban dinero, lo que no quita que los favorecidos por sus atenciones les agradecieran su ayuda con algún tipo de servicio agrícola o con productos de la cosecha.

6.-MAESTROS

Juan González González,  uno de mis tatarabuelos, nacido en 1837 fue también Maestro en Parres. Se casó en segundas nupcias con Felisa Mendoza González, hermana de su primera mujer, con la que había tenido a su primogénito, Eduardo González Mendoza, cura de Camplengo. Los hijos habidos con Felisa fueron: Isidora González Mendoza, casada con el tiu Bartolo Gutiérrez, eran los abuelos de Ricardín, y de Hortensia la de Bolao; Anita Gonzalez Mendoza, “Anita la del Maestru” que se casó con José González Cué, hermano de mi abuelo Santos; Jesús González Mendoza casado en la Pereda con Bondanza de la Fuente y fueron los padre de Santiago el abogado; Gloria y mi bisabuela Piedad González Mendoza, casada con Félix Fernando Gutiérrez de la Vega, “El Grillu”, padres de mi abuela María.
No tengo otros datos. Recuerdo que cuando comencé los estudios de Magisterio, mi abuela María se alegró, porque había elegido la profesión de su abuelo Juan González González.
Manuel Alonso, estuvo de maestro en Parres y se casó con Vicentina Gómez Sobrino. Vivieron en su casa del barrio de Brañes. Del matrimonio nacieron en este orden, Manolín Alonso Gómez, al que siempre agradeceré los primeros conocimientos aritméticos que me enseñó, antes de mi comienzo con siete años en la escuela pública de Parres, Jesús, Chenti, Elenita, Marigén y Mina. Emigró toda la familia a Venezuela a finales de la década de los '50.
Maruja Romano Fernández, del barrio de la Bolera, hija de Benito y Teresa, hizo la carrera de Magisterio y ejerció su docencia en distintas escuelas, de las que no llevo noticia.
Sin que nadie lo tome como inmodestia, por ser el autor de estos escritos, me incluyo en esta lista de maestros como Ramón González Noriega, nacido en el barrio de La Caleyona, a cuyo estudio y dedicación en las aulas dediqué cuatro décadas del conjunto de mi historial laboral.
Tras los ocho años de Primaria en la Escuela de Parres, de 1954 a 1962, me matriculé en el Colegio de La Arquera para el curso 62/63, desde el que pasé al recién estrenado Instituto de Enseñanza Secundaria en Llanes, 63/69, en el que me titulé como Bachiller Elemental y Superior. En septiembre de 1969 comencé estudios en Escuela Normal de Magisterio en Oviedo, con el llamado “Plan de 1967”. Me gradué en Magisterio con acceso directo a la enseñanza en junio de 1972. Ocupé una plaza provisional en la Escuela Graduada de Llanes durante el curso 1972/73. En septiembre de 1973 accedí como Profesor de E.G.B. propietario definitivo a la Escuela Graduada de Panes, al año siguiente convertida en Colegio Público “Jovellanos”, en el que ejercí once cursos. En el curso 1984/85 obtuve por concurso de traslados, la plaza de Maestro en la Escuela Unitaria de Pendueles. Durante tres cursos, de los quince que permanecí como propietario de dicha plaza docente, ejercí el cargo de Director en el Colegio Rural Agrupado, II de Llanes con sede en las Escuelas de Vidiago en Riegu, (CRA II Llanes). Desde el curso 2000/2001, me trasladé por permuta de claustro a ocupar la plaza vacante en la Escuela Rural de Vidiago, en Riegu, y pasamos a vivir a una casa que rehabilité yo mismo en el vecino pueblo de Puertas. Pasados diez cursos en este mi último destino me acogí a la prejubilación, cumplidos los sesenta y uno con treinta y ocho años de profesión.
Camilo Sobrino Romano, vecino del barrio de Calvu, hijo de Fernando Sobrino Guitérrez y Ñeñe Romano Fernández, después de los estudios de Primaria en la Escuela de Parres y posteriores Bachilleratos y COU en el Insitituo de Llanes, hizo estudios de Ciencias Exactas, especialidad de Matemáticas, encontrándose en la actualidad como profesor de Instituto en la Comunidad Canaria.
Mª José Fernández Junco, hija de Camilo y de Elisa, estudió y se licenció en la Facultad de Química de la Universidad de Santiago. Ejerció en varios institutos como profesora antes de entrar a formar parte del claustro de profesores del I.E.S. de Llanes, donde ejerció la docencia, así como la secretaría y la dirección del mismo en distintas etapas, hasta que se jubiló. Sé que hay muchos más profesionales de la enseñanza en Parres, pero que por desconocimiento no puedo seguir sin dejar a alguien inconscientemente de lado.

