AL LECTOR:

Narraciones de hechos y acontecimientos recordados por el autor; otras recogidas de la tradición oral y escrita.

domingo, 25 de octubre de 2015

RUTA DE LOS MOLINOS DEL RÍO MELENDRO

 Primer tramo
               Es frecuente ver en la villa grupos de personas que quieren conocer el callejero y las casas más nobles y señoriales o aquellas donde algún suceso reciente, como el rodaje de una película, se dio. Escuchan con atención, estoicamente, las explicaciones que dan los guías turísticos mientras tratan de ver en las edificaciones los restos de esa nobleza que con orgullo se les muestra, como si les interesase saber de sus nobles y regios moradores. Y no está nada mal este paseo por el casco viejo y las angostas callejas que trasiegan el calor al mar. A veces, las tan preparadas explicaciones se ven cortadas por el ruido de los vehículos que no hubo manera de dejar aparcados en las afueras, muchas veces por vagancia y otras por pura necesidad. Es posible que lo que entre por sus ojos y por sus narices sea más que suficiente, ya sea el olor salobre de la ría o de los fogones donde se fríen los productos arrebatados a la mar. Puede ser que unas palabras sueltas, el olor y la vista romántica del Llanes medieval sea suficiente pago para el largo viaje realizado en cualquier época del año.
             Esta semana a través de esta página llevaré a nuestros lectores, quizás desde sus casas, por una ruta, donde sólo oirán hablar de la nobleza de las gentes que allí dejaron sudor y vida, tan importantes como la de aquellos que dejaron sus ostensibles blasones en las piedras de la Villa.
Provistos de mochila y de bastón saliendo del puente nos metemos por el hermoso parque en la ribera izquierda del río, Usaremos, para entendernos, el código aplicado en geografía por el que se mira siempre correr las aguas para decidir si es izquierda o derecha, de esta forma nos evitaremos malentendidos. Este parque se conocía anteriormente como el “mataderu” y aún se preserva la edificación rehabilitada como Museo marítimo. Ahí, en esa pequeña vega se hacían las verbenas de las fiestas de La Guía, al lado del desaparecido y noble teatro Benavente, exposiciones de ganado y otros eventos. Salimos a la calle siempre a la vera del río. En frente, cercana a una casa que parece sostener el talud de la carretera de los Altares, se conserva incrustado en el paredón de piedras almohadilladas el arco de una fuente que dio agua a los vecinos y la vertía al río justamente donde estaba el lavadero. Me recuerdo sus depósitos llenos de ropa añilándose y el olor a jabón chimbo. Inclinadas sobre sus tablas, las mujeres frotan y frotan con sus blancas manos mientras conversan a voces para vencer el rumor del río y el griterío de los chiquillos que cazan renacuajos en las arenas sedimentadas donde nacen unas matas de berros. Las aguas del río liberadas del largo y sinuoso trayecto desde las cuestas, se retiran a descansar en el mar. Surgen de entre los arcos del viejo molino de Cagalín de José Noriega, preparado tanto para la molienda como para obtener, por medio de una dinamo, la energía eléctrica que iluminó las casas de la villa. Purón, Carrocedo y Bedón darían luz a nuestra infancia. Aprovechaba el último desnivel importante del río tras el puente de Cagalín donde tenía la presa. Seguimos en busca de la nueva ruta abierta por las fincas de La Bárcena, hasta salir a la carretera de La Portilla. Antes del pequeño puente que cruzamos, a la derecha estaba el penúltimo molino para el río, para nosotros el segundo en encontrar. Su último dueño, Ricardo Sánchez Noriega, Rico, de Cue, se vino a vivir a Pancar a la casa de Manuel Sánchez Noriega, conocido como El Coritu jefe del Batallón de su mismo nombre en la contienda de la guerra civil. Rico, su mujer y sus dos hijos mantuvieron activo el molino de una muela que llevaba su nombre en La Carúa.
Seguimos la señalada senda hasta adentrarnos en el comienzo del pueblo de Pancar. Esta vez vamos por la parte derecha del río. Las casas del Cuetu Molín se asoman al río para refrescarse. Podemos cruzar el puente y veremos apenas entre malezas y arbustos, en total ruina los muros del molino con dos muelas y la serrería del Tío Perico, padre del Nino quien se hizo famoso por mantener el folclore del pericote en sus raíces y llevarlo en sus corizas a escenarios del nuevo continente. Lo recuerda la letra en una de sus estrofas: “A bailar el pericote/ vino el Nino de Pancar,/ porque Tere y Vicentina/non supiéronlu bailar”, cantábase así en Parres.
Retomamos la senda que nos deja al lado del tercer molino de dos muelas de nuestro recorrido. Aníbal y Cesárea padres de Pepín y Valentín tenían una bolera al lado del molino y era un rincón donde se juntaban los amigos para tomarse unas sidras, bajo los chopos del río. Valentín, su mujer y sus hijos mantendrían las muelas alternando con el trabajo en la extensa ganadería de producción lechera que tuvieron. A Valentín se le veía entre los romeros pancarinos para cortar, transportar y plantar la hoguera de San Pedro. Hacían la entrada triunfal con Valentín a caballo sobre la cabeza del palo, llevado a hombros de todos los mozos, en una mezcla de alarde de fuerza y homenaje a este entusiasta vecino.
             Seguimos la ruta al lado del río y justamente cuando parece abrirse el valle de La Vega, bajo el Cuetu Escrita, quedan los restos de otro molino de una sola muela, medio escondido y cuyo descubrimiento lo hice fortuitamente cuando buscaba alguna subida al montículo donde de pequeño iba a buscar la hierba para las vacas en una finca que llevábamos, porque siempre me dio que pensar su nombre, sobre todo, desde que conocí el Peña Tú, si habría alguna inscripción o grabado en alguna de sus numerosas rocas calizas. Aquí hay que cruzar el río y tomar una pista, viejo camino desde Pancar hasta Las Mestas y Bolao, que discurría paralelo a las vías del tren, y que pasa bajo la autovía. Cruzaremos las vías poco antes de llegar al puente metálico del ferrocarril. Se ven cercanos los restos del Molino de La Vega que trabajaba con tres muelas. José y María, los de la Vega, criaron en él a sus tres hijos: José Ramón, que sería mecánico de bicicletas en la plazuela del Cotiellu; Pedro que seguiría con el molino y la carpintería de su padre y Benigno con su taller y tienda de relojes en la plaza. Hoy las bardas y las hiedras se empeñaron en abatir y ocultar los restos del abandonado molino.
             Podemos seguir por la finca hasta cruzar la vía con mucho cuidado por la cercanía del túnel o volver los pasos para cruzarla mucho más seguros al lado del puente de hierro y llegarnos hasta el sexto molino de nuestro recorrido. Esta construcción ganó la batalla al tiempo a costa de ver modificada un poco su estructura como vivienda.
Es el molino de Las Mestas de dos muelas que habían regentado otro matrimonio cuyos nombres, curiosamente también eran José y María, los de las Mestas y su hijo Pepín. Tenían bar en el mismo edificio del molino y en temporada bolística lo servían en la cercana bolera. María preparaba tortillas, tortos, chorizos y mariscos para la merienda de la gente que habitualmente acudía de Llanes por las tardes. José tenía un puesto de sidra que llevaba por las fiestas en su carro y caballo. De paso recogía las sacas de maíz por los pueblos y devolvía las moliendas hasta los lugares más alejados. Ejercía también el oficio de pesador cuando los san martines. El Ayuntamiento fiscalizaba entre otras cosas, la matanza del cerdo en las casas y cobraba un impuesto acorde con el peso en canal de la res. José, cuando acababa la labor con la romana, preguntaba medio en broma, medio en serio, por el xatu o la oveya, pues era costumbre completar la labor con el sacrificio de algún otro animal que no siempre se declaraba.
Más de uno, creyendo la broma veras, pensaba que a José algún vecino de mala idea le había dado el soplo y él solo se delataba sin más. A José se le fue la vida en un accidente con el carro cerca del puente Purón cuando regresaba de entregar las moliendas en la tienda del Trisqui en el Joyu´l agua de Puertas.
Seguiría atendiendo sola el molino María, unos años más, período de tiempo del que yo tengo memoria acudir a llevar la molienda.
Posteriormente el molino lo compró en México a sus dueños, Pepe Junco, “Pepe el Curru” y lo atendería un cuñado suyo, casado con Lisa, Camilo Fernández y sus hijos Pedro y Camilín, hasta que se cerraron definitivamente sus compuertas y el río continuó su vereda sin interrupción, vega abajo.
Podemos aquí hacer una pausa si el día no da para más o las piernas están ya cansadas. Retomemos el camino y volvemos nuestros pasos. No queda otra, salvo salir por la Arquera por el arcén de la carretera y con mucho cuidado por el tráfico rodado.
Esta puede ser una ruta para un grupo determinado de edad y condición física. Antes de partir, siéntense a tomar el bocadillo que celosamente guardaban en su mochila y refresquen el agua de su cantimplora en las aguas del río al otro lado del pequeño y desvencijado puente de madera. Escuchen la armoniosa melodía del río e imaginen el ruido de los rodeznos bajo los puentes de piedra del viejo molino.
Segundo día.

