AL LECTOR:

Narraciones de hechos y acontecimientos recordados por el autor; otras recogidas de la tradición oral y escrita.

jueves, 21 de febrero de 2013

MENSAJE DE UN TAMARGU LLANISCU


De entre los escombros pude rescatar antiguos ladrillos macizos que fui utilizando en la restauración de mi vivienda. Cada vez más raros, adquieren un gran valor de mercado, bastante por encima del ladrillo de factura moderna, que no son más que malas imitaciones; porque se usan para dar un toque rústico en las viviendas.
También rescaté algunas maderas de castaño, ménsulas, columnas, pontones y vigas. La madera de castaño se considera un material noble, muy común en la construcción antigua, ya sea de corredores, galerías, hórreos y paneras que, por lo general, se conserva en perfectas condiciones siempre que no estén bajo techo. Esta madera aguanta bien el clima húmedo de Asturias, siempre que esté expuesta, al menos una parte del día, a los rayos del sol y bien aireada. No hay más que fijarse. La fachada principal, sobre la que se montan, está orientada cuando menos al Sur y como mínimo al Este que es un viento seco y tiene asegurado el sol en el horario de la mañana.
De igual manera, tal como ladrillos y maderas, se encuentran tiradas piedras de los dinteles de las puertas y ventanas; me viene a la mente el gran esfuerzo de los canteros para labrarlas y encajarlas a medida justa a golpes de maza sobre el cincel.
Volviendo al tema de los ladrillos macizos, se hacían tres tipos de ladrillos con igual medida de largo y ancho:
Tabiquero, el de menor sección de los dos tipos, destinado como dice su nombre en la construcción de los tabiques que separan las distintas dependencias de un edificio. Con ellos se evita añadir demasiado peso muerto al suelo, que antiguamente era de tabla.
Machetón, que le sigue en sección, empleado para las paredes de mayor resistencia, en media o doble asta.
Rasilla, aún de menor sección que el tabiquero, se usaba para hacer bóvedas sobre los pontones, tramos de escaleras y cubiertas de los tejados, usando dos o más capas cruzadas unas sobre otras.
De entre todo aquel montón de cascotes, basculados en cualquier hondonada comunal y bosques privados, a veces también en las riberas de los ríos, pude rescatar un buen número de ladrillos enteros, aparte de los partidos y medios, que son igualmente aprovechables en la construcción.
Una vez al pie de obra los limpiaba del mortero, que por fortuna solía ser de cal y arena.
Cuál sería mi alegría cuando, al rascar la cal en uno de ellos, di con este texto grabado sobre la húmeda arcilla el cual transcribo “ad pedem litterae”:
“Un individuo que nació el día 23 de Febrero de 1888
y que murió el día 23 de Febrero de 1900, qué edad tenía”.
Está hecho con una letra caligráfica, inglesa, totalmente legible, salvo por algunos desperfectos y rotura del ladrillo.
A continuación del texto viene una cuenta así dispuesta:
  1 9 0 0
- 1 8 8 8
_______
  0 0 1 2, 0 0
Lo usé junto con otros ladrillos tipo tabiquero, en la construcción de la campana de la chimenea de troncos en el salón, a la altura de la vista. Años después lo rescaté cuando decidimos encastrar una chimenea de hierro fundido y puerta de cristal por el mayor rendimiento energético que tienen.
Un hallazgo tan baladí, es para mí de gran valor y por eso ahora me apetece recogerlo entre las ayalgas de este blog para disfrute de los lectores.
La historia verdadera de ese ladrillo y del escrito, es decir la anterior a que yo lo hallase por azar en una escombrera, me dio para pensar y comentar con los amigos con los que comentaba del tema.
En un principio pensé que se trataba de una especie de estela donde se narraba con toda la crudeza la muerte prematura de algún guaje de los que ayudaban en la tejera. Puse el acento, en la edad que solían tener los niños, guajes, que iban como ayudantes a las tamargas.
Con el tiempo me fui formando otra idea menos cruenta de lo que el barro trasmitía, quizás llevado por mi profesión que ejercía.
– Y ¿por qué no podría tratarse de un simple problema aritmético?; – propuesto en una clase al aire libre, quizás en el descanso del almuerzo.
Los ladrillos, después de sacados del molde, los llevaban al secadero, antes de pasarlos al horno.
Los tamargos eran de toda condición y edad. Los guajes solían ir a las tejeras con su padre o encomendados a algún otro familiar o vecino. Podía ser la enseñanza que sobre el cálculo le daba un padre a su hijo o que, simplemente alguno cualquiera de los obreros, con estudios, la letra lo confirma, quisiese enseñar a los demás. ¡Qué mejor pizarra que un bloque de barro aún fresco! Como stylo, es decir, como estilete, cálamo o pluma, quizás usase el cañón afilado de un helecho seco usado en los toscos camastros y que era también el material combustible en los hornos, junto con los gromos y cádabas del tojo.
La verdad sea dicha que, si es esa la explicación más plausible, podría haber puesto otro ejemplo más alegre que la muerte de un chiquillo de doce años. Bastaría que preguntase por la edad que tenía el chiquillo en el día de su cumpleaños. Aún sigo teniendo mis propias dudas entre la primera y la segunda interpretación que le di al caso, pero me quedo mejor con la segunda, por supuesto.
Esta es la foto que tengo de la ayalga.



Esta es la forma de contar en xíriga, que era el habla de los tamargos llaniscos y que aún la siguen hablando en algunas poblaciones donde tuvo mayor arraigo. Muchos vocablos de la Llingua usada en la zona oriental que comprende Llanes y para no herir susceptibilidades se hace extensible de igual forma a las limítrofes: Ribadedeva, las dos Peñamelleras, Cabrales, Onís y la Riosellana, tienen su origen en esta habla, inventada como otras más relacionadas con los oficios, para proteger el saber especializado del tamargo.

Como curiosidad aquí detallo la forma de contar en xíriga:

1:Ba/bate. 2:Bi. 3:Iru. 4: Lau. 5: bos. 6: Seí. 7: Zaspi. 8: Sorti. 9: Bedecerasti. 10: Amar. 11: Amica.
Del doce al diecinueve se construyen con el prefijo Amar (10) seguido de las unidades: 12: Amarbi. 13: Amariru. 14: Amarlau. 15: Amarbos. 16: Amarseí. 17: Amarzaspi. 18: Amarsorti. 19: Amarbedecerasti. 20: Oguei. 100: Eún. Mil: Emilia. Millón: Emilio.
Y de la misma forma, las veintenas: Ogueiba, Ogueibi, Ogueiiru, Ogueilau, Ogueibos, Ogueiseí, etc.
La tercera decena y siguientes se construyen con el sistema en base veinte combinado con la de diez:
30: Oguei amar (20+10). 40: Bioguei (2 x 20). 50: Bioguei amar (2x20+10). 60: Iruoguei. 70:Iiruoguei amar. 80: Lauoguei. 90: Lauoguei amar.
Ejemplos:
54: Bioguei amar lau.
345: Irueún bioguei bos.
3.576: Iruemilia boseún iruoguei amar seí.