7.-CARPINTEROS Y MADREÑEROS

Félix Fernando Gutiérrez de la Vega, Manuel el del Curru, tío José y tío Juaco González Cue fueron carpineros y el hijo de éste último, Fernando González Romano, “Nando el de la Peña” fue tornero y madreñero. Guillermo Fernández, “Memo” tuvo su taller en los bajos de su casa del lugar conocido como La Guaira, entre los barrios de La Concha y Calvu.

8.-MOLINEROS

En el Molín de Corisco, el matrimonio José Gutiérrez Pérez y Leonor Martínez Pérez molían el maíz en el molino de una rueda, bajo el Covarón. El tío Antón Gutiérrez, padre de José, lo había montado allí con los elementos que había traído de otro molino que tenían primeramente en La Covarada, al otro lado del cuetu Las Cerezales por el que se esconde y aparece el río Melendro.

En el molino de las Mestas, trabajó primeramente en él Luis, “Luisón” Santoveña, padre de Manuel, “Manuelón”, vecino de la Pereda, Felipe, “Felipón” y Gabino Santoveña, vecinos de La Galguera. Había venido a Parres de molinero con Rosario Noriega en el molino que había en La Arenal, donde aún quedan restos de su ubicación. Después trabajó en él José Blanco, “José el Molineru”, hermano del tíu Gapito de La Pereda y su mujer María, natural de Cabrales. Tenía una bolera donde atendía a la clientela que se acercaba a merendar. Recogía el maíz por los pueblos de la zona y entregaba las moliendas a domicilio con un carro y caballo. En una de esas salidas, al regresar por la noche, cayó con el carro cerca del puente sobre el río Purón. Continuó en el molino María unos años más hasta que José Junco, “Pepe el Curru”, indiano de Parres, compró toda la hacienda incluido el molino y continuó con las labores, su cuñado, Camilo Fernández Mendoza casado con Elisa Junco. Después fue atendido un tiempo más por el primero de sus hijos, Pedro Fernández Junco, hasta que cerró sus puertas. Hoy se encuentra restaurado el edificio, pero si ser utilizado para lo que fue construido. Sin embargo, las cosas hay que decirlas como son y es que, aunque siempre fue considerado de Parres, al estar ubicado en territorio de Bolao, pertenece por ello al pueblo de La Galguera.

El molino de La Vega, a continuación del anterior, de cuya agua se abastece por un calce que la lleva hasta el edificio hoy totalmente en ruinas. Vivieron en él la familia compuesta por María, natural de Porrúa, hermana de “El Cosmeletu” y José, hijo de la tía Marica “La Torrina”, vecina del barrio Don Diego en Parres. Tuvieron cuatro hijos: María, José Ramón, “El Molineru”, que tuvo un taller de bicicletas en la calle de entrada a Llanes por El Cotiellu, y el último de los hermanos, Benigno “El Relojeru” que tenía el taller en el edificio que había sido Colegio de Las Mantillas, en la plaza Parres Sobrino.

