AL LECTOR:

Narraciones de hechos y acontecimientos recordados por el autor; otras recogidas de la tradición oral y escrita.

domingo, 24 de febrero de 2013

LÁPIDA EN LA FUENTE DE LA HUERTA'L MONXE


PARTE I ( Diciembre, 1966)

Mi compañero Ángel Borbolla y yo fuimos una mañana en bicicleta hasta la cantera abierta en la falda sur de la sierra de Pimiango para arrancar, a golpe de pico, material con que hacer el hormigón de la cimentación del chalé. Teníamos que darnos prisa en tener suficiente cantidad como para no hacer el viaje en balde cuando llegase el camión a recogerlo. Dejamos el material extraído por la mañana a pie de carga; después de la comida, teníamos que cargarlo a pala en la carroceta. Ese había sido el trabajo de tarea que nos marcó el man a las ocho y media de la mañana para todo el día y confiado en que lo cumpliríamos, arrancó su Lambreta y no volvió a inspeccionarlo. 

Comimos deprisa con la idea de dar una vuelta por el pueblo antes de que llegase el transportista. Era un territorio totalmente desconocido para mí y lo más alejado de mi casa que jamás había estado nunca hacia la zona oriental. Al día siguiente superé la distancia cuando me envió Froilán a por un paquete de puntas  y una piqueta para los encofradores, a la ferretería de Bustio.  

Nos acercamos hasta ver el mar desde el mirador, después de recorrer equivocadamente las enracimadas callejuelas del pueblo.
Abajo se levanta el faro que en las noches evita a los marinos chocar con la costa y que tantas veces vi sus destellos en las noches que me habían atrapado por el alto de La Corona bajando la leche de la cabaña. Sus destellos los había visto desde la lejanía, junto con otros más tenues por lo lejanos ya en tierras cántabras, cuando la bruma no difumina el litoral, cual pequeñas luciérnagas en las noches de junio. Allí abajo, al pie de la la Sierra Plana de Pimiango, se encuentra la Cueva de “El Pindal” de la que tuve noticia por primera vez en las clases de Historia con D. David Ruiz González.
Esta cueva fue habitada durante el Asturiense y el Magdaleniense final. Es en 1911 cuando el Abate Breuil con el Alcalde del Río, publican en Mónaco una monografía, "Las cavernas de la Región Cantabrica". En el estudio incluyen esta cueva que desde entonces pasó a formar parte del Patrimonio Artístico Regional. Posteriormente, en 1929, D. José Fernández Hernández, párroco de Colombres le dedica su estudio entre 1927 y 1933 y que publica luego en Covadonga. En 1954, Magin Berenguer y Francisco Jordá dedican en el Boletín del Instituto de Estudios asturianos un trabajo a este hallazgo. En él se da cuenta de al menos cuarenta y cinco pinturas rupestres, reunidas en cinco lugares de la caverna, donde se pueden ver bisontes (11), caballos (9), elefantes (2), tres cérvidos, un jabalí, un pez y otros signos.
Algún otro día tendré ocasión y tiempo sobrado de llegarme hasta ella, me prometí. Esta vez el tiempo del que disponíamos no daba para bajar y subir el sinuoso tramo del pendiente camino.

Los días se fueron volviendo fríos casi al final del mes. Se acercaba la Navidad. La nieve llegó puntual entonces, y como si tratase de hacer de Buelna una postal, lo cubrió completamente todo de una espesa capa de nieve, hasta la misma costa. Era difícil distinguir en la obra las pilas de las piedras de las de arena. Faltaron algunos albañiles y nos pusimos por mandato del cantero, Pepe "El Gallegu", casado en La Franca, a cavar la zanja para traer el agua desde un pequeño manantial que había no lejos en una cota más alta que la casa. Justamente en la cota de nivel en el que tunelaron la autovía. Las manos se cuarteban por la fría humedad y sangraban al roce con el asta de la azada, con las árgomas y terenos que debíamos arrancar. Sin guantes de obra, tan sólo nos resguardaba las katiuscas y el traje de agua, que encontraba por las mañanas rígido por la helada, colgado en la caseta de obra. 
Ni el clima ni el cansancio me impidieron recorrer, al mediodía, poco a poco los alrededores y encontrar rincones que quedarían en mi recuerdo. El primero de ellos, fue el bufón al que nos acercamos en varias ocasiones. En una de ellas, bajamos unos metros por dentro de sus fauces de alabastro, en días que estaba dormido. En otras, sufrimos la rociada de su lluvia o sentimos la débil bóveda que lo cubre, que vibraba bajo nuestros pies en el momento que un estruendo nos infundía respeto y hasta pavor. Allí comprendí que la costa caliza es una intrincada red de cavernas por donde fluye el mar como la sangre por las arterias. En las calicatas que abríamos al pie del muro de contención del chalé, observé la blanca arena embolsada en el barro, empujada por el aire a presión bombeado con el fuerte oleaje.
Siguiendo la costa, otro día quise llegar hasta el final por ver desde otro ángulo la playa de la Franca, pero me entretuve rodeando una finca de algo más de media hectárea que está cerrada con pared de piedra que en sitios sobrepasa con creces los dos metros de altura, siendo su grosor de un metro. Cuando acabé de dar la vuelta a la muralla, encontré el dintel labrado de la entrada con signos de haber sujetado una robusta puerta. Aunque conozco huertos bastante más pequeños con entradas de piedras labradas y cercados por verdaderas murallas que están destinados a plantar hortalizas, aquella finca, sin embargo, la imaginé destinada a otros menesteres. 
Un rápido escalofrío me despertó de mi imaginación. Se acercaba la hora de entrada. De hecho sentí cómo arrancaba el motor de la hormigonera y eché a correr alejándome veloz con esa disculpa de aquel frío y tétrico reducto.