Recomendable ejercicio para mantener las facultades mentales en perfecto funcionamiento.
Para conocer el vocabulario de xíriga, visita desde el mismo blog en este enlace que hice a tal fin.


miércoles, 13 de febrero de 2013

ARQUEOLOGÍA DOMÉSTICA


Existe aún la pésima costumbre de dejar tirados los objetos y enseres sobrantes en las casas, en los bosques y junto a los ríos. Se ven de esa forma, cuando se camina por el campo, basureros piratas, de restos de construcción así como las viejas cubiertas de uralita, ruedas, frigoríficos, lavadoras, sillones, mesas, ventanas y un sinfín de cosas más.
El mar tampoco se salva de este trato. Por la orilla de la costa, se encuentra todo resto de basuras como bolsas, latas de conservas, botellas de plástico o cristal y montones de colillas. Lo que se echa al agua, uno se lo puede imaginar. Basta caminar por los pedreros de las playas donde viene todo a parar con las fuertes riadas del invierno y se encuentra de lo mismo. 
La conciencia ecológica tardará aún muchos años en arraigar si no se fundamenta en el ámbito de las aulas, tanto de escuela como de instituto. Las orillas de las carreteras son verdaderos depósitos de basuras y no se libran de este trato los caminos y las calles.  
Recuerdo ver, de mis años en el instituto, que el carro municipal de la limpieza basculaba los residuos al acantilado, por la parte más occidental del paseo. Esa actitud, nada extraña entonces, se debía a la ignorancia ecológica que nos envolvía. Vivíamos en una desinformación total, bien programada por el sistema y los medios de que disponíamos no eran suficientes para comprender el planeta en el que vivimos. Lo creíamos poco menos que infinito y de tanto decirnos que éramos, los humanos, sus absolutos dueños, lo teníamos creído. Como especie dominante sobre el resto de seres vivos, según antiguas escrituras, todo había sido creado para nosotros, incluidos, claro está, los mares, los ríos y las montañas. Ahora, nadie piensa así, pero se siguen haciendo atrocidades en el medio ambiente con el pretexto del desarrollo y de la economía.
Los bosques siempre fueron despensa de frutos secos y fuente de energía barata no exclusiva de las gentes de los pueblos. Los ganaderos gestionaban el bosque como pastos, recogiendo la hoja caída y segando la hierba con el fin de usarlo todo como cama del ganado del establo y obtener así un bien tan indispensable como es el estiércol para el cultivo o el abono de las fincas de las que se alimentaba el ganado. Así se mantenían limpios y toda rama caída o cañón roto por el viento, se recogía para calentar la chapa de la cocina y a su vez toda la casa.
Andando en alguna de las anteriores tareas por el bosque, pude encontrar basureros piratas donde se podían ver los más diversos materiales del desguace de las viejas casas: maderas, ladrillos, azulejos, lavabos, inodoros, cisternas, cocinas de chapa, cocinas de gas, aparadores, espejos, lámparas, armarios, somieres, largueros, mesillas de noche, algunos prácticamente utilizables.
Podría seguir una lista interminable de materiales, pero entre tanta cosa abandonada, hace bien poco, di con varios baúles amontonados sobre un montón de escombros de cal y ladrillos y no pude por menos que llevarlos para casa. Era verano y al menos no se habían mojado y conservaban aún el polvo del desván donde habían pasado varias décadas. Los pude encajar uno en otro para poder meterlos en el furgón, como si se tratase de las matrioskas rusas. Curiosamente, todos tenían alguna peculiaridad que lo distinguía del resto. Ninguno era igual ni en la construcción ni en el tamaño, de tapa redonda tres de ellos y plana el resto. Dos están protegidos por cantoneras y flejes , cierres y clavos de hierro. Uno venía cubierto de loneta y otro aún conservaba restos de cuero. Sólo uno era enteramente de madera.
Al abrir el más pequeño me encontré con un viejo tambor de doble parche, aún tensos con llaves de apriete muy oxidadas y un viejo molinillo de café, de madera apolillada. Los fui restaurando a la vez que, vista la forma de su construcción, construí otros más adaptados a los distintos rincones y usos de la casa. En las casonas antiguas de la gente más pudiente, los baúles se usaban para distintos cometidos. Después su uso se generalizó en las casas más humildes hasta que fueron desplazados por la moda de los armarios.
En el mayor de todos, guardamos la colección de toallas que nuestras madres se empeñaron en coleccionar para nosotros. Al abrirlo nos devuelve el grato olor del algodón seco. En un lateral trae grabado el nombre del último destino que debió tener, cuando su dueño regresó de indiano a la casa que lo vio nacer, repleto de regalos para los sobrinos: “LA HABANA”. ¡Cuánta historia guardará en sus tablas de abeto que aún conservan el olor colonial de la isla!
En otro, más arcón que baúl, guardamos las ropas que se usan para el trabajo y para la playa. También escondemos en él las palas de tenis que nunca tuvimos tiempo de usar, las gafas y las aletas de buceo, las playeras, bañadores, gorros de baño, cremas solares, y diversas mochilas que uno se resiste a tirar. En este viejo arcón se guardó antaño la molienda del maíz y el jamón curado del sanmartín, las latas de embutidos en grasa del cerdo, las bolsas con habas, es decir, era la despensa y el mayor tesoro de cualquier familia campesina.