Quedamos la semana pasada, lo recuerdan, contemplando las aguas del molino Las Mestas. Esta segunda etapa del camino, puede resultar más enrevesada de contar que de recorrer, así y todo trataré de llevarles por los caminos, aunque debamos para evitar rodeos, pisar la carretera.
Si salimos de Llanes, tomamos el desvío a La Pereda y Parres que hay en la segunda rotonda sobre la auotovía y podemos aparcar antes del paso a nivel. Una vez atravesadas las vías, el primer desvío a la derecha, nos lleva hasta el molino de Las Mestas, donde lo dejamos la vez anterior. En ese camino, a la orilla izquierda están los restos de otro molino de una sola muela. Una cancha de tenis ocupa el sitio de la vieja bolera, bajo la sombra de los plátanos. Este camino solía anegarse con las crecidas del río que viene desde la fuente de Las Herrerías, por las fincas de las Mimosas.
Seguimos, pues la carretera en dirección a La Pereda y damos con un conjunto armónico de casas restauradas en el barrio de Bolao donde vivieron Arturo y Aurora con sus dos hijos, Manolo y Vicente. A la derecha, un camino de carro nos lleva, por la Palaciana hasta Parres y será por el que regresaremos. 
La siguiente casa que encontramos a la izquierda pertenece a la familia de creadores e integrantes del Coro que lleva su nombre, Antonio Cea y Hortensia Gutiérrez con sus hijos, Toño y Gema y los hijos de ésta, Conchi y Emilio. Conservo de “Las Mimosas”, el recuerdo de un campeonato de bolos en el que jugaba mi padre de pareja con su hermano Eduardo y me llevó en su bicicleta. Olorosas mimosas plantadas a orillas de la bolera, dan nombre al sitio donde también existió un merendero. 
Caminados unos veinte metros y vemos un desvío a la izquierda por el que podríamos seguir en otro momento hasta la capilla de San Felipe en Soberrón, al pie del Picu Castiellu. No obstante, aprovechamos para echar un vistazo al entorno y lo seguimos algunos metros. Veremos una torre del transformador que daba corriente a la mina de piritas escavada a cielo abierto. El profundo y extenso pozo quedó anegado desde que se rompieron en mil heridas los veneros que lo cruzaban y ahora vierte las aguas sobrantes en un riachuelo que las lleva hasta encontrarse con el ríu Vallanu poco antes del molino de Las Mestas que ya conocemos. 
A la derecha, hay un bosque de eucaliptos y por un sendero si andamos unos cincuenta metros damos con la Fuente las Herrerías, delante de la cueva de su nombre. A poco que miremos en el lecho del agua encontraremos unos bloques informes de mineral, más pesado que las rocas de areniscas que lo forman y que a mi juicio dan nombre al lugar. Muchas personas piensan que se refiere a una posible serrería, pero es más creíble que fuese una herrería, por el citado mineral de hierro, que además presenta signos de haber sido fundido. Otras más piensan que es el mismo mineral que se sacaba en la mina de Bolao que está justo al lado del camino por el que entramos, pero la mena que se extrajo en ella, era la pirita. Aprovecho para señalar otros sitios por los que me encontré con los mismos o parecidos minerales que en esta fuente, y curiosamente también cercano a manantiales y cursos del río. Son estos: El nacimiento del río Cabra, junto a los molinos de la Borbolla; en el bocal del río Purón, junto al puente de madera que lo atraviesa por la senda costera de Puertas; en uno de los caminos de La Galguera a Soberrón, formando muros de las fincas junto a otros cantos calizos y de arenisca; en el Purón, donde se le junta el río Barbalín, pasado el puente que lo cruza, recorremos su orilla derecha en dirección al mar y cerca está el sitio que se conoce como La Herrería, que ayuda a confirmar lo expresado hasta ahora; en Parres, en el cueto La Mina, pueden hallarse este mismo mineral de hierro y otros más sitios que darían para otro trabajo de campo.
Dejamos la visita a la cueva para otra ocasión también el camino a Soberrón y regresamos a la carretera que tras leve subida nos deja en un pequeño e imperceptible puente que cubre las aguas del Ríu Janu que nace en Fuentecaliente, en La Riega y sigue por Las Pisas, donde antaño movía los batanes para hacer el paño y, más abajo, por Los Molinos. El prado del Pedrosu, donde jugué de niño con mi prima Tere, conservaba el molín de Janu, hoy cubierto por las arenas de la explotación de sílice.
Seguimos andando carretera adelante. Las viejas casas nos contemplan pasar y nos hablan en silencio del recuerdo de sus moradores: la Casa de Juanito y Joaquina Luchana y su hija Chelo, a la izquierda. El camino de la izquierda nos lleva hasta la Vega El Rey; el de la derecha, al bar la Roxa, a Corisco y Vallanu. En alto, El Coteru, la casa del Tío Félix Hano y la Tía María Fernández con sus hijos: Concha, Amparo, Enedina y Ramón, casado con mi tía Jandru y padres de mis primos, Tere y Félix. Nombres y más nombres que se pierden en la neblina de mi infancia. Mientras tanto, nuevas casas a la izquierda de la carretera de modernos estilos, como queriendo diferenciarse de las demás, sin integrarse en el paisaje, desoyendo los principios más elementales entre los que estaría el respeto por la toponimia del lugar.
La caseta de La Diputación a la izquierda y un camino que nos llevaría al monte, por la Cuesta del Caballu para entrar por el Texéu camino de Viango. A la derecha otro camino nos lleva también a Corisco y Vallanu. Unos metros más y hay un puente sobre el Ríu Xixón que nace en Las Fuentes, donde el Jogu de las Maconas, atraviesa Los Jorcaos, Los Pasucos, y las lleva al encuentro del ríu Vallanu que las deja en el punto que ya conocemos en el molino de Las Mestas. Hay que parar en las camperas del recinto de La Guadalupe para tomar pausadamente sentados en el pórtico el agua fresca de la cercana fuente. Contemplaréis esqueletos de los castaños que otrora cubrían con sus sombras los bailes y los puestos de sidra y avellaneras el día de la fiesta, siempre el 2 de agosto. La Escuela, la casa Conceju, la bolera, el jerraderu, la Cueva, el lavaderu, la fuente y el bebederu, son recuerdos de piedra viva que nos hablan de un pueblo agrícola y ganadero y unas gentes para mí tan familiares.
Es preciso continuar y dejar la nostalgia para caminar por la carretera hasta Santa Marina. Las últimas casas nos dejan paso al Bolugu. En el cueto de la derecha, tras pasar el almacén de Raúl Villar, están olvidados los muros de la capilla de Sant Hilario, conocido como “Santilar” donde de crío aún pude encontrar restos de alguna imagen en escayola o del techo y que llevaba como verdaderos tesoros para pintar con ellos en los portales de la escuela o en el pórtico de la iglesia las rutas ciclistas que hacíamos con las chapas de las botellas. Bajamos la pequeña cuesta y damos con el puente sobre El Melendro, nombre que le viene sin duda del melandru, tejón, tasugo, que se esconde en las cuevas y así el río se aboluga, se esconde, en las cuevas del Bolugu, para resurgir en Corisco en un hondo y estrecho valle para mover la única muela del molino junto a la cueva de Covarón, de José, Leonor y de sus hijos Ramón Antonio y Rosi.
           Pasado el puente, nos encontramos a la derecha con la casa de Lucía, la pastora de Requexu que lucha contra el paso del tiempo, mientras se desarma el cortavientos de piedra y la techumbre apenas puede sostenerse en las podridas vigas. Fijémonos en la pequeña cuadra que hay en el prado enfrente de la fachada de la casa, porque más adelante les hablaré de algo relacionado con ella.
Nuevas edificaciones en el Bosque Gidio a la derecha, donde estaba la cuadra de Saturno González, tío abuelo mío, hoy seccionado en varias fincas con sus chalés y casas. Enfrente otros dos chalés modernos y pasados estos hay un camino a la izquierda, que nos lleva a la fuente de Moscadoria. Solía yo de crío acompañar a mi madre a lavar la ropa. Yo jugaba por el río represando sus aguas y botando pequeñas embarcaciones que hacía con las mollejas secas de los plátanos. Allí se juntaban normalmente varias vecinas con sus respectivos hijos lo que hacía más entretenido el trabajo para ellas y para nosotros el juego, aunque acabásemos, la mayoría de las veces, totalmente empapados de salpicaduras y resbalones. Ellas tendían, si el tiempo era bueno, las sábanas en los campos y el resto de trapos sobre las bardas para recudir el agua. Existe muy cerca una cueva de amplia entrada que quizás dé lugar al paraje por ser donde el ganado de pasto acudía a moscar en los cálidos días de verano y al río para beber. En la Guerra Civil protegió en sus entrañas se resguardaban los vecinos de Parres y de la Pereda de los bombardeos, que preparaban la batalla de El Mazucu como se la conoce en el Alto de la Tornería, la más dura de las sufridas en la zona Norte.
Dejamos la fuente, no antes de refrescarnos con las aguas del manantial, cerca de los depósitos del prado vecino, donde se ven bien a las claras la construcción cementada. Esta agua, con toda seguridad, resurgente de la que proveniente de la Arenal, tiene todos los visos de ser de nuevo encauzada para el calce de otro molino en Requexu, frente a la casa de Lucía, y que dejé para este momento la explicación. Seguimos la carretera hasta las camperas de Santa Marina. Se puede divisar la capilla entre los ramajes de viejos castaños de indias, unas encinas, posiblemente testigos de algunos siglos atrás. Volveremos aquí, pero antes hemos de tomar el camino de la izquierda en dirección al monte porque llegaremos por él casi al naciente de las aguas de nuestro río principal con el que comenzamos en Llanes la ruta. Digo principal porque es su cauce el único que tiene caudal continuo en todo el año. A poco de dejar la carretera se le unían a él las aguas del alto La Lisar, Salto Clara, El Coz, La Fuente la O y Fuente los Vaqueros, acumulando en su sinuoso cauce las aguas de otros manantiales menores atravesando así La Retuerta, Los Carriles, Mataoveyas y Santa Marina, lo que le haría ser el cauce principal, pero en época de estiaje, las aguas desaparecen por completo en el fondo kárstico.
Nuevas casas rehabilitadas en sitios de la Puntiga y un camino ascendente, cubierto de arena nos acerca a nuestra meta, el primer molino que funcionaba con las aguas del río La Arenal que cubrió durante su larga historia geológica, con una espesa capa de sílice el valle por el que discurre. Hasta estos parajes de La Arenal venían a por piedras de arenisca poco consolidadas, las “areneras”, que las llevaban a vender por las casas de la villa y en La Plaza de Mercaderes. Son piedras de arena blanca y rosácea que se usaban para bruñir las chapas de hierro colado que hacían de cimeras de las cocinas llamadas “económicas” por usar tanto el escaso carbón, la turba y la leña de los montes. Las aguas extremadamente frías de La Arenal brotan debajo el Picón de los Riucos, posiblemente provenientes del corazón de la Cordillera del Cuera, o de sus escorrentías llevadas a La Olla del valle Viango, surtían de agua a los depósitos desde los que se suministraba el agua al pueblo de Parres. Si nos situamos en el camino dándole la espalda, encontraremos el calce del agua y los restos del molino de La Arenal de Rosario Noriega, vecina de Parres en el barrio Tamés, dueña también de la finca de los depósitos en la que se pueden ver la casa y cuadras de La Arenal, deshabitada desde los años sesenta.
Luis Santoveña, vecino de Vibaño había venido a trabajar como molinero a la Arenal. A la vez que atendía el molino labraba preciosas madreñas o trataba con acierto las dislocaciones de huesos de quienes acudían a él. No había atención de urgencias, pero sí gente con ese don especial enseñado de padres a hijos. Como Luisón, nombre que recibía por su gran fortaleza y buen corazón como otras personas que atendían de manera desinteresada a quienes confiaban a ellos sus dolencias.
Luis se casó con Carmen Gutiérrez, hija de María la Grilla y hermana de: Vitorina, María, Milia y Félix el Grillu (bisabuelo paterno). Tuvieron tres hijos: Manuel el de la La Vega Quintana de La Pereda, Felipe y Gavino que formaron familias en Soberrón. Los tres hijos ejercieron el oficio de madreñero como su padre. Una vez cerrado el molino de la Arenal, Luis Santoveña administró el molino de Las Mestas.
Volvemos a la carretera hasta el campo de fútbol de Parres. La elevación que tiene hoy sobre la carretera se debe a los trabajos de desmonte de un cueto que había y de relleno, iniciados por los vecinos antes de la guerra y continuado unos años después de finalizada. El lugar del campo era un cotero de arenas blancas resultantes de la sedimentación del río que mencioné anteriormente. La fiesta se hacía en el robledal de Gregorio y Anita los del Palacio, que había a la izquierda del campo y que hoy es un prado llano heredad de la casa del Curru en el barrio La Casona de Parres, en el que antes de la existencia del campo de fútbol actual, se jugaba entre los árboles. Para los partidos en los que competía el equipo parragués contra otros pueblos, Gregorio y tía Anita del Palacio prestaban una finca llana y sin árboles al otro lado del camino que rodea la pequeña vega de Santa Marina.
          Mi padre me da la relación de jugadores del equipo de fútbol parragués que se enfrentaban a los de Porrúa, Poo y Cue donde tenían como fichaje al también célebre boxeador Esmel. En el “Parres” destacaban entre otros: aparte de su hermano, Jesús el de María la de Félix y Santos, Pandín y Pandón; su primo Paco el de tía Anita; Felipe, Camilo y Mon de Manuel y Melia; Ricardín; sus primos Ramón y José de Vallanu; Severino, Luis y Pancho de David; Fernando, más conocido como Guirni, hermano de Águeda, Aurelia, Lorencín... hasta once hermanos, la mayoría exiliados a Francia y Rusia cuando la guerra; Manolo Tamés; Juan y Ángel de Ursino. En la portería, Eusebio, de Kiko y la tía Malena que era además el encargado de mantener el balón, repararlo y coserlo si era preciso; aparte de su conocimiento de la lezna, Eusebio tenía habilidad para hacer estrofas con los acontecimientos y actividades más sonadas de la mocedad. Un hermoso plantel, todos ellos nacidos anteriormente al año 1918 y que sufrieron las consecuencias de la guerra civil fraticida.