9.-COSTURERAS y SASTRES

Fueron muchas las mujeres dedicadas a este oficio,  entre las que recuerdo especialmente a Mª Teresa Sánchez de la Vega, en el barrio de Tamés, donde acudían otras más, bien sea en su ayuda como para el aprendizaje y práctica del oficio. Mi vecina Rosi Sobrino Arenas del Barrio de La Caleyona que se dedicó a ese oficio muchos años y de cuyo sonido de la máquina me recuerdo aún desde mi más temprana edad y Mª Josefa Penanes Galguera. Quina y Lía de La Vega, en la casona de La Piniella, a donde acudía con mi madre para que me hicieran los primeros pantalones que recuerdo. En Pedrujerrín, Samuel Rodríguez, “El Sastre” casado con Toni Gutiérrez, ambos atendían la clientela y cosían para los encargos que les hacían en los Almacenes “La India” de Llanes. En el taller de Samuel comenzó como aprendiz y aprendió el oficio José Manuel Junco Junco.

10.-SEGADORES Y ROZADORES

Muy afamados para la siega de la hierba fueron los hermanos Agustín y Arturo Gutiérrez, oriundos de Cabrales, pero asentados en el pueblo de Parres. Santos Quintana, José González Romano, “El Chispuneru”, Lorenzo Junco, “el Mineru”, Paco González Romano y muchos más, cuya lista sería interminable, porque en la tarea del campo la siega es una labor imprescindible.
Cuando me dediqué con mi padre Santiago González Gutiérrez a la siega a jornal en dos temporadas estivales, al ajustar el tiempo que pudiera llevarnos una finca determinada, contábamos con la referencia del que habían empleado en su tiempo Agustín y Arturo.  También las mujeres segaban. Por recordar alguna de ellas, Modesta Junco González, hija del tío Pepe “Macetes”, vecina de la casería de Santa Marina, fue una buena segadora y usaba para el transporte la pareja de vacas con el carro.

11.-TEJEROS

Los que mi padre me puede recordar son su tío Santiago González Cue, “Tiago el Sordu”, hijo de Pedro y Segunda de Calvu, marchó hasta Castilla para trabajar como tejero.
Uno de sus primos, hijo de Lola y Damián del barrio de Tresiera, Gregorio Cerezo González, “El Tejero”, también marchó a Castilla lo mismo que José Villaverde, “Caleyos” y Juan Quintana, hijo del tío Roque y de la tía Segunda. Cuando regresó a casa después de la larga temporada en la tejera, fue al encuentro de su padre en el bar donde solía echar habitualmente la partida los domingos. Cuando le preguntaron los vecinos qué tal le había ido, les contestó con orgullo les mostró las botas que había comprado con la soldada recibida. A lo cual, uno de los de la mesa, que usaba de buena guasa, le apostilló si eran “botes” o latas. Con este comentario se puede adivinar la miserable paga recibida por los guajes de la tejera que marchaban por Santu Medé y regresaban para San Miguel.
Otros más que se fueron de tamargos fueron Pandón y Felipe Fernández Mendoza, del barrio de Tresierrra, con la intención de comprar una lloquerada para la pareja de vacas del padre, Manuel el de Melia, que era carretero.

12.- CONSTRUCTORES, CANTEROS Y ALBAÑILES

Félix Fernando Gutiérrez de la Vega, “El Grillu”, como ya se expresó con anterioridad hacía contrata de construcción en las que intervenía además como carpintero ebanista en ventanas, puertas, corredores y galerías, mesas, camas, escaleras, etc y maderero para la provisión de las columnas, vigas y pontones de las techumbres.
Fernando Fernández Gutiérrez, del Colláu fue un buen cantero. Hubo muchos albañiles con la expansión del sector de la construcción como José Tudela Morodo, natural de Cué, pero vecino de La Veguca y Tomé Gutiérrez García del barrio del Cuetu y su hermano Ramón Gutiérrez García, “Tolino”, Francisco Sobrino Díaz, “Pancho el de Ignacio”, entre los más destacados y una lista considerable de hijos o aprendices que les siguieron que sería difícil enumerar sin dejar alguno fuera de ella.