lunes, 28 de enero de 2013

VICENT VAN SOBERO GARCÍA

Vicente Sobero García es, a todas luces, un artista, adjetivo que se tiene bien merecido por la obra desarrollada a lo largo de su trayectoria pictórica. Es un artista que se fue haciendo a sí mismo desde los primeros años, apenas pasada la pubertad.
Un domingo que había ido con mis amigos a la fiesta de Cue, lo encontramos en la plaza del pueblo. Comenzaban a ocupar el quiosco los músicos. Hablando de cualquier cosa, me imagino que algo relacionado con estudios o trabajo, me contó que en los ratos libres que le quedaba de su tarea en el campo se dedicaba a pintar. Yo, de momento, pensé que se trataría de la pintura de brocha gorda, como suele decirse con carácter despectivo, pero no era esa mi intención, pues pintar con brocha es también un arte. Además, muchos pintores, cuando alcanzan dominio con el pincel y cierto prestigio, vuelven a las raíces del arte rupestre y, en lugar de pinceles, usan brochas y cambian los lienzos de tela por paredes o rocas.
Le seguimos hasta una vieja casa, muy cerca de donde nos encontrábamos. Subimos las viejas escaleras hasta el piso de madera que era todo él una diáfana sala, bien iluminada por los ventanales y una galería. De las paredes colgaban ya los primeros paisajes y figuras devotas, copias de cuadros hechos por los más destacados artistas clásicos que él conseguía de las ilustraciones de viejos almanaques. Qué otra fuente de inspiración mejor podría tener mi amigo en aquellos años, aparte de los libros de la Biblioteca Municipal y la rudimentaria televisión en blanco y negro que se veía ocasionalmente en el bar del pueblo o el Nodo del Cinemar. Fue para mí la primera exposición que visité y quizás el origen de mi gusto posterior por visitarlas.
Aquella primera etapa de copia de estudio fue continuada con la copia del natural, para la que no habrían de faltar numerosas calas de la costa corita, así como hermosos rincones del pueblo, sólidas y antiguas casas de bien labradas piedras y de nobles maderas que aún perduran en los balcones, galerías, portones y aleros. Y otra etapa más donde ensayó la figura en movimiento, la expresión y psicología del retrato tanto de su familia como de vecinos y amigos.
Se echaba en falta un pintor nativo que plasmase en lienzo las hermosas y primeras vistas que debieron impresionar su tierna retina de niño. Le cupo en fortuna al pueblo tener entre sus hijos a Vicente Sobero y a éste, idéntica de haber nacido en él.
Quizás haya habido alguna otra influencia en la primera etapa de Vicente que le inclinase por la pintura. Corría el año 1964 cuando cumplidos los catorce años, termina su escolarización primaria. Al director del Colegio La Arquera, el Hno. Pedro González, profesor en el Aula Comercial, le debió llegar noticia de las inclinaciones pictóricas de Vicente y le manda invitación para que asista a su clase.
De todos es bien conocida la importancia que se le daba a la Caligrafía en dicho colegio y de la fama que con esta disciplina disfrutaba, como con otras áreas del conocimiento que allí se impartían como Francés, Mecanografía y Contabilidad. A los alumnos más destacados en Caligrafía y Rotulación se les encargaba la realización de las orlas y grecas que adornaban diplomas y títulos académicos y eran realizados con plumilla y tiralíneas en tinta china negra y de colores. En esa labor artística anduvo Vicente un tiempo, el poco que le permitía su tarea campesina familiar de la que no podía ni trató nunca de evadirse.
Visité hace unos días su exposición con la idea de encontrarme con él, pero no estaba en aquel momento en la sala. Volví otro día, pregunté por él y me dijeron que ya se acercaba la hora habitual en la que solía venir, momentos antes del cierre.
A pesar de conocerla, recorrí de nuevo toda la exposición que es una pequeña muestra antológica de su inmensa obra y, aunque la mayor parte de los cuadros está sacada de las colecciones particulares, encontré también creaciones recientes que aún exhalan el aroma a pino y a linaza.
Llegó al fin. Hacía tiempo que no coincidíamos, apenas en algunas ocasiones nos habíamos encontrado por la calle, con prisas los dos, seguramente con esas prisas de no saber uno a dónde va ni por qué corre. Había salido en varios medios de comunicación, tanto de prensa como de radio, la referencia a esta exposición en la Casa de Cultura.
Con toda seguridad, y a pesar de que ha expuesto en otros muchos lugares, éste sea para Sobero el más importante. No se me ocurrió preguntarle por ello, pretendiendo adivinarlo por puro ejercicio introspectivo.
Es un buen comunicador y con él no es preciso llevar un cuestionario previo. Está pendiente del visitante, conocido o no, para indagar lo que más le atrae y explicarle cuanto esté dispuesto a saber de la obra en cuestión. Ver el conjunto de la exposición es como pasar las hojas de un manual de historia de Cue y de Llanes. En ella cuenta no sólo parte de su historia personal y artística, sino retazos de la historia de todos. Qué lujo, tener un artista tan a mano.
Yo quise añadir a su historia parte de la mía, en varios puntos entrecruzadas. Aparte del narrado al principio que él aún recuerda, otro segundo de mi etapa como estudiante de Magisterio en Oviedo.
A mí me atrajo siempre la pintura y aunque tenía cierta facilidad para ella, reconozco que no hice los esfuerzos necesarios para conocer a fondo sus técnicas de forma seria. Los pocos fines de semana que me quedaba en Oviedo, aprovechaba para visitar cuantas exposiciones se hacían en las salas Nogal, Juan Gris, Van Gogh y Caja de Ahorros, aparte de alguna otra más que eventualmente se abría al público. Los domingos, me acercaba hasta la Plaza "El Fontán" donde había visto en varias ocasiones algunos artistas tomando apuntes de las balconadas, puestos con sus toldos y tiendas bajo los arcos.
Aquella soleada mañana, estaba a rebosar de gentes que acudían a mercar o a mirar en los puestos de libros de viejo y otros de moneda y sellos que a mí me atraían en especial. Desde una de las entradas, por entre las gentes que hormigueaban, percibí el caballete y cuando me acerqué más, me encontré con la figura del pintor, tal como la había siempre imaginado de los pintores de Montmartre y Pigalle, que comenzaba a dar las primeras pinceladas sobre el terso y blanco lienzo. Me quedé un tanto apartado para no molestar al maestro, pues recordaba una frase que había leído relacionada con la pintura al aire libre y que tanto preocupaban al pintor como es la lluvia, el viento, los niños y los curiosos.
Fue al volverse en la silla para añadir color a la paleta, cuando le reconocí a pesar del atuendo y la perilla que se había dejado.
Hace ya veinte años, acudí a las clases que daba en su estudio de pintor. De entonces aún conservo una acuarela que pintó como muestra y varios dibujos míos a lápiz que me obligó a hacer antes de iniciar las técnicas del color. Hay que aprender antes a dibujar las cosas en su sitio, las perspectivas, la profundidad, los planos junto con la composición, me dijo.
Sus cuadros rezuman la esencia del pasado, narrado con todo lujo de detalles. Los personajes representados, algunos tristemente desaparecidos, parecen hablarnos desde allá. Las maderas coroyadas, las ventanas aguantadas por viejas bisagras que en la realidad seguramente fueron sustituidas ya por otras más modernas, son testigos mudos del pasado, narrado por el artista con una paleta ajustada al color real, a veces, de croma triste que logra crear en la sala una bruma de fuerte nostalgia. En algunos de ellos, se recrea provocando al espectador con los recursos más complicados de su realismo mágico incitándole a tomar el lápiz que parece colgar de un hilo o despegar el papel cebolla y la cinta adhesiva con que cubre algunos elementos del cuadro.