Bajamos de Santa Marina”, como dice el cantar, pero bajando hasta Parres. A la derecha, hay un restaurante, La Casería de Santa Marina, en la finca de Manuel de Jacinto, que abre sus puertas a los clientes para disfrutar tanto de sus especialidades culinarias como de la tranquila y hermosa vista al Texéu. A la izquierda de la carretera queda la Casería de Modesta y bajamos hasta Trescoba para después subir por el Picu la Concha a dar vista al pueblo. 
En la bajada, a la derecha hay un camino que nos lleva de nuevo a La Pereda, junto al Bar La Roxa, después de atravesar el barrio de Corisco, perteneciente a Parres. Abajo a la derecha puede verse un valle cerrado y surcado por el juguetón Melendro que tras haberse escondido en El Bolugu, se deja ver para ir a mover la rodela del molino y vuelve a encovarse en Covarón para atravesar el cueto y aparecer de nuevo en Covarada, en Vallanu. 
Este molino fue construido por el tío Perico, padre de José, último molinero. Las muelas las trajo de otro molino de su propiedad cuyo asentamiento podemos identificar si seguimos una pista abierta hace unos años, junto a una columna de la luz, y bajamos por ella hasta el encuentro del agua en Covarada. Aún se pueden ver bien conservadas las paredes de la casa y cuadra del tío Perico y bajo la cueva se pueden ver los restos de construcción donde había instalado el molino trasladado por él hasta Corisco. 
Salimos en subida a lo alto donde están las casas del barrio de Vallanu por un sendero y torcemos a la derecha siguiendo el camino en bajada hasta la Calzada, tornando a la derecha. Dejamos el camino que a la derecha sigue hasta la Pereda y tomamos el central, pues el de la izquierda nos lleva a las últimas casas de Parres en Cuetupuñu. 
Atravesamos el río por un pequeño puente sobre el río Vallanu, que no es otro que el mismo Melendro, pues el mismo río recibe los nombres de los lugares que atraviesa hasta su desembocadura en Llanes donde se le aplica el nombre de Carrocedo. Si atravesamos por las paseras junto al puente el muro de la izquierda, seguimos por un sendero paralelo al río hasta tropezarnos con otras paseras en un muro alto tras el cual ya podemos ver el molino de Las Mestas, descrito y desde donde podemos caminar a la izquierda para salir a Pancar, La Carúa, La Portilla y Llanes en el Barrio del Cuetu y Cagalín, de donde partimos, o seguir a la derecha por el camino hasta la Palaciana, casi tomado por los avellanos que crecen en sus orillas y que es un acceso a Bolao, desde donde partimos este segundo tramo de ruta molinera y donde da fin esta guía.  