PARTE II  (Junio, 1984) 

Por no dejarlo para otro momento, y haciendo un corte en el tiempo biográfico que guía mis escritos, paso a contar lo que me sugiere esta, para mí, inconsecuente construcción a poca distancia del acantilado. Hoy se encuentra casi oculta por la maleza, arraclanes, madroños, alloros y encinas como si la naturaleza quisiese fagocitar y borrar cualquier vestigio de un tiempo pretérito que yo me obstino en delatar. Será poco fiable mi hipótesis por falta de documentos, pero es sobradamente intrigante para que el lector ávido de aventuras se llegue a dicho paraje e intente hacer la suya.
Cuando llegué por primera vez a Pendueles como maestro, diecisiete años después del tiempo de mi fortuito hallazgo, recordaba perfectamente aquella finca y los alrededores y hasta ellos llegué en mis paseos de reconocimiento del lugar.
Saint Iuste>Santiuste> San Justo está claro que es topónimo de la advocación a este santo y se me vino a la mente el Monasterio de Yuste donde vivió sus últimos días el Emperador. El mismo rey que de mozo había pasado por estos pagos, elevando a categoría de real el antiguo camino de peregrinos. Hace cinco siglos la entrada habría sido otra que la de hoy en día. Quizás el camino, una vez dado vista al pueblo de Pendueles, atajaría por el lugar donde estuvieron las Cocheras de la Condesa que bien podían haber sido continuidad de otras mucho más antiguas donde se guardarían o se repararían los carruajes y se hiciese el recambio de la caballería por otra de refresco. El camino seguía por delante de la casona de Riegas evitando la Bárcena anegada cerca de la Laguna. El agua allí desaparecería por las cuevas del subsuelo hasta resurgir en el lugar de Cianos/Cienos, posible ciénaga por dónde atravesaría el agua el último obstáculo antes de entregarse al mar, por la playa. Al otro lado de un cueto se puede escuchar el sonido del agua correr desde la pequeña abertura de una cueva junto a la playa de El Picón de Buelna.

Pero volvamos al camino real que dejamos, por ir tras el agua, junto a las murallas de la vieja abadía que, según escuché decir, dio el nombre primitivo al pueblo. Seguía el real camino por el barrio de La Venta adentrándose en robledales y castañedos que poblaban de sombras y hojarascas para solaz del caminante el actual barrio de Berines nacido posiblemente al par que la estación y la escuela a principios del pasado siglo y ya en Raos recargada la calabaza en la fresca fuente continúa el viajero por Camplengo hasta Buelna. Allí resta aún residual el recuerdo del humilladero donde se paraba a la oración y seguía en dirección a Santiuste el camino muy cerca de la ubicación del traído chalé. A pocos metros otra fuente y abrevadero aún se conservaban junto a los restos de la primera carretera, desplazada por la actual, como pago ecuánime de haber desplazado a su vez al viejo camino. Nueva Venta en Saint Iuste, en el camino real con restos de cierto empaque señorial por sus columnas de arenisca que parecen echarle el pulso al tiempo, antes de adentrarse por Ubrade en la bajada al puente de piedra sobre el río Cabra, desde donde se divisa el Molín de los Prados. Los caballos y los caballeros se cansaban por estas rutas plagadas de riachuelos y vericuetos. Era septiembre cuando D. Carlos pudo contemplar el bufón y quizás se paró a verlo.
Nuevos hallazgos me afianzaron la idea. Mario y Conchita, abuelos de varios de mis alumnos en la Escuela de Pendueles, con quienes tuve la ocasión de charlar, me dijeron que aquel cierre que tanto me había llamado la atención se conocía como la huerta del “Monxe moro”. Pensé en algún eremita perdido en oraciones por esta costa y busqué sin éxito una ermita, la de Saint Iuste. La finca de Santiuste llegaba  del mar al río, antes de ser seccionada en dos por la actual carretera y la construcción del puente de la Franca. Sigue el camino cerca de la Venta y de la casa palaciega con capilla propia y otras dependencias, otrora señorío de un famoso Inquisidor.

Poco más que estos datos pude obtener en el boca a boca con la gente del pueblo. Ramón Pidal Noriega, recordado vecino, amigo y avezado pescador, me comentó al respecto que, escondida entre la maleza de la finca, junto a la entrada de “La huerta'l Monxe”, había una gran losa con leyenda que nunca él había podido traducir. 

Quedé con él en acompañarle un domingo para buscarla y transcribir el texto, sin duda, escrita en latín, según me dijo. Lo fui dejando, creyendo que hay siempre tiempo para todo, pero mi amigo se fue para siempre y con él la exacta ubicación de la placa. 

En mi idea sólo acierto a pensar en el uso de aquella finca cerrada a cal y canto como reducto para condenados a galeras. No tiene sentido tal construcción para otra dedicación a no ser que la paciencia y la tozudez del monje le llevase a castigar su cuerpo arrastrando las rocas y quisiese allí aislarse del mundo atraído por los fuertes rugidos que el cercano bufón lanzaba con bocanadas de espuma al cielo cual bestia de los avernos.

PARTE III (Noviembre, 2011)

Esta ayalga es la que más trabajo me dio encontrar el verdadero significado de su nombre. Y como no acababa de encontrar una explicación plausible, estuve a punto de crear una leyenda sobre ella.
Pero para todo es preciso dejar que el tiempo ponga su parte.
En él detallé cómo con dieciocho años había trabajado de peón con el cantero que labró y colocó las piedras en el conocido en la zona, como chalé del pintor Segura.

Aquí, dejo tan sólo lo relativo a la ayalga que nos lleva a los popularmente turísticos "Bufones de Santiuste", lugar perteneciente al pueblo de Buelna, del concejo de Llanes, por tanto, límite más oriental de Llanes, con el Concejo de Ribadedeva, en el puente de La Franca sobre el río Cabra.

¡Quién me iba a decir a mí de mozo, que pasados otros tantos años, estaría de maestro en la Escuela de Pendueles, a escasos cinco kilómetros de Santiuste!

Con el ánimo de conocer el entorno, recorrí con mi familia aquellos lares y así es como también descubrimos, a continuación de los bufones, la "guerta'l
 Monxe moro” que de igual forma la nombraban los vecinos de edad a quienes yo preguntaba. 

En una hondonada de la extensa finca, encontramos un cierre de piedra, en cuya pared del Oeste, pudimos ver el dintel en piedra tallada de una entrada al recinto. Observé detenidamente las piedras y encontré señales inconfundibles del encaje de una robusta puerta y la barra de cierre por fuera.