13.-CARPINTEROS Y MADERISTAS

Mi bisabuelo Félix Fernando Gutiérrez de la Vega, “El Grillu”, aparte de carpintero y constructor, se dedicaba a la compra, tala y venta de madera que llevaba desde el bosque a los aserraderos o a la estación con sus carreteros.
Marcos Noriega González, mi abuelo materno, también se dedicó a la tala de bosques, con cuya madera suministraba a la serrería de Pancar o entregaba al embarque en el andén de la Estación, con su pareja de tiro.
José González Cue, era también carpintero como su padre y hermano. Su hijo Eduardo González González, “Pachu”, aparte de famoso campeón de bolos, trabajó de maderista hasta el accidente de camión que le dejó para el resto de su vida en silla de ruedas, lo que no le impidió realizar tareas de carpintería con las limitaciones propias de su estado físico.
Juaco González Cue, de Vallanu, tío de mi padre, aparte de trabajar la carpintería, se dedicó a la madera ayudado por sus hijos Marcelino y Manuel González Romano. Manuel fue el primer encargado de la Serrería de San José de Fernando Perela en Llanes. Después se trasladó a Arenas de Cabrales donde fue propietario de una serrería al lado del río Cares. Les siguieron en el oficio sus hermanos Pedro, “El de Vallanu” y Fernando, “Nando el de la Peña”, quien cerró la lista de maderistas junto con su compañero Fernando Sobrino Gutiérrez, “Pana”. del barrio de Calvu.
Los primeros maderistas usaban únicamente el tronzador y el hacha tradicionales.
Quizás los dos últimos tuvieron la oportunidad e conocer la moto sierra que les facilitó mucho el trabajo, así como las Carrocetas y “Uros” que sustituyeron a los carreteros y facilitaron con el uso de plumas y poleas la carga y descarga de la madera y la entrada en bosques que anteriormente no daban fácil acceso al carro de los bueyes. Muchos más vecinos se dedicaron eventualmente a este oficio, cuya lista sería bastante grande entre serrones y carreteros.

14.-FERROVIARIOS

En Llanes confluían los trenes pertenecientes a dos compañías distintas, “FF. Cantábricos” de Santander y “FF. Económicos” de Oviedo, nombres con que se conocían por aquel tiempo a las dos provincias limítrofes. Santos González Cue, mi abuelo paterno, conocido popularmente como “Santos de la Puerta”, trabajó con la empresa “Cantábricos” de Santander como revisor del paso por la puerta que dejaba acceso del público al andén. Los hermanos Santiago y Ramón Sánchez de la Vega  del barrio de Tamés, fueron maquinista de la empresa “Económicos” de Oviedo. Aurelio Junco Vega de Calvu y Jesús Gutiérrez, “Lirio”, de Las Mimosas, en la Pereda eran cargadores de carbón y encendedores de las máquinas de vapor en la Estación de Llanes. Santos Junco, “El Chaparru”, del barrio del Colláu, hermano de Juanito, hijo de la tía Dominica era guardagujas y trabajaba con la máquina de maniobras para formar las unidades que dejaba dispuestas para salir. Juan Bustillo, natural de La Pereda y casado con Isa González Romano, de Vallanu, trabajaba de Factor en la oficina de la Estación. Antonio Miguel Dosal, “El Peináu”, de Llanes, casado con Mª Luisa  Amieva Sánchez del barrio de Brañes, también fue factor. Cardí Gómez Fernández, hijo de Ricardín e Isaura Fernández, “Visu”, del barrio de Pedrujerrín, después de su formación en el Colegio de la Arquera, entró a trabajar en las oficinas llegando a ejercer como Jefe de Estación hasta su jubilación.