lunes, 16 de febrero de 2015

MUNICIPIOS DE ESPAÑA

 Este trabajo no pretende más que guardar y difundir una exigua lista de pueblos por provincia que a los alumnos del Colegio de La Arquera, los Hermanos de la Salle, nos pedían memorizar. Esta lista no está hecha con el criterio de población, sino por el de rima y métrica octosilábica del romance popular, (-, a, -, a), aunque aparecen algunas con la fórmula métrica: (a, b, a, b), propia de la cuarteta, alguna en también en (a, b, b, a) como redondilla y otras también en completo versolibrismo.
La enseñanza, y el aprendizaje en consecuencia, en lo que respecta a la Geografía descriptiva y la Historia se basaba en el memorismo de interminables listas de reyes; continentes con sus países y respectivas capitales; penínsulas, desiertos; océanos con sus mares, islas, cabos, golfos, istmos, estrechos y canales; cordilleras, sierras y picos; ríos y sus afluentes; lagos y volcanes; también regiones, provincias, comarcas y pueblos de España.
Para la Geografía de España, asignatura del primer curso de bachillerato elemental al que me presenté por libre en septiembre, llevaba aprendida además de lo precedente, la presente lista de pueblos de España. La había estado copiando durante las clases de mecanografía del curso, y a la vez aprendiendo, pues me encantaba buscar en el atlas todos los lugares, aunque muchos no figuraban tan siquiera. 
En aquel tiempo que me tocó en suerte, los escasos medios de consulta que tuve a mi alcance, aparte de los libros de texto, tan faltos de ilustraciones, contaba por primera vez con un atlas y un diccionario. Salvo la radio que primeramente se escuchaba en el barrio en la casa de una vecina que la subía de volumen, que por tal motivo parecía de dominio público, hasta que en la fecha de que hablo mi padre compró en la tienda de Jayo, el primer transistor a pilas y cable, no había otro medio que no fuera el cine, los sábados y domingos. Así fuimos entrando poco a poco en el conocimiento del mundo exterior que no fuera nuestra aldea, nuestro municipio que también desconocíamos en gran parte, hasta que llegaron los primeros televisores, a las casas de algunos vecinos con posibles.
Hoy, cincuenta años ya de elaborada esa lista a cinta azul, en una Underwood del colegio, tal como aún recuerdo las cuartillas en las que la hice y de la que tengo extraviado el original, sino la posterior realizada en mi primera portátil “Lettera 32” de Olivetti.
Aún soy a recitarla en algunas provincias por el recuerdo del sonsonete que produce la rima, otras las tengo olvidadas, pero con un poco de repaso, vuelven a estar frescas. Como la decisión de presentarme al examen de primero fue de la mañana a la noche, en cuestión de poco más de quince días, la memoricé, usando para ello trucos mnemotécnicos que me fui inventando. Aparte de la rima me valió hacer asociaciones con nombres de lugares, personas conocidas, hechos, etc. que aún recuerdo y me hacen mucha gracia. 
Aunque como docente no he querido abusar de la memorización de mis alumnos para el aprendizaje, que era lo habitual en las escuelas por la década de los sesenta y que se siguió manteniendo en las siguientes por docentes de anteriores promociones a la mía, en la que dábamos mayor importancia al aprendizaje asentado sobre la propia experiencia del alumno, la utilicé como atajo y ahorro de tiempo y esfuerzo; verbigracia, las tablas de multiplicar y otras muchas aplicaciones en las demás áreas de contenidos escolares.
No deja de ser un buen ejercicio para el mantenimiento de esta faceta que es la memoria en el conjunto del intelecto. 