Mi admiración hacia él como artista no es mayor que la que siento hacia su persona por saber de sus orígenes y el arduo camino que tuvo que recorrer para llegar a serlo.

Más datos:
"Entre los doce y los catorce años, periodo en que va a la escuela comienza a pintar de forma autodidacta dejándose aconsejar de los pintores que va conociendo, como Alfonso Iglesias, Manuel Monteserín y otros. En esta etapa adolescente estudia por correspondencia dibujo y pintura y con quince años expone por primera vez en la sala del Casino de Llanes, momento desde el que comienza a recibir los primeros encargos. Marcha a Oviedo para trabajar como dibujante en la empresa MAPRA dedicada a la sergrafía y a la publicidad.
En 1971, un afamado restaurante madrileño le encarga la decoración con pinturas suyas.En la capital, compatibiliza el trabajo con los estudios en la Escuela de Artes y Oficios y posteriormente en la E. Superior de Pintura, Escultura y Grabado, en la que supera el Grado Preparatorio que le permite acceder al ingreso en la Academia de Bellas Artes de San Fernando donde tuvo como maestros entre otros a Mariano Moré Cors y Pedro Mozos.
El Ministerio de Defensa le contrata para realizar trabajos de vexilología en el Servicio Histórico Militar, donde pintó originales para restaurar obras del Museo del Ejército.
En 1978 se incorpora a la Galería Heller de Madrid dentro del colectivo "Inventores de la Realidad", junto a personajes del mundo de la pintura tan famosos como Antonio López, Cristóbal Toral, Eduardo Naranjo, Carmen Laffón y Amalia Avia con quienes expone periódicamente en obras colectivas de dicha galería.
En 1980 regresa a Cue desde donde viaja continuamente para exponer sus obras en lugares tanto de España como de Francia e incluso Japón.
En 1981 Caja Duero adquiere algunas de sus obras para su pinacoteca.
En 1993, algunos de sus trabajos resultaron seleccionados para la exposición conocida como "Las Edades del Hombre".
Desde hace cinco años expuso su obra en el taller-estudio del Centro Regional de Artesanía y Artes Plásticas en el pueblo de Poo."

Exposiciones:

1965/69.- En el Salón principal del Ayuntamiento de Llanes.
1979.- Americam Women's Club de Madrid y Sala de exposiciones de la AISS de Llanes.
1980.- Galería Artex de Badajoz y Galería Heller, colectiva de Madrid.
1981.- Sala de Caja de Ahorros de Salamanca (hoy es Caja Diero) en Zamora.
1985.- Sala Tioda de Gijón.
1986.- Galería Nogal de Oviedo.
1987.- Galería Barón de San Carlos en Llanes.
1991.- Medalla "La Gastronomía en la Pintura" de Otur. Sala Iwate en Japón.
1992.- Galería Honcho, "España y Japón, dos realidades del 92'". En Yokohama, exposición patrocinada por la Embajada de España en Tokio.
1993.- Magna exposición "Las Edades del Hombre" en Salamanca.
2003.- Galería de Arte Acinas, Exposición Colectiva sobre la Mar, de Avilés.
2004.- Galería Arte Acinas de Avilés.
2005.- Invitado como organizador de la 1ª Feria Internacional de Arte, en Roquetas de Mar de Almería. Galería de Arte Ansorena de Madrid.
2012.- Ateneo de Cáceres.

Tiene obras en diversas colecciones particulares y pinacotecas por todo el mundo y durante años sus obras permanecieron expuestas en diversas galerías de Asturias, Madrid y otras provincias españolas.

Su trabajo bibliográfico:
Heráldica e Historiales del Ejército, Ministerio de Defensa, Madrid.
Inventores de la Realidad, Galería Heller, Madrid.
Las Edades del Hombre, Junta de Comunidades de Castilla y León.
Libro-Catálogo Colección Caja Duero, Salamanca.
(Apuntes tomados del catálogo hecho por el Ayuntamiento de Llanes para su Exposición antológica en la Casa de Cultura, del 15 de diciembre de 2012 al 29 de enero de 2013.)

El cuadro del fondo es una de las copias a las que me referí, realizada por Vicente con tan sólo dieciséis años.

Nota:
Ramón, querido amigo: Me he quedado muy, muy sorprendido cuando, buscando por internet unas cosas sobre mi trabajo, me encontré con estos "Renglones perdidos"; (yo añadiría como el titulo de uno de los libros de Torcuato Luca de Tena y Álvarez-Ossorio  ...torcidos de Dios", pero es igual; el asunto es que me lo he leído todo, porque además de estar muy bien narradoo, me pones bien (menos mal!..jeje). Me emocionó. Un fuerte abrazo. Vicente.

jueves, 13 de diciembre de 2012

Romances y Trovas: Porrúa (III)


Por Genaro Haces Haces. 1993 . Porrúa.