15.-MONDOGUERAS Y MATARIFES

María la del Curru, La tía Segunda, Lola de la tía Fausta eran además buenas cocineras y se encargaban como ésta última de preparar la comida en las bodas de mis tíos Jesús y Felicia, Piadosa y Pepe Luis, mis padres Taro y Finu y mi tíos Eduardo y Loles. María Gutiérrez González, mi abuela, María Sánchez Sotres, “María la del Vivo”, Gaudiosa Nieda García de Camalexu en la Campa lo mismo que las anteriores gozaban de sobrada fama de buenas cocineras y mondongueras.
Los matadores eran las personas claves, ya que sin ellos no daba comienzo el matacío. El éxito de un buen San Martín dependía de esos dos profesionales, del arte que tuvieran, de la destreza en descuartizar las carnes aprovechando bien la materia y llevado a cabo con la mayor pulcritud que se pudiera con los medios tan artesanales de que disponían.
Llegada la hora, los dueños ya tenían preparada una tarima y un buen montón de helechos secos para magostar la piel con el fin de depilarla por completo. También tenían previsto abundante agua en bañeras, cubos y bidones, cuando aún no existía la traída de agua por cañería de suministro. Se iba al río para lavar las tripas para embutir los chorizos.
El tío Juaco González Cué y con posteridad su hijo Joaquín González Romano, “Quini el de Vallanu” fueron de los mejores. También se dedicaron al oficio Marquinos Sánchez Noriega, de La Concha, Agustín Gutiérrez de D. Diego y Manuel López Ibarlucea, natural de Poo de Cabrales, casado con Rosi Sobrino Arenas del barrio la Caleyona.

16.-CARRETEROS Y ARADORES

Era común tener un carro con vacas que aún siendo para leche, domaban al yugo para tirar de él y hacer el transporte de verde, hierba o leña para la casa. Se puede citar como carreteros específicamente a los que se dedicaron al transporte por su cuenta y por cuenta ajena. Entre los primeros, fueron Manuel Fernández, “Manuel el de Melia”, hijo de la tía Marina, “La Jornera” que se dedicaba a carretar hierba, rozu, madera, piedra de las canteras y araba los campos a jornal siempre.
Fernando Fernández Gutiérrez, “Venas”, del Colláu, era carretero especialmente y araba los campos, aunque también se dedicaba a la cantería en la construcción de cuadras, cabañas y casas. Junto con Ricardo el de Tomás de la Pereda ajustaron para Manuel Amieva, “El Vivo” carretar la piedra desde las canteras hasta el punto de restauración a duro el porte de un metro cúbico desde las canteras de la Concha Jaces y el Carril ,en el tramo de Llanes a Santa Marina. Desde este punto al Alto la Tornería se usaría la piedra de Santa Marina, Cuetu Mazacarabia, pero lo tenían ajustado otros carreteros de Ribadedeva.
Mi padre, Santiago González Gutiérrez, “Taro”, trabajó como carretero varios años con su tío, a la vez que primo, Fernando Gutiérrez González, con el que acarreaba también el primero de sus hijos “Bolio”, Teodoro Gutiérrez Rodríguez, emigrado de joven a México.
Santos Junco Noriega, de Tamés también araba y usaba la pareja de vacas para transportar la hierba y el abono a jornal.