OVIEDO, LLANES, LLANGREO,
INFIESTU, MIERES, XIXON;
AVILES, PRAVIA, TINEO,
LLAVIANA Y CASTROPOL.
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SANTANDER, POTES, LAREDO,
TORRELAVEGA, RAMALES;
REINOSA, VILLACARRIEDO,
SAN VICENTE Y CASTRO URDIALES.
.-
BILBAO, BERMEO, OROZCO,
SOMORROSTRO, BARAKALDO;
PLENTZIA, ERMUA, BALMASEDA,
PORTUGALETE Y DURANGO.
.-
SAN SEBASTIAN Y PASAIA,
DEBA, BERGARA, GETARIA;
OÑATZ, TOLOSA, IRUN,
EIBAR, MUTRIKU Y ZUMAIA.
.-
LUGO, VILALBA, VIVEIRO,
SARRIA, QUIROGA, CHANTADA;
RIBADEO, MONDOÑEDO,
CON MONFORTE Y FONSAGRADA.
.-
CORUÑA, NOYA, PADRON,
FERROL, BETANZOS, NEGREIRA;
SANTIAGO, MUROS, CEDEIRA,
PONTEDEUME Y CORCUBION.
.-
ORENSE, GUINZO DE LIMIA,
POBRA DE TRIVES Y VIANA;
CELANOVA, ALLARIZ,
CARBALLIÑO, RIBADAVIA.
.-
PONTEVEDRA, REDONDELA,
A CAÑIZA, VIGO, LALIN;
TUI, CALDELAS Y CAMBADOS,
A GUARDIA, A ESTRADA Y CARRIL.
.-
PAMPLONA, OLITE, CASCANTE,
TAFALLA, ALSASUA, CORELLA;
SANGÜESA, ARRONIZ, RONCESVALLES,
TUDELA, FITERO Y ESTELLA.
.-
VITORIA, AMURRIO, LEGARDA,
ELORRIAGA, IÑURRIETA;
SALBATERRA, AYALA, LLODIO,
PEÑACERRADA Y HEREÑA.
.-
HUESCA, JACA, SARIÑENA,
TAMARITE, FONZ, FRAGA;
BENABARRE, PANTICOSA,
MONZON, BARBASTRO Y BOLTAÑA.
.-
ZARAGOZA, SOS, ATECA,
CALATAYUD Y DAROCA;
TARAZONA, CARIÑENA,
CASPE, PINA, ALMUNIA Y BORJA.
.-
TERUEL, HIJAR, ALCAÑIZ,
CALAMOCHA, MONTALBAN;
CALANDA, ALBARRACIN,
CASTELLOTE, CAMINREAL.
.-
BURGOS, BRIVIESCA, MIRANDA,
LERMA, SALAS, BELORADO;
CASTROJERIZ, ROA, ARANDA,
VILLADIEGO, VILLARCAYO.
.-
LOGROÑO, ARNEDO, ALFARO,
CALAHORRA, FUENMAYOR;
NAJERA, CERVERA, HARO,
SANTO DOMINGO Y AUTOL.
.-
SORIA, GORMAZ Y ALMAZAN,
BURGO DE OSMA Y MORON;
AGREDA, MEDINACELI,
ARCOS, CALATAÑAZOR.
.-
SEGOVIA, CUELLAR, RIAZA,
SANTA MARIA, TUREGANO:
SEPULVEDA, EL ESPINAR,
SAN RAFAEL, LA MATA.
.-
AVILA, EL BARCO, CEBREROS,
AREVALO, MADRIGAL,
PIEDRAHITA, FONTIVEROS,
ARENAS, NAVALPERAL.
.-
LEON, MURIAS, PONFERRADA,
SAHAGUN, ASTORGA, MANSILLA,
VALENCIA, BAÑEZA, RIAÑO,
VILLAFRANCA, LA VECILLA.
.-
ZAMORA, TORO, ALCAÑICES,
FERMOSELLE, VENABENTE;
PUENTESAUCO, VILLALPANDO,
PUEBLA DE SANABRIA Y SAN VICENTE.
.-
SALAMANCA, ALBA DE TORMES,
LEDESMA, VITIGUDINO;
BEJAR, FUENTES Y SEQUEROS,
PEÑARANDA, CIUDAD RODRIGO.
.-
VALLADOLID, PEÑAFIEL,
VALORIA, OLMEDO, MEDINA;
RIOSECO, NAVA DEL REY,
VILLALON, TORDESILLAS.
.-
PALENCIA, CARRION, SALDAÑA,
ASTUDILLO, AGUILAR;
CERVERA, VENTA DE BAÑOS,
PAREDES, BALTANAS.
.-
NAVALCARRERO, BUITRAGO,
MADRID, CHINCHON, COLMENAR;
ALCALA, ALCORCON, GETAFE,
SAN MARTIN, EL ESCORIAL.
.-
TOLEDO, ILLESCAS, ORGAZ,
FUENTES, ESCALONA, CONSUEGRA;
MADRIDEJOS, QUINTANAR,
LILLO, OCAÑA Y TALAVERA.
.-
CIUDAD REAL, PUERTOLLANO,
VALDEPEÑAS, DAIMIEL;
HERENCIA, ALCAZAR, ALMAGRO,
ALMODOVAR Y ALCOCER.
.-
CUENCA, BELMONTE, MONTILLA,
TARANCON, UCLES, CAÑETE;
SAN CLEMENTE, MINGLANILLA,
CON PRIEGO, MONTALVO Y HUETE.
.-
GUADALAJARA, SIGÜENZA,
CIFUENTES, SACEDON;
PASTRANA, BRIHUEGA, ATIENZA,
Y MOLINA DE ARAGON.
.-
BARCELONA, SABADELL,
MATARO, VIC, MANRESA;
BADALONA, GRANOLLERS,
PINEDA, TARRASA I BERGA.
.-
GIRONA, BISBAL, TORTELLA,
OLOT, PUIGCERDA, FIGUERES;
SANT FELIU, ROSES, JONQUERA,
ELS PINS, PALAMOS, BANYOLES.
.-
LLEIDA, BOSSOST, URGEL,
CERVERA, TREMP, SOLSONA;
FORADADA, BALAGUER,
VIELHA, TARREGA I GUISSONA.
.-
TARRAGONA, REUS CAMBRILS,
AMPOSTA, VALLS, POBLET;
TORTOSA, GANDESA, FLIX,
MORA, MONTBLANC, VENDRELL.
.-
CASTELLON, NULES, NORELLA,
BURRIANA, BENICARLO;
VIVER, SEGORBE, LUCENA,
OROPESA, VINAROS.
.-
VALENCIA, CHIVA, TORRENT,
XATIVA, CALLES, CULLERA;
GANDIA, CHESTE, ONTINYENT,
SAGUNTO, ALZIRA, ANTELLA.
.-
ALACANT, ALCOI, VILLENA,
DENIA, DOLORES, CALLOSA;
ELDA, XIXONA, ORIHUELA,
NOVELDA, VILLAJOYOSA.
.-
MURCIA, YECLA, CARTAGENA,
MULA, TOTANA, LA UNION;
LORCA, FORTUNA, CANEJA,
CARAVACA Y MAZARRON.
.-
VILLARROBLEDO, ALBACETE,
HELLIN, LOGROSAN, ALMANSA;
CHINCHILLA, CASAS-IBAÑEZ,
YESTE, ALCARAZ Y CAUDETE.
.-
CACERES, NAVALMORAL,
LOGROSAN, GARROVILLAS;
PLASENCIA, CORIA, HERVAS,
ALCANTARA Y JARANDILLA.
.-
BADAJOZ, ZAFRA, CASTUERA,
ALMENDRALEJO, JEREZ;
MERIDA, OLIVENZA, HERRERA,
SIRUELA, AZUAGA, ALCONCHEL.
.-
ALMERIA Y ABRUCENA,
VELEZ-RUBIO, CANJAYAR;
ADRA, UECAL Y PURCHENA,
VERA, SORBAS Y GERGAL.
.-
GRANADA, LOJA, ALHAMA,
SANTA FE,HUESCAR, GUADIX;
MONTEFRIO, UGIJAR, BAZA,
ORGIVA, ALBUÑOL Y MOTRIL.
.-
MALAGA, RONDA, ESTEPONA,
TOLOX, MARBELLA, COIN;
ANTEQUERA, ARCHIDONA,
VELEZ-MALAGA Y CAJIZ.
.-
CADIZ, JEREZ, ALGECIRAS,
GRAZALEMA, SAN FERNANDO;
SANLUCAR, SAN ROQUE, LA LINEA,
CON CHICLANA Y POZO AMARGO.
.-
HUELVA, MOGUER, ZALAMEA,
BARCA, THARSIS, AYAMONTE;
VALVERDE, AROCHE, ARACENA,
NIEBLA, RIOTINTO Y ALMONTE.
.-
SEVILLA, MORON, UTRERA,
LORA, OSUNA, CANTILLANA,
ECIJA, CARMONA, HERRERA,
ESTEPA, ALCALA Y CAZALLA.
.-
CORDOBA, CABRA, LUCENA,
POZOBLANCO, MONTALBAN;
MONTILLA, RUTE, BAENA,
PUENTE GENIL, AGUILAR.
.-
UBEDA, MARTOS, JAEN,
BAEZA, CAZORLA, ANDUJAR;
HUELMA, LINARES, BAILEN,
LA CAROLINA Y PORCUNA.
.-
EN MALLORCA, FELANITX, INCA,
PALMA, MANACOR, SOLLER;
POLLENÇA, ANDRATX,
CON ALCUDIA Y LLUCMAJOR.
.-
EN MENORCA, CIUTADELLA,
CON MAO Y MERCADAL;
IBIZA EN LA DE SU NOMBRE
Y ADEMAS, SAN ANTONIO ABAD.
.-
LAS PALMAS:
LAS PALMAS DE GRAN CANARIA,
ARUCAS, MOGAN, OLIVA;
ARRECIFE, GALDAR, TIAS,
TELDE, ANTIGUA, FIRGAS.
.-
SANTA CRUZ DE TENERIFE:
SANTA CRUZ Y LA LAGUNA,
GUÍA DE ISORA, OROTAVA;
LAS PALMAS, VALVERDE,
Y LOS LLANOS DE ARIDANE.
.-
CEUTA
Septem Fratres
.-
MELILLA:
Mellitus