Tendría que volver otro día, para recorrer la finca por dentro. No podía ser únicamente para uso del ganado. Dentro hay una mancha importante de encinas y otras especies arbóreas autóctonas. Y una cueva medio tapada por los aluviones de las lluvias que arrastrarían hasta su boca los materiales de areniscas. También encontré, cerca del bufón principal, los restos de una explotación de mineral de hierro. 

Seguiría las pesquisas iniciadas hacía varios años con el citado matrimonio del barrio la Llobera, Mario Díaz y Conchita Salas, abuelos de tres de mis alumnos, pareja que había vivido en la casa que tiene el palacio de Santiuste destinada a los empleados que administran las fincas y ganadería, así como tierras de labrantío y bosques pertenecientes a la misma propiedad que la del Palacio. Granja y casa están separadas por la N-634, cerca del puente de La Franca, sobre el río SanTiuste, hoy más conocido como el R. Cabra y que en tiempos pasados, era la demarcación frontera entre La Montaña, bastión de Laredo y el concejo de Llanes, en Las Asturias. Por la amistad con un vecino de las escuelas en Raos, que en aquel momento estaba de encargado de la casería, pude acercarme al conocimiento de las instalaciones palaciegas de Santiuste. Pero mi amigo Kin cambió el trabajo por otro mejor y nunca llegué a poder investigar la finca por completo. Visité en varias ocasiones "La Huerta'l Monxe", pues es un sitio donde florecen bien las manzanillas. Hice varias caminatas con los alumnos de Buelna y Pendueles durante los quince cursos que estuve en sus aulas y con muchas amistades que echamos durante los veraneos. Muchas de esas amistades, oriundos de la zona, desconocían en parte o totalmente aquellas ayalgas que yo les mostraba.

En un primer momento, pensé en algún eremita perdido en oraciones por esta costa y busqué sin éxito la ermita de Saint Iuste. Llegué a pensar que se tratase de una capilla anexa a la edificación a la que nunca había podido acceder. En la cuesta que se levanta al sur de la finca, limítrofe al mar, creí ver los restos de alguna edificación donde pudiera haber existido dicho templo, pero por los datos obtenidos con posteridad, pero al acercarme a explorarlo noté el aspecto de un viejo palomar.

Dejé aparcado el tema de la supuesta lápida de la Huerta'l Monxe Moro de Santiuste y fue cuando pensé dedicarlo a otro escrito en el que, en forma de leyenda, se me ocurrió poner como personaje principal, al Emperador, CARLOS I que, indudablemente pasó por estos parajes, desde Llanes hasta el Palacio de los Colombres, en Pimiango, un veintiocho de septiembre, en concreto el de mil quinientos diecisiete. 

PARTE IV (Julio de 2013)
Transcurridos quince años en la Escuela de Pendueles y otros diez más en la Escuela de Vidiago, ya a punto de la jubilación, casualidades de la vida, tuve la ocasión de visitar el palacio por fuera. Visita que hice con mi amigo Juan Daniel y en momentos que estaban las actuales dueñas de la finca.

En el bosque que limita la finca de alrededores del palacio con el río, encontré los restos de una ermita, apenas unos muros de un metro de altura, en los que no se pueden más que adivinar los huecos de la puerta y ventanas, pero desprovistos de los quicios que me imagino tallados. Con toda seguridad que serían aprovechados para otras construcciones posteriores a su abandono. Por dentro hay vestigios de otras paredes que formarían espacios dedicados al culto unos y a la vivienda del monje o monjes. Allí estaría la capilla de Sant Iuste que yo había estado buscando sin éxito por la otra parte de la finca, al norte de la carretera N-634.

También tuve ocasión de reconocer la famosa lápida, de la que me había hablado Ramón Pidal Noriega y pude fotografiar su leyenda, aunque también hay palabras que por incompletas, siguen siendo de difícil transcripción, no me parece extraño que a Pidal le pareciese latín. Hay que aclarar que en el sitio de la fuente estaría tomada de musgos y yedras, por lo que la lectura no era posible. 

Dice así con trazo fino labrado en ella:

<< M IZOSSE ESTA FVENTE A ESPENSAS


M JSS S DIOS FELIPE RUBIN DE CELIS J PARIENTE


MAS DE S. M. Jpnbi ROCENSVALLES HALLANDOSE EN SU


ANO DE 1192 RUEGAN A DIOS POR EL Y


LOS SUYOS >>

El término "Moro" que sigue a Monje, viene dado por el hecho de que fuese de la orden de los Agustinos, que vestían hábito negro, frente a los clérigos de la orden del Cister, que usaban el color blanco, tales como los que atendían el Monasterio de Santa María de Tina en la vecina localidad de Pimiango, que en próxima ayalga daré cuenta también de cómo la "descubrí". 

La finca en la que se asienta el señorial Palacio de Sant Iuste debía abarcar un gran espacio entre la costa, al Norte, al Este con los altos acantilados a la desembocadura del Cabra en los arenales de La Franca y el mismo río; al Sur también con el río y al Oeste con la sierra plana de Buelna. Ambas propiedades está claro que estuvieron unidas antes de la construcción de la carretera y del puente de La Franca, pues el río Cabra se vadeaba por el Camino Real al oeste del caserío, donde hubo hasta tiempos no tan lejanos, una Venta de la que aún quedan vestigios de su importancia y valor constructivo. Ese camino y paso de peregrinos cruzaba el río Cabra que viene desde La Borbolla, por un puente romano que aún podemos ver junto al Molino del Campo, y desde donde se sale a la Franca. 

Sin perder de vista los datos aportados por la historia que dicen del palacio que perteneció a un inquisidor, no tengo por menos de imaginar el uso que le pudo haber dado al reducto que hoy se conoce como “Huerta'l Monxe moro”, como pudo ser la reclusión de reos confesos destinados a redimir su condena como remeros en los barcos. 

En la esquina sudeste de la fachada del citado palacio, se puede ver la placa en cerámica azul las figuras de los dos santos que le dan nombre: San Justo y Pastor. Así se originaría el topónimo: Saint Iuste>Santiuste.
<< M IZOSSE ESTA FVENTE A ESPENSAS

M JSS S DIOS FELIPE RUBIN DE CELIS J PARIENTE

MAS DE S. M. Jpnbi ROCENSVALLES HALLANDOSE EN SU

ANO DE 1192 RUEGAN A DIOS POR EL Y
LOS SUYOS >>


Hay algunas letras rotas, seguramente del tiempo que estuvo colocada junto a la fuente de la Huerta'l Monxe. La lápida en sí también presenta algunas grietas, propias de las calizas de montaña.