17.-RELIGIOSOS

Eduardo González Mendoza, el “Cura de Camplengu”, era hijo de Juan, El Maestru, que al quedar viudo, volvió a casarse hermana de su primera mujer, Felisa, con la que tuvo el resto de hiijos: Piedad, mi bisabuela, Anita, Jesús el de la Pereda y Ángel. Estuvo de párroco en la capilla del Cementerio de Camplengu, donde había una casa para el cura y otra para el enterrador, a ambos lados de la entrada principal. También fue confesor de la Marquesa de Argüelles de la casa la Concepción de Llanes.
Manuel Junco Vega, “el cura de Calvu”,  hijo del tío Segundo, hermano de José Rin y Generosa. Fueron varios hermanos: María y Carolina, solteras, atendieron la casa paterna a las que ayudó económicamente D.Manuel; José que se casó con Justa Romano y vivieron en el barrio de Coxiguero antes de marcharse a la casería La Cueva, en las Bajuras de Pimiango; Ramón, casado en Pancar con Clara Galán; Francisco, “Quico”, casado en San Roque; Aurelio que se casó con Carmina, hermana de D. José, el cura de Porrúa; Enrique, que se casó con Laureana Sobrino y Constante, el último de los hermanos. D. Manuel y sus dos hermanas, en distintos períodos de tiempo, criaron a algunos de sus sobrinos mientras eran niños. Los primeros de ellos fueron Luis y Carolina, hijos de su hermano José y Justa; después fue el turno para Tonín hijo de Constante al que D. Manuel educó en un Colegio de Madrid; Lauri, hija de Enrique y Laureana, por el fallecimiento de la madre en el parto y que siempre quedó en la casa con sus tíos atendiéndolos en su vejez. Tanto María como Carolina y D. Manuel ayudaban con generosidad a los vecinos que lo necesitaban. También vivieron en la casa con Carolina y María otras niñas a las que cuidaron con todo esmero.


LA MEMORIA HISTÓRICA

FUSILADOS,  MUERTOS EN EL FRENTE  Y DESAPARECIDOS
Especial lugar reservo en la memoria del pueblo a todos los que padecieron la guerra, ya sean de un bando o de otro, que al fin todos la perdieron y nadie la ganó. En el pueblo de Parres, mi padre contabilizó un mínimo de veintidós vecinos, aunque cabe la posibilidad de que falte alguno por detallar ya que el exilio obligado que algunos padecieron también es consecuencia de la misma. Al fin y al cabo algunos acabaron sus vidas lejos de la tierra que les vio nacer sin poder volver a visitar a sus seres queridos.
        1.- En Parres

TRESIERRA
De la casa Pinaza:
Ramón  Quintana  Mier:
Hijo de Perico Quintana y Consuelo Mier.
Murió en el frente, recién estallada la guerra, en las filas de La República.
De la casa Tía Lola:
Santos  Cerezo  González,  hijo de Damián Cerezo y Dolores González Cué. Muerto en El Escamplero, según se dijo, aunque pudo haber sido en cualesquier de los demás frentes de Oviedo: La Trecha, Monte los Pinos, Picu El Arca, Aguilero, La Tenderian Baja, Las Secadas, El Naranco, El Cristo o San Esteban de las Cruces.

LA VEGUCA
Martín  Fernández  Arenas, hijo del tío Máximo y de Marina. Fue fusilado en la Cárcel El Coto de Gijón.

LA CALEYONA
Juan  Penanes  Galguera, muerto en el frente, con La República, de la quinta del 39.
Ángel  Sobrino, hermano de Clemente, oficial Teniente de la Legión. Murió en el frente con el Batallón “El Coritu”, comandado por Manuel Noriega Sánchez, en el puerto de El Pontón.

VEGA LOS ROMEROS
Lorenzo  Gómez, casado con Modesta, tío de Ricardín, murió por La República en el frente de Asturias. Se había  alistado voluntariamente en el momento de producirse el alzamiento. Su hijo, tercero  de los once que tuvo el matrimonio,
Fernando  Gómez, murió como su padre en las filas de La República.

CALVU
Juan  Gutiérrez  González, hijo de Félix Gutiérrez de la Vega y de Pepa Gutiérrez Cue, muerto en el frente de Bilbao, julio del 37, en las filas de La República.