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domingo, 21 de diciembre de 2014

LOS BUFONES DE "ARENILLAS"

Este fenómeno kárstico tan común y abundante en toda la costa oriental asturiana, en concreto donde predominan las rocas calizas, da origen a frecuentes bufones por los que el mar expulsa con toda la fuerza el aire comprimido en las oquedades del litoral, agujeros excavados a lo largo del tiempo.
Muy abundantes en toda la cornisa llanisca, destacan los "Bufones de Puertas", particularmente el existente en la ería de "El Palu", por su majestuosidad.
Una falla del terreno perpendicular al mar dejó en una extensión aproximada de treinta metros una grieta, parcialmente cubierta por sedimentos por la que, cuando la mar está gruesa, se puede ver la salida de varias columnas de agua pulverizada. Desde el pueblo se escucha el ruido producido por los embates del mar que semejan la acción del dios Thor y que dio lugar a nombres de playas como Toró o Torimbia, también donde se pueden ver estos fenómenos costeros.
Una lluvia de agua y pequeñas partículas de arena arrastradas por el aire dejó huella en los terrenos de las inmediaciones, en los que la vegetación reinante predominan las hierbas adaptadas a una fuerte salinidad. El topónimo 'Palu' puede derivarse de >palustre< como lugar de agua. En la zona hay múltiples conos por  los que se escucha el mar y en uno de ellos, el llamado por los lugareños El Pozu "Las Salmorias", es en realidad una playa interna en proceso de formación, donde la mar entra por una cueva, que en su día, (de eso puede que haya que retrotraerse a varios millones de años), todo haya comenzado con otro bufón, pero que, al encontrarse con un terreno formado por sedimentos poco cohesionados, el socavón es mayor. Son manifiestas las continuas modificaciones que se van produciendo en él con los últimos temporales que azotaron las costas.
Desde el Pozu "Las Salmorias" se pasa a nado hasta la mar libre, aunque en el tránsito si la marea está alta, hay que soslayar un pequeño sifón, allí donde es más lenta la erosión sobre las rocas. Un verano, un día de agosto, cuando los vecinos de Puertas, Riegu y Vidiago se juntan en este bello paraje para celebrar "La fiesta del segador", pudimos ver cómo un piragüísta entró desde la mar al Pozu, en el que dio vuelta para salir por donde entró, ante el asombro de quienes nos encontrábamos allí para refrescarnos.
El término 'Salmorias' me sugiere algo relacionado con la sal marina, que quizás se usase para encurtir pieles o alimentos perecederos. También encuentro relación con el término castellano 'salmodias' de significado: canción repetitiva y cadenciosa, que venga del murmullo del agua en el oleaje que al pasar por la cueva deja escuchar el eco monótono del mar.
Aunque en el cartel anunciador venga el nombre de Bufones de "Arenillas", según me comentaron varias personas del lugar, Arenillas es otro lugar no muy lejos del Palu, donde hay uno, dos y más bufones, quizás no tan aparatosos como estos, salvo en mar gruesa con tormenta que dan miedo del ruido que meten. El término topónimo viene de la abundancia en Arenillas de las concreciones calizas formadas por infinidad de moluscos que dejaron su impronta en las rocas donde fosilizaron. Hubo aquí hasta hace bien poco una cantera para la extracción de sillares que se usaron en la construcción de las casas señoriales, de indianos. La roca está plegada en libros de lajas que se extraían por medio de cuñas. Esta caliza de fósiles resulta más fácil de labrar.

El tema es apasionante. Pretendo ir añadiendo cuantos datos pueda obtener ya que es un lugar de visita indiscutible para el turismo de todo el año. El acceso puede hacerse en coche, sobre todo cuando las personas tengan dificultades por la edad o el estado de salud, pero mejor caminando por una senda de algo menos de dos kilómetros desde Puertas, de algo más de dos desde el núcleo de Riegu y un poco más desde Vidiago. Las tres poblaciones citadas, aún siendo núcleos de población distintos, constituyen la Parroquia de Vidiago.
Los bufones de "Arenillas"

Para abrir boca, les entrego uno de los documentos literarios que podéis leer en parte y en los que el insigne autor del "Tenorio" tuvo a bien componer bajo el título de "El Cantar del Romero" en su estancia de descanso en el palacio de Vidiago, residencia de D.Manuel Lamadrid, amigo suyo. Aquí recojo la primera parte, titulada por él...