I
El día primero de mayo,
del año noventa y tres
que es fiesta de San Felipe,
la primera del verano.
II
No pretendo ser poeta
ni igular a Celso Amieva
voy a hacer unas estrofas
para alegrar las penas.
III
Siete componen la empresa
de esta famosa excursión,
Pedro José va el primero
como buen conocedor.
IV
Edel y Carmen Romano,
Tonio y Laura también van
con el retoño que tienen
que le pusieron Hernán.
V
El día ameneció nublado
y con trazas de llover,
pero el ánimo es muy grande
y no piensan en ceder.
VI
Arrancaron en dos coches,
con mucho humor y jolgorio,
pues así lo decidieron,
de subir hasta Los Corros.
VII
Ya por la fuente La Peña
empezaron a vociar
como los buenos pastores
cuando ya van a llegar.
VIII
Llegaron a La Venera,
a la cabaña de Tote,
se dicen unos a otros:
¡Qué gusto tuvo este hombre!
IX
Tote les está esperando,
pa comer en la cabaña,
pues había mucha rosada
pa comer en la mayada.
X
Dos pastores que allí andaban
a saber de sus ganados,
ni cortos ni perezosos,
deciden acompañarlos.
XI
Estos pastores que digo,
los debéis de conocer:
uno le llaman Fabián
y, el otro, Lucio Javier.
XII
Subiendo a La Vega el Cobu,
tuvieron un altercáu;
unos, pel Valleyu l'Agua,
y otros que por El Castráu.
XIII
Llegando al Sillón de Arriba
se detienen las rapazas,
pues acaban de subir
una tirada muy larga;
en vez de ser un sillón,
podía ser una butaca.
XIV
Llegaron a Jorticeda
y deciden descansar
para poner allí el nombre
para la posteridad.
XV
Del Cierru hasta Ventaniella
dieron mcuhos resbalones
y lo que más les cabreó,
el no ver Los Resquilones.
XVI
En La Pisada la Mula,
que ya es terreno del Cuera,
allí, los que más corrían,
el Guaje y la Panadera.
XVII
Llegaron al Mumular
y la tarde estaba oscura,
allí el que menos corría,
era Tonio el de la cuba.
XVIII
Llegando ya a Tornallás,
bajando hacia la cabaña,
el Guaje llegó el primero,
porque bajaba a tou trote;
se arrodilló y dijo a la madre:
es más guapa la del Tote.
XIX
Los que no conocían,
quisieron ver el estanque,
pues es una cosa muy buena,
que allí el agua nunca falte.
XX
Saliendo de Tornallás,
de pronto llegó el nublado
y se dicen unos a otros:
ahora estamos fracasados.
XXI
Los tres pastores que iban
al tantu de las rapazas
les dedicaron una estrofa
que no ponen buena cara.
XXII
Carmen y Edel son ligeras
para bailar El Pericote,
pero ya no lo son tanto
para andar por estos montes.
XXIII
Ya cogieron el sendero
pa Los Jogos de Cadora
para llegar a Llapudia
en menos de un cuarto de hora.
XXIV
Llegaron a Llapudia
y empezó una gran porfía;
todos querían mandar,
pero nadie decidía.
XXV
En La Vega de Llapudia,
desde tgiempo inmemorial,
cada cinco años se juntan
los pastores del lugar.
XXVI
Cinco pueblos la componen
esta mancomunidad
para aprovechar El Puerto
y defenderlo de verdad.
XXVII
Dos horas largas llevaban
en aquel peregrinar.
La gente ya va cansada
y con ganas de llegar.
XXVIII
Salieron ya de Llapudia
con más con más pena que gloria,
porque Hernán les decía
se está acabando la bota.
XXIX
Están llegando a la vega
llamada Jou La Espina;
el nublado ya levanta,
parece que les anima.
XXX
Siguiendo por el sedero,
llegaron a Manzaneda
y uno de ellos dijo en alto,
hay que hacer una pará,
pues da gusto descansar
viendo pastar las becerras.
XXXI
En la cima de aquel cueto,
ya con ganas de sentarse,
dijeron los conocedores:
aquélla es la Vega Brañes.
XXXII
Antes de llegar a Brañes
hay un cuetu muy famosu,
por si alguno no lo sabe,
se llama Cuetu Pioyosu.
XXXIII
Ya se ven allá unos prados
y también unas cabañas;
los fresnos están brotando,
allí le llaman La Mata.
XXXIV
A la llegada a Tebrandi
echaron unos cantares,
porque ya se divisaban
los pueblinos de Cabrales.
XXXV
Dieciséis pueblos componen
el concejo de Cabrales,
donde hay muy guapas mozas
y muy serios los chavales.
XXXVI
Algunos ya sospechaban
que les iba engañando,
pues no se divisa Asiego
hasta que no vas llegando.
XXXVII
Por fin llegaron a Asiego,
pueblo de gran hermosura.
Allí ya cantaban todos
nuesgtro himno de Porrúa.
XXXVIII
Qué contentos se pusieron
por llegar a Casa Juan;
allí ya no les importa
lo que vayan a gastar.
XXXIX
Ya olvidaron el cansancio
de tanto caminar;
son rapazas y rapaces
y lo van a festejar.
XL
Ya llegaron los tres coches
que subieron a buscarlos,
pues ya, antes de salir,
es lo que habían concretado.
XLI
Joaquín y Nuria los fueron a acompañar
con Mari Loli y Andrés
y con Tino del SOCAL.
XLII
Allí se despidieron
de la gente de aquel pueblo;
adiós al chigre de Juan,
adiós al pueblín de Asiego.
XLIII
Ya arrancó la comitiva
con ganas de cenar;
si en Canales está lleno,
cenaremos en Soberán.
XLIV
Ya comieron y bebieron
de mucho humor y jarana;
vamos a tomar unas copas
y marcharnos para casa.
XLV
A las doce de la noche
llegaron a La Guiyón
con la ilusión, si está bueno,
volver por San Ramón.
Y aquí se acaba la historia
de esta famosa excursión.
FIN

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Romances, Trovas: Porrúa (II)


Nueva excursión de la gente de Porrúa a Cuera, en 1948, relatada por Armando Romano Sánchez