Nota nueva: 

En el diccionario geográfico universal, 5: dedicado a la Reina Nuestra Señora …que encuentro en esta dirección de Google, leo la referencia a D. Felipe Rubin de Celis y Pariente, prior de Roncesvalles y gran abad de Colonia, entre otros insignes y linajudos personajes llaniscos.




jueves, 21 de febrero de 2013

MENSAJE DE UN TAMARGU LLANISCU


De entre los escombros pude rescatar antiguos ladrillos macizos que fui utilizando en la restauración de mi vivienda. Cada vez más raros, adquieren un gran valor de mercado, bastante por encima del ladrillo de factura moderna, que no son más que malas imitaciones; porque se usan para dar un toque rústico en las viviendas.
También rescaté algunas maderas de castaño, ménsulas, columnas, pontones y vigas. La madera de castaño se considera un material noble, muy común en la construcción antigua, ya sea de corredores, galerías, hórreos y paneras que, por lo general, se conserva en perfectas condiciones siempre que no estén bajo techo. Esta madera aguanta bien el clima húmedo de Asturias, siempre que esté expuesta, al menos una parte del día, a los rayos del sol y bien aireada. No hay más que fijarse. La fachada principal, sobre la que se montan, está orientada cuando menos al Sur y como mínimo al Este que es un viento seco y tiene asegurado el sol en el horario de la mañana.
De igual manera, tal como ladrillos y maderas, se encuentran tiradas piedras de los dinteles de las puertas y ventanas; me viene a la mente el gran esfuerzo de los canteros para labrarlas y encajarlas a medida justa a golpes de maza sobre el cincel.
Volviendo al tema de los ladrillos macizos, se hacían tres tipos de ladrillos con igual medida de largo y ancho:
Tabiquero, el de menor sección de los dos tipos, destinado como dice su nombre en la construcción de los tabiques que separan las distintas dependencias de un edificio. Con ellos se evita añadir demasiado peso muerto al suelo, que antiguamente era de tabla.
Machetón, que le sigue en sección, empleado para las paredes de mayor resistencia, en media o doble asta.
Rasilla, aún de menor sección que el tabiquero, se usaba para hacer bóvedas sobre los pontones, tramos de escaleras y cubiertas de los tejados, usando dos o más capas cruzadas unas sobre otras.
De entre todo aquel montón de cascotes, basculados en cualquier hondonada comunal y bosques privados, a veces también en las riberas de los ríos, pude rescatar un buen número de ladrillos enteros, aparte de los partidos y medios, que son igualmente aprovechables en la construcción.
Una vez al pie de obra los limpiaba del mortero, que por fortuna solía ser de cal y arena.
Cuál sería mi alegría cuando, al rascar la cal en uno de ellos, di con este texto grabado sobre la húmeda arcilla el cual transcribo “ad pedem litterae”:
“Un individuo que nació el día 23 de Febrero de 1888
y que murió el día 23 de Febrero de 1900, qué edad tenía”.
Está hecho con una letra caligráfica, inglesa, totalmente legible, salvo por algunos desperfectos y rotura del ladrillo.
A continuación del texto viene una cuenta así dispuesta:
  1 9 0 0
- 1 8 8 8
_______
  0 0 1 2, 0 0
Lo usé junto con otros ladrillos tipo tabiquero, en la construcción de la campana de la chimenea de troncos en el salón, a la altura de la vista. Años después lo rescaté cuando decidimos encastrar una chimenea de hierro fundido y puerta de cristal por el mayor rendimiento energético que tienen.
Un hallazgo tan baladí, es para mí de gran valor y por eso ahora me apetece recogerlo entre las ayalgas de este blog para disfrute de los lectores.
La historia verdadera de ese ladrillo y del escrito, es decir la anterior a que yo lo hallase por azar en una escombrera, me dio para pensar y comentar con los amigos con los que comentaba del tema.
En un principio pensé que se trataba de una especie de estela donde se narraba con toda la crudeza la muerte prematura de algún guaje de los que ayudaban en la tejera. Puse el acento, en la edad que solían tener los niños, guajes, que iban como ayudantes a las tamargas.
Con el tiempo me fui formando otra idea menos cruenta de lo que el barro trasmitía, quizás llevado por mi profesión que ejercía.
– Y ¿por qué no podría tratarse de un simple problema aritmético?; – propuesto en una clase al aire libre, quizás en el descanso del almuerzo.
Los ladrillos, después de sacados del molde, los llevaban al secadero, antes de pasarlos al horno.
Los tamargos eran de toda condición y edad. Los guajes solían ir a las tejeras con su padre o encomendados a algún otro familiar o vecino. Podía ser la enseñanza que sobre el cálculo le daba un padre a su hijo o que, simplemente alguno cualquiera de los obreros, con estudios, la letra lo confirma, quisiese enseñar a los demás. ¡Qué mejor pizarra que un bloque de barro aún fresco! Como stylo, es decir, como estilete, cálamo o pluma, quizás usase el cañón afilado de un helecho seco usado en los toscos camastros y que era también el material combustible en los hornos, junto con los gromos y cádabas del tojo.
La verdad sea dicha que, si es esa la explicación más plausible, podría haber puesto otro ejemplo más alegre que la muerte de un chiquillo de doce años. Bastaría que preguntase por la edad que tenía el chiquillo en el día de su cumpleaños. Aún sigo teniendo mis propias dudas entre la primera y la segunda interpretación que le di al caso, pero me quedo mejor con la segunda, por supuesto.
Esta es la foto que tengo de la ayalga.



Esta es la forma de contar en xíriga, que era el habla de los tamargos llaniscos y que aún la siguen hablando en algunas poblaciones donde tuvo mayor arraigo. Muchos vocablos de la Llingua usada en la zona oriental que comprende Llanes y para no herir susceptibilidades se hace extensible de igual forma a las limítrofes: Ribadedeva, las dos Peñamelleras, Cabrales, Onís y la Riosellana, tienen su origen en esta habla, inventada como otras más relacionadas con los oficios, para proteger el saber especializado del tamargo.