"EL BUFÓN DE VIDIAGO"
I
Vuelve a surgir, inspiración dormida
en el fondo de mi alma fatigada,
sobre los desengaños de la vida
y ante su fin ya próximo... la nada.
En tu pulmón la voz enmudecida
busca y tu fuerza juvenil pasada,
y ven antes que el tiempo se me huya
y el hálito vital se me concluya.
Lo sé: los años sobre mí se apilan:
ya abre ante mí la eternidad sus puertas;
sobre la tierra ya mis pies vacilan:
mis oídos ya torpes y ya inciertas
mis miradas están: ya se aniquilan
mis fuerzas corporales: pero aún vive
la fe de mi alma; en mi cerebro aún arde
esa chispa de sol, la inteligencia,
emanación de Dios; que de Él recibe
el poeta de fe que a Dios concibe;
que en el hombre de fe se nubla tarde
y se apaga no más con su existencia:
porque Dios a su espíritu , la adhiere
con la inmortalidad, y a su presencia
va con el alma cuando el cuerpo muere.
Y aún vive en mí, fermenta todavía
y en mi caliente corazón se esconde
esa honda fe que por doquier me guía,
y aun a la voz de la alma poesía
mi independiente corazón responde.
Aún vive: siento aún y aún oigo y veo
por donde fijo la insegura planta
las faz de Dios y su presencia santa,
de negarle o no verle nunca reo:
hoy que en la tierra mi vejez paseo,
sus maravillas ante mí levanta;
y poeta de Dios, porque en Dios creo,
mi inspiración sus maravillas canta.
II
Ábrete, pues, ¡oh sésamo! Que encierras
el geniecillo ruin y microscópico,
que conmigo cruzó mares y tierras
desde la Alhambra hasta la mar del trópico.
Sal, atómico ser, sal de tu sueño;
rompe la leve cáscara del grano
de sésamo en que estás, átomo enano,
de los ingenios de hoy el más pequeño.
Sal y el viejo laúd toma en la mano;
pero vuelve gentil, ágil, risueño
como en el tiempo viejo, aun no en olvido,
cuando ibas, por mitad cristiano y moro,
la cruz al pecho y de alquicel vestido,
cantando a Dios y despreciando el oro;
cuando, de audacia y de locura ejemplo,
salmodiabas los versos del poeta,
lo mismo al son de la morisca pandereta.
Sal, genio mío, ven: te necesito:
ven conmigo a asomarte a un agujero,
por do el poder de Dios que veas quiero
en un rincón de Asturias donde habito:
ven no más a a escuchar un son, un grito,
un baladro, un bufido, un algo fiero
y encantador al par, santo y precito
tal vez: que nada siento, es algo empero
como huella de Dios, casi infinito.
Algo compuesto de agua, luz, espuma,
ímpetu, ruido, fuerza y movimiento,
que debe hoy escribir mi vieja pluma
y tú cantar con tu postrer aliento:
y este algo misterioso, indescriptible,
aéreo y corporal, sólido, hueco,
frágil y recio al par, inconcebible,
del cual vamos a hacer algo legible...
un poema tal vez... no es más que un eco;
mas ten presente, geniecillo loco,
que un eco siempre es algo, aunque es muy poco.
¡Ea, pues geniecillo que me inspiras,
a ver como de un eco en torno giras!
¡Sus! Tus alillas ágiles *desplega,
recorre desde la alfa hasta la omega;
tu vuelo es libre, tu labor sin coto;
con la palabra y la idea juega;
discurre, inventa, trama, afirma, niega,
canta, cuenta, salmodia... arma alboroto,
hasta que ese eco que a rumor no llega
sea el de un huracán o un terremoto.
Prueba a Asturias que puedes todavía
un eco en sus breñales escondido
convertir en raudal de poesía
y en un recuerdo de hombre agradecido.
Mas al hablarla de él... ¡por vida mía!
No vayas indiscreto o distraído
a alardear de saber mitología.
Asturias es romántica y cristiana:
salvó a Europa de ser mahometana;
y tierra en que es Santuario Covadonga,
su creencia y recuerdos no prolonga
hasta los mythos de la edad pagana.
No hables aquí de Ninfas: las de Grecia
no llegaron aquí: la Ninfa Eco
pasa aquí con razón por una necia,
que habló sin ton ni son y siempre en hueco.
Como Ninfa y Deidad la adoró Roma,
que adoró a todo Dios: pero se opina
aquí que Grecia la admitió, una broma
por dar a Roma, en la mansión divina.
Eco fue Ninfa: mas, sin forma humana,
hizo sólo en pinturas de persona;
y como Ninfa huera y casquivana
la aceptaron, de buena o mala gana,
desde el Areópago a la Sorbona.
Fue Ninfa, sí; pero la más perdida:
Divinidad rastrera y *rezungona,
sin dar la cara se pasó la vida
por cuevas, subterráneos y rincones
para escuchar a todos escondida,
cortando por do quier conversaciones,
metiéndose con todos en cuestiones
y en dividir a tontos divertida:
y como, impertinente y holgazana,
repetir nunca supo más que un trozo
de una farsa final, en la lejana
cavidad de una bóveda o de un pozo,
ya ni la poesía aquí la abona.
No hables, pues, de esa Ninfa charlatana,
aquí no quieren gente respondona:
y sabe la católica Asturiana
que ante la Cruz que el Gólgota corona
a las Ninfas ahogó la fe cristiana.
Aquí el eco no es más que un ruido, seco
o prolongado que, de voz humana
u otro son, se repite en algún hueco.
El eco que fue Ninfa muerto yace:
con que no hablemos más de esa villana,
y ven el mío a oír; que es un son vago,
que en las entrañas de la tierra nace
entre liquen, adelfa y jaramago,
que en dormir en un antro se complace,
y que en vapor y estruendo se deshace
en la Asturiana costa de Vidiago.
III
Vidiago es una gárrula aldehuela
donde un pueblo entre Céltico e Ibero
franco, trabajador, sobrio y sincero
labrador, traficante y ganadero:
suda en verano y en invierno vela
y del sudor y afán del año entero
los domingos alegre se consuela,
bailando al son del árabe pandero
y al compás de la etrusca castañuela.
Vidiago es el lugar tranquilo
después de una existencia consumida
en inquietud y afanes sin medida,
que allende de la mar nos tuvo en vilo,
con la vida en un tris, la alma en un hilo
y la esperanza de volver perdida,
un amigo leal del tiempo viejo
volvió al paterno hogar en pos de asilo,
paz, pan, lana caliente y vino añejo;
cosas que ayudan a esperar sin pena
al fin de vida mala muerte buena.
A este amigo leal, que como hermano
me quiere y trata y como tal le tengo,
se me antojó venir este verano
a ver en la mansión de su abolengo:
y como él es un hombre de buen juicio
y yo un loco de atar desde ab initio,
antes de que la tumba se nos abra
vine a pedirle y darle, por si dejo
antes que él de vivir, su buen consejo,
mi último adiós y mi postrer palabra;
pues los dos vivido tanto,
ya al despedirme suponer debemos
que sus consejos él me da postreros
y yo que alzo en su hogar mi último canto.
Su hogar, palacio señorial un día
y hoy albergue por mí del dulce encanto
de la amistad, la fe y la poesía,
se eleva al par de gigantesca roca
que ha socavado el mar; en cuyo hueco
cien metros tierra adentro abre una boca,
donde cuando pacífico le evoca
de su manso rumor despierta un eco.
Este eco, de su alcázar no lejano,
de mi balcón los vidrios estremece
cuando, al crecer de noche el océano
con la marea equinoccial, parece
que se viene la mar sobre la tierra;
el eco en su caverna se enfurece,
y al viento contra el mar llamando a guerra,
amedrenta la costa y la ensordece
con bufidos de son tan pavoroso,
que turban de los pueblos el reposo.
Mas cuando el mar azul en calma duerme
y humilde el pié de los peñascos lame,
el eco yace en la caverna inerme
sin responder aunque la voz le llame.
Eco que asorda la comarca entera,
no del hombre a la voz sale al encuentro;
sólo habla con el mar cuando se altera,
ruge a impulso del mar de fuera adentro.
Yo le he ido a buscar: en el embudo
de piedra en que la mar boca le cava
me asomé y le llamé: mas se hizo el mudo,
porque era yo, no el mar quien le llamaba.
A este eco altivo y de desdén simultáneo,
para que en él a reposar se acoja
después de su periódica pelea,
el mar, que es como Dios un gran mecánico,