I
Tiene el pueblo de Porrúa
gente muy aventurera
y aquí tenéis el ejemplu
de una excursión que fue a Cuera.
II
Manuela queda encargada
para subir la bebida,
como anda tan apurada,
en el pueblo se le olvida.
III
La mujer de Serafín
se levanta la primera
y dice a la rapacina:
"anda que vamos a Cuera"
IV
Después de masar la torta
y preparar el arroz,
asoma encima la puerta
y a Su Los Robles da un voz.
V
Tere sal de la cama
más deprisa que volando
como cuando está la madre
en la cocina llamando.
VI
Armando que despertó
y la vio ya levantada,
conmovido preguntó:
¿Adónde vas tan apurada?
VII
No se lo quería decir,
pero si es que te interesa,
voy a subir pel Cabañucu
y bajar por Sal de la Pesa.
VIII
Harta de estar en Jogos
la mujer de Manuel Pérez
vino muy enfurecida
a la cabaña de Tere.
IX
Cándida que la ve,
ni corta ni perezosa,
va a la cabaña y se pone
el vestidín color rosa.
X
Salieron de la cabaña
Manuela y María Selina
y en Su los Robles se juntan
a Cándida y a Lupina.
XI
Tere quedaba en la choza
revolviendo la cuayada
y, al ver marchar las otras,
arranca desesperada.
XII
Quedan las cabañas solas,
no siendo la de Vicenta,
porque allí llega Gabriel
encargáu de hacer la renta.
XIII
Cuando pasan por La Va,
a medio hacer las labores,
invitan para viajar
a la tía Rosa y a Dolores.
XIV
Ellas contestan así:
"Nosotras de buena gana,
pero están Colás y Pío
con muchísima galbana.
XV
Cuando pasan por Los Jogos,
Melina empezó a llorar,
porque su madre la dijo
que se tenía que quedar.
XVI
Ya doblaron a Los Texos
cinco mujeres del Valle,
una era de la Jorcada
y las otras de La Calle.
XVII
Otra que las acompañaba
era del barrio Sorvilla
que quedaba en la cabaña
llorando a la su Chiquilla.
XVIII
Con ellas va Belarmino,
pero este no es criticado,
que siguiendo su camino,
va a recoger el ganado.
XIX
Pasando por Calicantu
invitaron a María
y ellas les dijo que no,
porque ya lo conocía.
XX
Al pasar por Cotariellu,
invitaron a Constantina
que si quería venir,
con ellos, a ver la mina.
XXI
Tiene que estar con el toru,
por si acaso vienen vacas
y, además de todo eso,
tiene que sacar patatas.
XXII
Cuando pasan por Las Pipas
dijo Celesto Sobrino:
"en excursiones bonitas
no debe faltar el vino"
XXIII
Milio, el del Pozu Manxón,
muy entroncáu en La Peña,
vio pasar a la excursión;
creyó que iban a Carreña.
XXIV
Cuando van atravesando
por onde La Llosa Vieya,
vieron en La Vega el Cobu
a Manuel de La Caleya.
XXV
Por apurarse a correr,
subiendo La Cruceyada,
Selina dice a su madre
que se siente muy cansada.
XXVI
Acompañando a Selina
va el hijo de Manuel Pérez
que, a pesar de ser muy joven,
ya le gustan las mujeres.
XXVII
Ramón, el hijo del Vivo
que los vio de Najarón,
echa el trabajo en olvido
y se va con la excursión.
XXVIII
Llegan a La Vega el Cobu,
se aumenta la comitiva,
porque estaban esperando
cinco de casa de Oliva.
XXIX
Estaban Pedro y Alfonso,
Bibi, Maruja y Juanito;
dejaron al padre solo,
¡vaya cuadro más bonito!
XXX
Por El Valleyu de Nansa
suben las de la Texuca,
tres elocuentes muchachas:
Dori, Cosuelo y Maruca.
XXXI
Dori va la delantera
para pescar la cuadrilla,
va más contenta pa Cuera
que si fuera pa la Villa.
XXXII
Para refrescar un poco
se metieron en la cueva
y, en esto, vieron venir
las hijas de Pepe Amieva.
XXXIII
Con ellas vienen también
dos mozos de Los Cumbriales
con unos grandes anteojos
para mirar a Cabrales.
XXXIV
Iba Antonio el de Juanito
con mucha capacidad;
dio a Nievas las alpargatas
para más comodidad.
XXXV
Y por último llegaron
sudando a gota llena
para unirse a la excursión
Covadonga y Magdalena.
XXXVI
Después de cebar el toru,
como quien no quier la cosa,
llega muy afatigáu
Marcos el de La Juiciosa.