Como curiosidad aquí detallo la forma de contar en xíriga:

1:Ba/bate. 2:Bi. 3:Iru. 4: Lau. 5: bos. 6: Seí. 7: Zaspi. 8: Sorti. 9: Bedecerasti. 10: Amar. 11: Amica.
Del doce al diecinueve se construyen con el prefijo Amar (10) seguido de las unidades: 12: Amarbi. 13: Amariru. 14: Amarlau. 15: Amarbos. 16: Amarseí. 17: Amarzaspi. 18: Amarsorti. 19: Amarbedecerasti. 20: Oguei. 100: Eún. Mil: Emilia. Millón: Emilio.
Y de la misma forma, las veintenas: Ogueiba, Ogueibi, Ogueiiru, Ogueilau, Ogueibos, Ogueiseí, etc.
La tercera decena y siguientes se construyen con el sistema en base veinte combinado con la de diez:
30: Oguei amar (20+10). 40: Bioguei (2 x 20). 50: Bioguei amar (2x20+10). 60: Iruoguei. 70:Iiruoguei amar. 80: Lauoguei. 90: Lauoguei amar.
Ejemplos:
54: Bioguei amar lau.
345: Irueún bioguei bos.
3.576: Iruemilia boseún iruoguei amar seí.

Recomendable ejercicio para mantener las facultades mentales en perfecto funcionamiento.
Para conocer el vocabulario de xíriga, visita desde el mismo blog en este enlace que hice a tal fin.


miércoles, 13 de febrero de 2013

ARQUEOLOGÍA DOMÉSTICA


Existe aún la pésima costumbre de dejar tirados los objetos y enseres sobrantes en las casas, en los bosques y junto a los ríos. Se ven de esa forma, cuando se camina por el campo, basureros piratas, de restos de construcción así como las viejas cubiertas de uralita, ruedas, frigoríficos, lavadoras, sillones, mesas, ventanas y un sinfín de cosas más.
El mar tampoco se salva de este trato. Por la orilla de la costa, se encuentra todo resto de basuras como bolsas, latas de conservas, botellas de plástico o cristal y montones de colillas. Lo que se echa al agua, uno se lo puede imaginar. Basta caminar por los pedreros de las playas donde viene todo a parar con las fuertes riadas del invierno y se encuentra de lo mismo. 
La conciencia ecológica tardará aún muchos años en arraigar si no se fundamenta en el ámbito de las aulas, tanto de escuela como de instituto. Las orillas de las carreteras son verdaderos depósitos de basuras y no se libran de este trato los caminos y las calles.  
Recuerdo ver, de mis años en el instituto, que el carro municipal de la limpieza basculaba los residuos al acantilado, por la parte más occidental del paseo. Esa actitud, nada extraña entonces, se debía a la ignorancia ecológica que nos envolvía. Vivíamos en una desinformación total, bien programada por el sistema y los medios de que disponíamos no eran suficientes para comprender el planeta en el que vivimos. Lo creíamos poco menos que infinito y de tanto decirnos que éramos, los humanos, sus absolutos dueños, lo teníamos creído. Como especie dominante sobre el resto de seres vivos, según antiguas escrituras, todo había sido creado para nosotros, incluidos, claro está, los mares, los ríos y las montañas. Ahora, nadie piensa así, pero se siguen haciendo atrocidades en el medio ambiente con el pretexto del desarrollo y de la economía.
Los bosques siempre fueron despensa de frutos secos y fuente de energía barata no exclusiva de las gentes de los pueblos. Los ganaderos gestionaban el bosque como pastos, recogiendo la hoja caída y segando la hierba con el fin de usarlo todo como cama del ganado del establo y obtener así un bien tan indispensable como es el estiércol para el cultivo o el abono de las fincas de las que se alimentaba el ganado. Así se mantenían limpios y toda rama caída o cañón roto por el viento, se recogía para calentar la chapa de la cocina y a su vez toda la casa.
Andando en alguna de las anteriores tareas por el bosque, pude encontrar basureros piratas donde se podían ver los más diversos materiales del desguace de las viejas casas: maderas, ladrillos, azulejos, lavabos, inodoros, cisternas, cocinas de chapa, cocinas de gas, aparadores, espejos, lámparas, armarios, somieres, largueros, mesillas de noche, algunos prácticamente utilizables.
Podría seguir una lista interminable de materiales, pero entre tanta cosa abandonada, hace bien poco, di con varios baúles amontonados sobre un montón de escombros de cal y ladrillos y no pude por menos que llevarlos para casa. Era verano y al menos no se habían mojado y conservaban aún el polvo del desván donde habían pasado varias décadas. Los pude encajar uno en otro para poder meterlos en el furgón, como si se tratase de las matrioskas rusas. Curiosamente, todos tenían alguna peculiaridad que lo distinguía del resto. Ninguno era igual ni en la construcción ni en el tamaño, de tapa redonda tres de ellos y plana el resto. Dos están protegidos por cantoneras y flejes , cierres y clavos de hierro. Uno venía cubierto de loneta y otro aún conservaba restos de cuero. Sólo uno era enteramente de madera.
Al abrir el más pequeño me encontré con un viejo tambor de doble parche, aún tensos con llaves de apriete muy oxidadas y un viejo molinillo de café, de madera apolillada. Los fui restaurando a la vez que, vista la forma de su construcción, construí otros más adaptados a los distintos rincones y usos de la casa. En las casonas antiguas de la gente más pudiente, los baúles se usaban para distintos cometidos. Después su uso se generalizó en las casas más humildes hasta que fueron desplazados por la moda de los armarios.
En el mayor de todos, guardamos la colección de toallas que nuestras madres se empeñaron en coleccionar para nosotros. Al abrirlo nos devuelve el grato olor del algodón seco. En un lateral trae grabado el nombre del último destino que debió tener, cuando su dueño regresó de indiano a la casa que lo vio nacer, repleto de regalos para los sobrinos: “LA HABANA”. ¡Cuánta historia guardará en sus tablas de abeto que aún conservan el olor colonial de la isla!
En otro, más arcón que baúl, guardamos las ropas que se usan para el trabajo y para la playa. También escondemos en él las palas de tenis que nunca tuvimos tiempo de usar, las gafas y las aletas de buceo, las playeras, bañadores, gorros de baño, cremas solares, y diversas mochilas que uno se resiste a tirar. En este viejo arcón se guardó antaño la molienda del maíz y el jamón curado del sanmartín, las latas de embutidos en grasa del cerdo, las bolsas con habas, es decir, era la despensa y el mayor tesoro de cualquier familia campesina.