labrar un grande alcázar se le antoja,
y en él trabaja con afán titánico
empleando el poder de su marea.
Y aquel calcáreo gigantesco embudo
que un día fue no más un agujero
áspero, tosco, desigual y rudo,
es calado marfil, es chal ligero,
obra de aguja y de cincel agudo;
blonda de piedra, berroqueño encaje
tendido encima de peñón roquero,
filigrana sutil, labor de pluma
tejida por el mar con su oleaje,
con su acre sal y disolvente espuma.
Y el mar, que es además un grande químico,
descompone la roca y la rebaja,
la tornea, la ahueca y trabajador
como pudiera artífice muslímico,
rumano, índico o godo; y la alicata
la dentella, la comba, la maquea,
la retuerce, la riza, la dilata,
la acanala, la *histria y *losangea:
sutil, cada partícula caliza
con sus sales disuelve y pulveriza;
y quitando y dejando donde importa
ya lo esponjoso, lo arenisco y blando,
ya lo duro y silíceo, y avanzado
en su trabajo sin cesar, recorta,
perfila, aguza, redondea, cuadra
y carcome la piedra y la taladra;
transforma en fin la roca, improvisando
primores mil de talla en su haz salvaje,
sin que la desmorone ni la raje
el ímpetu del agua; ya que brote
del cráter o del mar, ya suba o baje,
mane, esculle o con ímpetu rebote.
El alma del mortal contempla absorta
las maravillas que el capricho aborta
del agua en su labor, sin que se agote
la original y rica fantasía
de su trabajo secular: y espanta
ver como en él solícita adelanta,
y a su antojo fantástico modela
la peña, la abrillanta o la apelmaza,
la esmerila, la pica o la cincela;
y en sus relieves incansable traza
repisas, *ornaciones, doseletes,
nichos, estalagmitas, rosetones,
miles de inverosímiles juguetes,
miles de inconcebibles invenciones.
Y aquel cono invertido y trabajado
con labor tan sutil y complicada
que comprender a quien la ve no es dado,
que turba la razón y la mirada,
que ni el loco mayor nunca ha soñado
en su mayor delirio, es la portada
del cóncavo palacio en cuyo hueco
duerme alojado por el mar mi eco.
Y he aquí con aire y mar lo que sucede
cuando el trabajo de ambos verse puede.
IV
Este eco juguetón, hijo intranquilo
del aire, que del agua va envidioso
dentro del hondo socavón asilo
a buscar cuando el agua está en reposo,
susurra intermitente, rumoroso,
cual manantial oculto que hilo a hilo
se oye apenas manar dentro de un silo;
y su son subterráneo y misterioso
la atención de quien le oye tiene en vilo.
Es que su padre el aire, que le crea
de la boca de piedra a la salida,
de la boca en el fondo se recrea
en hacerle bullir y juguetea
con él, y en una hebra de su aliento
le mece, le columpia, le cunea
con un murmullo igual y soñoliento.
Una brizna silvestre que, prendida
su raíz al peñón, flexible ondea
con aquel *flébil hálito menea
y el eco con la voz adormecida
entre vigilia y sueño se estremece,
y a intervalos despierta y se adormece:
y turba a quien le escucha, y le marea
con la aprensión de cosa indefinida:
pues parece la boca chimenea
de algún laboratorio en que se anida
algún gnomo, que está con mala idea
trabajando en labor desconocida.
Este eco, empero, caprichoso, extraño,
vario y falaz como mujer coqueta,
finge dormir con malicioso engaño
móvil siempre y sin pié como veleta:
pues cuando más halagador arrulla,
móvil esclavo de la mar inquieta,
en cuanto siente que la mar murmulla
a la boca exterior del subterráneo
ante el mar que se encrespa se levanta,
y con ímpetu al suyo simultáneo
se sacude con ímpetu instantáneo:
y al que le oía entretenido espanta
el ruido inesperado del envite
repentino del mar, que en su garganta
de piedra el eco del carbón repite.
V
Es que las ondas de la mar agita
ya la marea equinoccial que avanza:
es que el mar, que sus olas necesita
extender o romper, con infinita
creciente progresión sus olas lanza
más altas cada vez contra la roca;
y allí abre al mar el socavón de su boca,
y allí el oleaje al socavón alcanza,
y el mar al eco con su voz provoca:
es que ya entre aire y mar la lid estalla,
y es que el aire que ocupa la caverna
la defiende del mar: por lo que eterna
es del agua y el aire la batalla.
-¡Ya la lid se trabó!- ya la marea
se desborda en la cueva: el aire grita,
silba, gime y tenaz puja y jadea
prensado sin cesar: el mar se agita
cada momento más: toca, rodea
y asalta el antro; de encontrar se irrita
al aire en el cabon: con él pelea
bajo la tierra: embravecido ondea,
y olas sobre olas al echar se comba,
y llena el socavón de espuma y ruido:
el eco, entre agua y aire comprimido
cual de prensa neumática en la bomba,
su hálito arrullador convierte en tromba,
su flébil son en infernal rugido.
Bufa el aire furioso: el mar rebrama
y ondas tras hondas en su auxilio llama:
montañas de agua sobre el aire arroja:
él reventando de furor se espirita:
dobla su empuje el agua: el aire afloja
sintiendo que por fin se debilita,
y muge con hondísima congoja:
pero por más tenaz que forcejea,
el agua de delante se le quita,
y él por la encañonada chimenea,
fugitivo huracán, se precipita.
¡Dios! Por el fondo del calcáreo embudo
de ciclones con fuerza estremeciendo
la mole inmensa del peñasco rudo,
aire y eco a la vez salen rompiendo
de la atmósfera el tul en cien jirones;
haciendo al desgarrarla más estruendo
que el que harían rugiendo cien leones,
cien ballenas un golfo revolviendo
y reventando a un tiempo cien cañones.
De darle con inútil esperanza
caza en el viento, tras del aire lanza
gigante surtidor de agua en espuma
furioso el mar; pero en su altura suma
de su empuje a pesar ya no le alcanza:
y él, vuelto ya de su pavor, se engríe
y, en lo alto, de él y de su afán se ríe.
Entonces, alardeando por despecho,
desplega el agua espléndido penacho
saliente, punta ruin o áspera escama
del cóncavo peñasco, desparrama
rizos, madejas, cintas, trenzas, blondas
y velos mil sin adhesión ni trama;
cuyos hilos fugaces culebrean,
y van a reunirse con las ondas
del socavón por el conducto estrecho,
en donde serpenteando burbujean,
sin conseguir jamás hacerse lecho.
El aire, que la siente bajo tierra
tornarse hirviendo al mar tras la resaca,
detrás del agua al socavón se arroja;
vuelve otra vez a provocarle a guerra:
otra vez del cabon la desaloja
ella: él entra otra vez: otra le saca
el agua y otras mil... y no se aplaca
de aire y agua la horrísona pelea,
de la caverna en el peñasco hueco
hasta que se retira la marea,
y vuelve al fin del socavón ya seco
a apoderarse el aire con el eco.
VI
Y vuelve a oír quien a escuchar se inclina
al cono, por el mar *filigranado
como un joyel precioso colocado
bajo una recamada muselina,
cómo el aire del antro enseñoreado
en aspirar ufano se recrea
del agua inmóvil ya, la ventolina
tenue y fugaz, bajo la cual no ondea:
y engreído, el cabon porque domina,
aún bufa por lo bajo y aletea:
y la brizna flexible que se inclina
enraizada en el peñón menea
y con su tallo móvil juguetea:
el eco imitador bufa y bravea
otra vez susurrando a la sordina,
y escondido en el fondo de la mina
con la brisa y el agua coquetea.
Mientras, sin miedo de la mar vecina.
VII
CONCLUSIÓN
( Vidiago, setiembre de 1882 )
Llaman a esto un bufón aquí en Vidiago,
porque bufa en verdad y estruendo mete
que da pavura y amenaza estrago:
a mí nombre poner no me compete
a las obras de Dios: lo que aquí hago
es venir a adorar a este boquete
al Dios para quien es la mar un lago,
y este extraño fenómeno un juguete.

(Tomado de “El Cantar del Romero” de José Zorrilla y Moral, publicado por
El ORIENTE DE ASTURIAS, 1987 en la vasta colección de

TEMAS LLANES, Nº 39)
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