XXXVII
Felisa la de Joaquín,
que de eso no sabe nada,
la encuentran cuando subían
tropando muy apurada.
XXXVIII
Buena tentación le dio
de abandonar la pradera,
prenderle fuegu al jelechu
y dise con los del Cuera.
XXXIX
Cuando ya está preparada
para marchar la excursión
no llegaron a un acuerdo
y forman un gran follón.
XL
Todos quieren ir por Medas,
pero el de La Caleya
arranca por Jorticeda
como llobu tras la oveya.
XLI
La gente queda pasmada
cuando se marcha Manuel,
por no deshacer el grupo
todos se fueron con él.
XLII
Toman El Valleyu el Agua
y Alfonso, muy picaruelo,
les iba echando el anteojo
a las piernas de Consuelo.
XLIII
Se despiden de Manolo,
el vecino de Barriales,
que por andar al jelechu
no pude ver a Cabrales.
XLIV
De La Boca las Traviesas
vieron otra caravana;
se van acercando a ella
y, era gente caldueñana.
XLV
Llegaron a Jorticeda
y saludan a esa gente;
como cosa de costumbre,
van a beber a la fuente.
XLVI
Se cruzan varias palabras
como gente conocida
y, entonces, las excursiones
a una queda reducida.
XLVII
Pasaremos a la historia,
para que cojan honores,
ocho personas de Villa
y una chica de Debodes.
XLVIII
Cinco de casa de Gómez:
Pepe, el padre, y Marcelina,
Matilde, con una bota
y, la comida, Delfina.
XLIX
Esther y Carmina Coro
también van en la cuadrilla
con Piedad la de Benigno
y otra vecina de Villa.
L
Toman El Sillón de Arriba
con mucha tranquilidad
y Manuel de la Caleya
se puso junto a Piedad.
LI
En El Picu divisaron
un paisano de zurrón
y por eso conocieron
que no era de la excursión.
LII
Lu empezaron a chanrriar
y les tiró un morrillazu.
¡Vaya modu de chillar
que tuvieron los de abaju!
LIII
Y por fin se decidieron
como gente de quimera
y era Julio el de Sofía
que iba con cabras pa Cuera.
LIV
La Piedra la Señorita
ninguna la saludó,
ninguna lleva su nombre,
todas entienden por "SO".
LV
Marcos se les escapó
movilizando la tropa;
fue el primero que llegó
a ver los Picos de Europa.
LVI
Después de un corto descanso
en la Cruz de Ventaniella,
se puso en camino Marcos
y va como una centella.
LVII
En la pisada La Mula
por seguir a Magdalena,
a Nieves la de Los Cumbriales
se le encaballó una vena.
LVIII
En el Colláu Mumular
las pasaron del demonio,
porque creían ver al llobu
y resultó Pedro Antonio.
LIX
Llegaron a Tornallás
los de Porrúa y Caldueñu
y encontraron a La Vega
como una casa sin dueñu.
LX
Cuando cruzaron La Vega
se quedaron admirados
de una pelea de carneros
que estaban muy enfaenaos.
LXI
Viendo que los animales
detienen mucho a la gente,
se cansaron de mirarlos
y siguen hacia la fuente.
LXII
Después de quitar la sed
echaron una tonada
y se ponen en camino
en dirección a Haba.
LXIII
Dejaron a Tornallás,
la mayor vega del puertu,
y hasta El Colláu Periquillo
todo lo hallaron desierto.
LXIV
Allí pegan una voz
todos juntos en unión
y siguen hacia La Vega
formando gran procesión.
LXV
Llegando a La Vega de Haba
de mucho amor y campaña
de pronto ven a Sarita
mirarlos de la cabaña.
LXVI
Tere, Nieves y Maruja
la fueron a saludar
y enseguida los rancheros
tocaron para formar.
LXVII
Y como en toda La Vega
ya no encuentran más que ver,
a la sombra de un paré
se pusieron a comer.
LXVIII
Cuando acaban de comer
en aquella extensa mesa,
quedaron muy satisfechos
de lo que a nadie interesa.
LXIX
Cogen el camín del Cantu
y al dejar La Vega de Haba,
Piedad dirige a Manuel
una angélica mirada.
LXX
A la mitad del caminu
todos se cubren de miedu
por la negra obscuridad
que produce aquel jaedu.
LXXI
Allí nadie se detiene,
toda la gente camina,
y a lo lejos divisaron
una galería de mina.
LXXII
Cuando llegaron al Cantu
creyeron ver un rebecu
y era Vicente el de Rita
reblagáu en un piñuecu.
LXXIII
Se metieron en la mina
porque no había capataz
y les vino reclamando
este ignorante rapaz.
LXXIV
Ninguno quiso escuchar
a este imbécil de Vicente
que a lo lejos fue a insultar
de una manera indecente.
LXXV
Alfonso, muy atrevido,
se subió a la vagoneta;
le dieron un empujón
y se fue a la puñeta.
LXXVI
Por hacerse el valiente
vaya susto que llevó
cayendo por un valleyu,
desencajado quedó.
LXXVII
La caída fue con suerte
no llevando el menor golpe
y entonces marcha la gente
corriendo a todo galope.
LXXVIII
Ya se despiden del Cantu
dejando atrás la mina
y aquel rebecu llanudo
y a la madre de Fermina.
LXXIX
Esta era Soledad
que allí estaba con Vicente,
no se portó como él
que fue mucho más decente.
LXXX
Cruzando la cordillera,
pasaron a La Cerrosa
y en El Picu la Lluvinca
estaban Joaquín y Rosa.
LXXXI
En este mismo lugar
disminuye la excursión,
porque la gente de Villa
se marcha pa San Ramón.
LXXXII
Manuel se marcha con ellos
de bastante buena gana
que pueden llegar a ser
los vecinos de mañana,
LXXXIII
Quedaron los de Porrúa,
pero Alfonso el de Gabriel
marcha con los de Caldueñu
al ver que se va Manuel.
LXXXIV
Bajaron rápidamente
La Cuesta de San Martín
y se perdieron de vista
junto a Los Praos de Pachín.
LXXXV
Entonces los de Porrúa,
pasando las Humielgas,
llegaron al Abeduliu
a ver aquellas bodegas.
LXXXVI
Ante la casa de Ángel
reciben una impresión
y se quedan admirados
todos los de la excursión.
LXXXVII
Como el sol ya no molesta
toda la gente se anima;
dejan atrás el caminu
para ir a Jogulespina.
LXXXVIII
Llegando a dicho lugar
esta excursión porruana
no les quisieron dar agua
ni Covadonga ni Juana.
LXXXIX
Covadonga contestó
que allí no tienen taberna;
al que tenga mucha sed
puede beber en la duerna.
XC
Están solas en La Vega
cada cual en su cabaña,
eso de negar el agua
es de gente muy tacaña.
XCI
Los últimos que llegaron
ya les sacó del apuru,
que además de darles agua
les dio un piescu bien maduru.
XCII
Esta mujer obró mal
por no ponernos iguales
muchos vienen mal contentos
de la gente de Cabrales.
XCIII
Salen de Jogulespina
caminu de la tierruca
y se ponen a bailar
en Peyos de La Texuca.
XCIV
Cuando van atravesando
El Valle de Bujarrera,
muchos hacen juramento
de no volver más al Cuera.
XCV
Como palomas perdidas,
llegaron al Cabañucu
y les dio mucha alegría,
porque ya se ve El Mazucu.
XCVI
Se presentaron en Medas
donde ven una cabaña,
a Concha frente a la cueva
y a Manuel venir de argaña.
XCVII
La nube les anunció
que muy pronto llovería
y como flechas se lanzan
corriendo el que más podía.
XCVIII
Llegando a La Vega El Cobu
los coge un gran chaparrón
y, sin hacer despedida,
se deshizo la excursión.

Versos tomados de unos apuntes que me proporcionó Víctor Tamés, vecino de Porrúa.

domingo, 2 de diciembre de 2012

Romances, Trovas: Porrúa(I)


"EXCURSIÓN A CUERA", 1934

por Manuel Romano Haces. Nolón.

I
Son las seis de la mañana,
mucho la gente madruga
y en alegre caravana
plan, planito, hala que hala,
la emprenden por La Mazuga.
II
Es hombre conocedor
el capitán que los guía
y nadie siente temor,
ni se arredra del calor
en tan venturoso día.
III
Todos siguen a Ramón
sin miedo a romper la crisma
que, si Pelayo volviera,
con esa tropa venciera
a la fullera morisma.
IV
Son dueños de la palabra
Victorín y el gran Quinito,
sin llegarse a comprender,
no es posible, qué va ser,
en medio de tanto grito.
V
Aunque está justificada
la una y otra porfía
sin importarles un bledo,
porque Gabriel ni Alfredo
dicen esta boca es mía.
VI
Como gamos perseguidos
dejan atrás La Mañanga
por el sol algo aturdidos
y se miran afligidos
al ver tan lejos Peñablanca.
VII
Con semblante acogedor,
descienden al valle todos,
como si nadie los viera,
pasan por Collau Rubiera
y antes la Prida y los Corros.
VIII
En La Concha de la Cueva,
al mirar para El Travieso
y verlo tan empinado,
se queda alguno perplejo,
mas pronto está reanimado.
IX
Ramón les dice los nombres
del camino que va a Cuera
y ya Juanón y Quinito
cerraron del todo el pico
sin llegar a Jorticeda.
X
Aquí saciaron la sed
en esta fuente bendita
que Dios puso en la vereda
entre xetos de tomillo
y albahacas de pradera.
XI
Ya están sobre los picachos
de la alta cordillera,
y Sebas da un "viva España"
que percute en La Cabaña
de La Cruz de Ventaniella.
XII
Asoman a Tornallás
y Juan lanza un bozinazo
de aquella altura roqueña
que se escucha hasta en Carreña,
estremeciendo el espacio.
XIII
Recibidos en la Vega
por su canciller Tamés,
les preguntó por Rioja:
tenía una pata coja
y se quedó en Llagapiés.
XIV
Desde la abrupta Lluvinca
contemplan un panorama
de una belleza inefable
viendo Cabrales, un valle
que goza de justa fama.
XV
Frente a ellos está el Naranjo,
soberbio y piramidal,
donde algún desventurado
dejó la vida de lado,
por hacer lo que Pidal.
XVI
Por La Cerrosa, hasta El Cantu
y, a la orilla de una fuente,
mitigaron la carpanta,
sobre la braña por manta
y dando diente con diente.
XVII
Sorprendidos se quedaron
en el pico de Turbina,
el más alto que hay en Cuera,
contemplando la marina
desde Colombres a Nueva.
XVIII
Nacho lanza un "ijujú"
Como mozo en Noche Buena,
comparando aquellos riscos
a los que encuentra mellizos
de las montañas de Luena.
XIX
Ahora Juan canta:
"La Pica de Piedra Llacia
es la más alta de Cuera
y yo digo que Turbina
ventaja alguna le lleva"
XX
Todos vieron con espanto
cómo el Alcaldín, al vuelo,
haciendo muy raros trucos,
se trepaba a los hayucos
y Sebastián desde el suelo.
XXI
Con grandes dificultades
descendieron con valor
dandos sendos trompicones
y sietando los calzones
por la parte posterior.
XXII
En La Canal de las Torres,
pasaron las de Caín,
a lo que nadie era ajeno,
porque se le cansó un remo
al valeroso Alcaldín.
XXIII
Un descanso y se reponen,
por razones ilusorias,
y rendidos, cien por cien,
van caminando al vaivén,
al salir de Las Berodias.
XXIV
Por El Texedu, de noche,
pasamos por La Pereda
cabizbajos y maltrechos,
pero siempre satisfechos
de aquella excursión a Cuera.