lunes, 28 de enero de 2013

VICENT VAN SOBERO GARCÍA

Vicente Sobero García es, a todas luces, un artista, adjetivo que se tiene bien merecido por la obra desarrollada a lo largo de su trayectoria pictórica. Es un artista que se fue haciendo a sí mismo desde los primeros años, apenas pasada la pubertad.
Un domingo que había ido con mis amigos a la fiesta de Cue, lo encontramos en la plaza del pueblo. Comenzaban a ocupar el quiosco los músicos. Hablando de cualquier cosa, me imagino que algo relacionado con estudios o trabajo, me contó que en los ratos libres que le quedaba de su tarea en el campo se dedicaba a pintar. Yo, de momento, pensé que se trataría de la pintura de brocha gorda, como suele decirse con carácter despectivo, pero no era esa mi intención, pues pintar con brocha es también un arte. Además, muchos pintores, cuando alcanzan dominio con el pincel y cierto prestigio, vuelven a las raíces del arte rupestre y, en lugar de pinceles, usan brochas y cambian los lienzos de tela por paredes o rocas.
Le seguimos hasta una vieja casa, muy cerca de donde nos encontrábamos. Subimos las viejas escaleras hasta el piso de madera que era todo él una diáfana sala, bien iluminada por los ventanales y una galería. De las paredes colgaban ya los primeros paisajes y figuras devotas, copias de cuadros hechos por los más destacados artistas clásicos que él conseguía de las ilustraciones de viejos almanaques. Qué otra fuente de inspiración mejor podría tener mi amigo en aquellos años, aparte de los libros de la Biblioteca Municipal y la rudimentaria televisión en blanco y negro que se veía ocasionalmente en el bar del pueblo o el Nodo del Cinemar. Fue para mí la primera exposición que visité y quizás el origen de mi gusto posterior por visitarlas.
Aquella primera etapa de copia de estudio fue continuada con la copia del natural, para la que no habrían de faltar numerosas calas de la costa corita, así como hermosos rincones del pueblo, sólidas y antiguas casas de bien labradas piedras y de nobles maderas que aún perduran en los balcones, galerías, portones y aleros. Y otra etapa más donde ensayó la figura en movimiento, la expresión y psicología del retrato tanto de su familia como de vecinos y amigos.
Se echaba en falta un pintor nativo que plasmase en lienzo las hermosas y primeras vistas que debieron impresionar su tierna retina de niño. Le cupo en fortuna al pueblo tener entre sus hijos a Vicente Sobero y a éste, idéntica de haber nacido en él.
Quizás haya habido alguna otra influencia en la primera etapa de Vicente que le inclinase por la pintura. Corría el año 1964 cuando cumplidos los catorce años, termina su escolarización primaria. Al director del Colegio La Arquera, el Hno. Pedro González, profesor en el Aula Comercial, le debió llegar noticia de las inclinaciones pictóricas de Vicente y le manda invitación para que asista a su clase.
De todos es bien conocida la importancia que se le daba a la Caligrafía en dicho colegio y de la fama que con esta disciplina disfrutaba, como con otras áreas del conocimiento que allí se impartían como Francés, Mecanografía y Contabilidad. A los alumnos más destacados en Caligrafía y Rotulación se les encargaba la realización de las orlas y grecas que adornaban diplomas y títulos académicos y eran realizados con plumilla y tiralíneas en tinta china negra y de colores. En esa labor artística anduvo Vicente un tiempo, el poco que le permitía su tarea campesina familiar de la que no podía ni trató nunca de evadirse.
Visité hace unos días su exposición con la idea de encontrarme con él, pero no estaba en aquel momento en la sala. Volví otro día, pregunté por él y me dijeron que ya se acercaba la hora habitual en la que solía venir, momentos antes del cierre.
A pesar de conocerla, recorrí de nuevo toda la exposición que es una pequeña muestra antológica de su inmensa obra y, aunque la mayor parte de los cuadros está sacada de las colecciones particulares, encontré también creaciones recientes que aún exhalan el aroma a pino y a linaza.
Llegó al fin. Hacía tiempo que no coincidíamos, apenas en algunas ocasiones nos habíamos encontrado por la calle, con prisas los dos, seguramente con esas prisas de no saber uno a dónde va ni por qué corre. Había salido en varios medios de comunicación, tanto de prensa como de radio, la referencia a esta exposición en la Casa de Cultura.
Con toda seguridad, y a pesar de que ha expuesto en otros muchos lugares, éste sea para Sobero el más importante. No se me ocurrió preguntarle por ello, pretendiendo adivinarlo por puro ejercicio introspectivo.
Es un buen comunicador y con él no es preciso llevar un cuestionario previo. Está pendiente del visitante, conocido o no, para indagar lo que más le atrae y explicarle cuanto esté dispuesto a saber de la obra en cuestión. Ver el conjunto de la exposición es como pasar las hojas de un manual de historia de Cue y de Llanes. En ella cuenta no sólo parte de su historia personal y artística, sino retazos de la historia de todos. Qué lujo, tener un artista tan a mano.
Yo quise añadir a su historia parte de la mía, en varios puntos entrecruzadas. Aparte del narrado al principio que él aún recuerda, otro segundo de mi etapa como estudiante de Magisterio en Oviedo.
A mí me atrajo siempre la pintura y aunque tenía cierta facilidad para ella, reconozco que no hice los esfuerzos necesarios para conocer a fondo sus técnicas de forma seria. Los pocos fines de semana que me quedaba en Oviedo, aprovechaba para visitar cuantas exposiciones se hacían en las salas Nogal, Juan Gris, Van Gogh y Caja de Ahorros, aparte de alguna otra más que eventualmente se abría al público. Los domingos, me acercaba hasta la Plaza "El Fontán" donde había visto en varias ocasiones algunos artistas tomando apuntes de las balconadas, puestos con sus toldos y tiendas bajo los arcos.
Aquella soleada mañana, estaba a rebosar de gentes que acudían a mercar o a mirar en los puestos de libros de viejo y otros de moneda y sellos que a mí me atraían en especial. Desde una de las entradas, por entre las gentes que hormigueaban, percibí el caballete y cuando me acerqué más, me encontré con la figura del pintor, tal como la había siempre imaginado de los pintores de Montmartre y Pigalle, que comenzaba a dar las primeras pinceladas sobre el terso y blanco lienzo. Me quedé un tanto apartado para no molestar al maestro, pues recordaba una frase que había leído relacionada con la pintura al aire libre y que tanto preocupaban al pintor como es la lluvia, el viento, los niños y los curiosos.
Fue al volverse en la silla para añadir color a la paleta, cuando le reconocí a pesar del atuendo y la perilla que se había dejado.
Hace ya veinte años, acudí a las clases que daba en su estudio de pintor. De entonces aún conservo una acuarela que pintó como muestra y varios dibujos míos a lápiz que me obligó a hacer antes de iniciar las técnicas del color. Hay que aprender antes a dibujar las cosas en su sitio, las perspectivas, la profundidad, los planos junto con la composición, me dijo.
Sus cuadros rezuman la esencia del pasado, narrado con todo lujo de detalles. Los personajes representados, algunos tristemente desaparecidos, parecen hablarnos desde allá. Las maderas coroyadas, las ventanas aguantadas por viejas bisagras que en la realidad seguramente fueron sustituidas ya por otras más modernas, son testigos mudos del pasado, narrado por el artista con una paleta ajustada al color real, a veces, de croma triste que logra crear en la sala una bruma de fuerte nostalgia. En algunos de ellos, se recrea provocando al espectador con los recursos más complicados de su realismo mágico incitándole a tomar el lápiz que parece colgar de un hilo o despegar el papel cebolla y la cinta adhesiva con que cubre algunos elementos del cuadro.