LA COVAYA
Antonio Sobrino Gutiérrez,  hijo de Antonio Sobrino Arenas y de Isaura Gutiérrez. Fue alistado por sus padres en una bandera de Falange y murió al poco tiempo de marcharse al frente.

SABUGOSA
Pepín  Sobrino  Mier,  hijo de Manuel de Andrés y de Esperanza, muerto en el frente de Asturias, al comienzo de la guerra, en las filas de la República.
Ricardo  Sánchez  Arenas, hijo de Pedro, “Chopa”…..

VALLANU
Ramón  González  Romano, hijo de Joaquín González Cue y Francisca Romano Junco.

EL COLLAU
Ricardo , “Rico”,  vivía con su tía Máxima “La Choga” y era hermano del Pastorín, Ángeles, Francisca, que murió electrocutada en el Cuetu las Cerezales,  y otros más hermanos. Rico se había ido voluntario al frente con La República donde murió.

EL COTAXU
Mariano  Romano  Rozada , hijo del tío Benito y de la tía Salud y casado en la Pereda, con Pilar la de Críspulo, eran padres de seis hijos. Se fue voluntario con el ejército de la República, así como sus hermanos Benito Romano Rozada, y Ramón Romano Rozada. Murieron  los tres  hermanos en el frente de Asturias.
Rogelio  Fernández  González,  hijo de Manuel Fernández y Aurora González Berbes, muerto al cruzar un río en el Frente de Teruel.

DON DIEGO
Manuel  Vidal  Sotres, hijo de Estanislada Sotres González, “Tanis”, hermano de Angelita, Lola y Ángel. Murió con La República.
Juan  Ruisánchez, hijo de Ursino y Pepa, se fue al frente con La República. Se supuso que murió en el frente, pero a sus padres nadie se lo comunicó.
El Vizcaín, casado con Covadonga, “Dongona”, padres de Vicente, estaban de caseros en Rumoru. Murió en el frente con La República.
Juan  Luis  González  González,  murió en la batalla del Ebro con el ejército Nacional. Su hermano Francisco  González  González ,  había sido movilizado por La República, pero fue preso en Deusto y posteriormente alistado para el frente por los Nacionales. Cuando murió su hermano, le dieron permiso para estar en el funeral y ser consuelo de sus padres. De regresó al frente una bomba lo mató.

     2.- En la Pereda

LA VEGA SAN ROQUE
Ángel  Mijares,  hijo de Fernando y Rosa, de la quinta del 35, se fue voluntario con La República y fue muerto en El Pontón con el Batallón “El Coritu”.

EL PRADÓN
Santiago  Junco Hano, fallecido en el frente de Cataluña el treinta y uno de julio de 1938 y
Francisco  Manuel  Junco  Hano, muerto en Santander por herida recibida en el frente, el día seis de agosto de 1938, hijos de Andrés Junco Pérez y Dolores Hano Hano, “Lola”.

EL OLLERU
Manuel  el de Críspulo. Lo vieron por última vez llevando un pico en un Batallón de Trabajadores Y no se supo más de él.

CUETU  LA  CRUZ
Tomás,  hijo de Lobeto muerto en el frente.

CORISCO
Francisco  Blanco de la Vega, Pancho, hijo de Pedro y de Eugenia. Su madre siempre esperaba su regreso y dejaba la puerta sin llave para que pudiese entrar en casa.

LA VEGA QUINTANA
Manolo  Santoveña  Romano, de la Quinta del 39, hijo de Manuel y Águeda. Murió en el frente de Reinosa, con la República.

RIEGA LA ESPINA
Manuel , “El Coruñín”, sirvió en las milicias obligatorias del ejército nacional, una vez terminada la guerra. Los soldados protestaron por la mala comida que les daban. El suboficial pidió que saliera alguien encabezando aquella demanda, pero nadie se atrevió a dar la cara. Le señaló a él y a otros siete más que fueron fusilados como ejemplo y escarmiento para el resto del Batallón.