FIN

Versos tomados de unos apuntes que me proporcionó Víctor Tamés, vecino de Porrúa.


lunes, 10 de septiembre de 2012

LA BAJADA DE LA GUÍA

El mes de septiembre cierra con broche de oro el período folixeru llaniscu con las fiestas de Nuestra Señora Virgen de Guía.
Es momento de regresar a los lugares de residencia, de quienes volvieron un año más a su tierra de origen o a la de sus padres. Es como un alto en el camino que se debe continuar, con la esperanza del regreso en el año venidero.
En este mes puede decirse que existe un turismo religioso, sin frivolizar, porque noto, tanto en “La Bajada” como para “La Subida”, que a la gente nos mueve algo más que lo puramente folixeru. Quien viene por estas fechas a Llanes, busca algo más que la arena de nuestras playas.
No obstante el boato con que se engalana a la imagen de La Guía, fue y es la imagen más venerada de las gentes más humildes de la villa, los marineros, y por la de los pueblos de la periferia, salvo unas excepciones. Esta diferente devoción religiosa entre los llaniscos, fue antaño más radical que lo es hogaño. Era, si se examina fríamente, una forma solapada de ejercer el derecho a manifestarse en lo que se podía, ya que dentro de la esfera política, no cabía discusión alguna.
Es en la noche del día 7 de septiembre cuando tiene lugar “La Bajada de la Guía”, por el trayecto que hay desde el sitio donde se levanta la capilla hasta la Basílica, acompañada en procesión silenciosa, lenta, solemne y portada por los cofrades. Abren camino los farolillos, estandartes y arcas de los Misterios, que portan los más jóvenes, con rostros hieráticos, de traje y corbata y guantes blancos. Siempre me produjo la impresión de asistir a un paso tardío de Semana Santa, un tanto triste, por el silencio de la gente que desfila y de los que esperamos a un lado de la calle, y por el movimiento de los pábilos de las velas. Desde donde me sitúo todos los años a esperarla, junto a la “Casa Contró”, puedo ver el tramo último de la bajada y otro en llano hasta la entrada en el puente. Los murmullos de la gente agolpada en las aceras que habla y comenta se extinguen como una onda cuando aparecen los primeros cirios que abren la procesión. Los minutos parecen expandirse y se hacen eternos mientras se organizan en líneas de a tres, todas las “Mantillas”, unas de tocado negro o blanco, cada cual eligiendo aquél que más realce su cara y su figura, o quizás, el que mejor exprese los sentimientos que lleve en el corazón.
Busco entre ellas, caras amigas, familiares, compañeras de estudios, de trabajo y alumnas. Al fin, aparece la imagen, como una luminaria que combate la oscuridad, porque ese es uno de los sentidos de esta fiesta. El paso de los que la llevan, ha de ser rítmico y con él parece dársele vida. Se le humedecen los ojos y se le agranda el espíritu al espectador cuando se ilumina de pequeñas luciérnagas la blanca tez de la imagen. Junto al edificio de Correos, se incorpora la Banda Municipal que marca el paso hasta que llega al puente.
Atajo por la plaza de las Barqueras y salgo a la orilla del muelle, porque quiero verla mirando al mar. ¡Cuántos recuerdos se me agolpan en esta noche. Mis compañeros de instituto, residentes en el Colegio Menor, se incorporaban por estas fechas al nuevo curso y en la procesión, llevaban los farolillos, uniformados con chaqueta azul, pantalón largo gris, corbata granate y guantes blancos. Apenas me vienen a la memoria unos pocos apellidos: Inguanzo, Hevia, Bode, Burgos, Gonzalo, Maya... y quedan en el olvido tantos y tantos más.
De las cámaras digitales brotan ráfagas de luces que se convierten en pequeñas perlas que se cuelgan de la brillantes mirada con que el artista imaginero la creó. Algo parecido a una pequeña descarga eléctrica recorre mi médula estremeciéndome de emoción.
La Guía mira, con rebeldía, a la bocana del puerto y sus destellos se reflejan en el agua mientras su figura queda enmarcada con Tieves al fondo. Rompe la oscuridad de la noche una lluvia de colores que toman forma de palmeras. Un niño subido en los hombros de su padre llora sin consuelo. Así me subió el mío y yo hice lo mismo con los míos por que percibieran desde arriba todo el espectáculo. El padre le fabula que las luces son estrellas y el niño sofoca sus miedos entre suspiros. Unos minutos más tarde comienza a sonar la traca que ya no puede soportar en sus tiernos oídos.
Una sirena de altavoz, imita, o quizás sea la misma, a la que sonaba en el viejo edificio de la Lonja y el niño llora de nuevo. La sirena es la voz para los que emigraron allende el mar y que no pudieron venir, le quisiera yo decir, pero el ruido me lo impide.
Este año, no pude estar, pero me bastó cerrar los ojos y sentirlo, porque lo llevo muy dentro.