Mi admiración hacia él como artista no es mayor que la que siento hacia su persona por saber de sus orígenes y el arduo camino que tuvo que recorrer para llegar a serlo.

Más datos:
"Entre los doce y los catorce años, periodo en que va a la escuela comienza a pintar de forma autodidacta dejándose aconsejar de los pintores que va conociendo, como Alfonso Iglesias, Manuel Monteserín y otros. En esta etapa adolescente estudia por correspondencia dibujo y pintura y con quince años expone por primera vez en la sala del Casino de Llanes, momento desde el que comienza a recibir los primeros encargos. Marcha a Oviedo para trabajar como dibujante en la empresa MAPRA dedicada a la sergrafía y a la publicidad.
En 1971, un afamado restaurante madrileño le encarga la decoración con pinturas suyas.En la capital, compatibiliza el trabajo con los estudios en la Escuela de Artes y Oficios y posteriormente en la E. Superior de Pintura, Escultura y Grabado, en la que supera el Grado Preparatorio que le permite acceder al ingreso en la Academia de Bellas Artes de San Fernando donde tuvo como maestros entre otros a Mariano Moré Cors y Pedro Mozos.
El Ministerio de Defensa le contrata para realizar trabajos de vexilología en el Servicio Histórico Militar, donde pintó originales para restaurar obras del Museo del Ejército.
En 1978 se incorpora a la Galería Heller de Madrid dentro del colectivo "Inventores de la Realidad", junto a personajes del mundo de la pintura tan famosos como Antonio López, Cristóbal Toral, Eduardo Naranjo, Carmen Laffón y Amalia Avia con quienes expone periódicamente en obras colectivas de dicha galería.
En 1980 regresa a Cue desde donde viaja continuamente para exponer sus obras en lugares tanto de España como de Francia e incluso Japón.
En 1981 Caja Duero adquiere algunas de sus obras para su pinacoteca.
En 1993, algunos de sus trabajos resultaron seleccionados para la exposición conocida como "Las Edades del Hombre".
Desde hace cinco años expuso su obra en el taller-estudio del Centro Regional de Artesanía y Artes Plásticas en el pueblo de Poo."

Exposiciones:

1965/69.- En el Salón principal del Ayuntamiento de Llanes.
1979.- Americam Women's Club de Madrid y Sala de exposiciones de la AISS de Llanes.
1980.- Galería Artex de Badajoz y Galería Heller, colectiva de Madrid.
1981.- Sala de Caja de Ahorros de Salamanca (hoy es Caja Diero) en Zamora.
1985.- Sala Tioda de Gijón.
1986.- Galería Nogal de Oviedo.
1987.- Galería Barón de San Carlos en Llanes.
1991.- Medalla "La Gastronomía en la Pintura" de Otur. Sala Iwate en Japón.
1992.- Galería Honcho, "España y Japón, dos realidades del 92'". En Yokohama, exposición patrocinada por la Embajada de España en Tokio.
1993.- Magna exposición "Las Edades del Hombre" en Salamanca.
2003.- Galería de Arte Acinas, Exposición Colectiva sobre la Mar, de Avilés.
2004.- Galería Arte Acinas de Avilés.
2005.- Invitado como organizador de la 1ª Feria Internacional de Arte, en Roquetas de Mar de Almería. Galería de Arte Ansorena de Madrid.
2012.- Ateneo de Cáceres.

Tiene obras en diversas colecciones particulares y pinacotecas por todo el mundo y durante años sus obras permanecieron expuestas en diversas galerías de Asturias, Madrid y otras provincias españolas.

Su trabajo bibliográfico:
Heráldica e Historiales del Ejército, Ministerio de Defensa, Madrid.
Inventores de la Realidad, Galería Heller, Madrid.
Las Edades del Hombre, Junta de Comunidades de Castilla y León.
Libro-Catálogo Colección Caja Duero, Salamanca.
(Apuntes tomados del catálogo hecho por el Ayuntamiento de Llanes para su Exposición antológica en la Casa de Cultura, del 15 de diciembre de 2012 al 29 de enero de 2013.)

El cuadro del fondo es una de las copias a las que me referí, realizada por Vicente con tan sólo dieciséis años.

Nota:
Ramón, querido amigo: Me he quedado muy, muy sorprendido cuando, buscando por internet unas cosas sobre mi trabajo, me encontré con estos "Renglones perdidos"; (yo añadiría como el titulo de uno de los libros de Torcuato Luca de Tena y Álvarez-Ossorio  ...torcidos de Dios", pero es igual; el asunto es que me lo he leído todo, porque además de estar muy bien narradoo, me pones bien (menos mal!..jeje). Me emocionó. Un fuerte abrazo. Vicente.

jueves, 13 de diciembre de 2012

Romances y Trovas: Porrúa (III)


Por Genaro Haces Haces. 1993 . Porrúa.

I
El día primero de mayo,
del año noventa y tres
que es fiesta de San Felipe,
la primera del verano.
II
No pretendo ser poeta
ni igular a Celso Amieva
voy a hacer unas estrofas
para alegrar las penas.
III
Siete componen la empresa
de esta famosa excursión,
Pedro José va el primero
como buen conocedor.
IV
Edel y Carmen Romano,
Tonio y Laura también van
con el retoño que tienen
que le pusieron Hernán.
V
El día ameneció nublado
y con trazas de llover,
pero el ánimo es muy grande
y no piensan en ceder.
VI
Arrancaron en dos coches,
con mucho humor y jolgorio,
pues así lo decidieron,
de subir hasta Los Corros.
VII
Ya por la fuente La Peña
empezaron a vociar
como los buenos pastores
cuando ya van a llegar.
VIII
Llegaron a La Venera,
a la cabaña de Tote,
se dicen unos a otros:
¡Qué gusto tuvo este hombre!
IX
Tote les está esperando,
pa comer en la cabaña,
pues había mucha rosada
pa comer en la mayada.
X
Dos pastores que allí andaban
a saber de sus ganados,
ni cortos ni perezosos,
deciden acompañarlos.
XI
Estos pastores que digo,
los debéis de conocer:
uno le llaman Fabián
y, el otro, Lucio Javier.
XII
Subiendo a La Vega el Cobu,
tuvieron un altercáu;
unos, pel Valleyu l'Agua,
y otros que por El Castráu.
XIII
Llegando al Sillón de Arriba
se detienen las rapazas,
pues acaban de subir
una tirada muy larga;
en vez de ser un sillón,
podía ser una butaca.
XIV
Llegaron a Jorticeda
y deciden descansar
para poner allí el nombre
para la posteridad.
XV
Del Cierru hasta Ventaniella
dieron mcuhos resbalones
y lo que más les cabreó,
el no ver Los Resquilones.
XVI
En La Pisada la Mula,
que ya es terreno del Cuera,
allí, los que más corrían,
el Guaje y la Panadera.
XVII
Llegaron al Mumular
y la tarde estaba oscura,
allí el que menos corría,
era Tonio el de la cuba.
XVIII
Llegando ya a Tornallás,
bajando hacia la cabaña,
el Guaje llegó el primero,
porque bajaba a tou trote;
se arrodilló y dijo a la madre:
es más guapa la del Tote.
XIX
Los que no conocían,
quisieron ver el estanque,
pues es una cosa muy buena,
que allí el agua nunca falte.
XX
Saliendo de Tornallás,
de pronto llegó el nublado
y se dicen unos a otros:
ahora estamos fracasados.
XXI
Los tres pastores que iban
al tantu de las rapazas
les dedicaron una estrofa
que no ponen buena cara.
XXII
Carmen y Edel son ligeras
para bailar El Pericote,
pero ya no lo son tanto
para andar por estos montes.
XXIII
Ya cogieron el sendero
pa Los Jogos de Cadora
para llegar a Llapudia
en menos de un cuarto de hora.
XXIV
Llegaron a Llapudia
y empezó una gran porfía;
todos querían mandar,
pero nadie decidía.
XXV
En La Vega de Llapudia,
desde tgiempo inmemorial,
cada cinco años se juntan
los pastores del lugar.
XXVI
Cinco pueblos la componen
esta mancomunidad
para aprovechar El Puerto
y defenderlo de verdad.
XXVII
Dos horas largas llevaban
en aquel peregrinar.
La gente ya va cansada
y con ganas de llegar.
XXVIII
Salieron ya de Llapudia
con más con más pena que gloria,
porque Hernán les decía
se está acabando la bota.
XXIX
Están llegando a la vega
llamada Jou La Espina;
el nublado ya levanta,
parece que les anima.
XXX
Siguiendo por el sedero,
llegaron a Manzaneda
y uno de ellos dijo en alto,
hay que hacer una pará,
pues da gusto descansar
viendo pastar las becerras.
XXXI
En la cima de aquel cueto,
ya con ganas de sentarse,
dijeron los conocedores:
aquélla es la Vega Brañes.
XXXII
Antes de llegar a Brañes
hay un cuetu muy famosu,
por si alguno no lo sabe,
se llama Cuetu Pioyosu.
XXXIII
Ya se ven allá unos prados
y también unas cabañas;
los fresnos están brotando,
allí le llaman La Mata.
XXXIV
A la llegada a Tebrandi
echaron unos cantares,
porque ya se divisaban
los pueblinos de Cabrales.
XXXV
Dieciséis pueblos componen
el concejo de Cabrales,
donde hay muy guapas mozas
y muy serios los chavales.
XXXVI
Algunos ya sospechaban
que les iba engañando,
pues no se divisa Asiego
hasta que no vas llegando.
XXXVII
Por fin llegaron a Asiego,
pueblo de gran hermosura.
Allí ya cantaban todos
nuesgtro himno de Porrúa.
XXXVIII
Qué contentos se pusieron
por llegar a Casa Juan;
allí ya no les importa
lo que vayan a gastar.
XXXIX
Ya olvidaron el cansancio
de tanto caminar;
son rapazas y rapaces
y lo van a festejar.
XL
Ya llegaron los tres coches
que subieron a buscarlos,
pues ya, antes de salir,
es lo que habían concretado.
XLI
Joaquín y Nuria los fueron a acompañar
con Mari Loli y Andrés
y con Tino del SOCAL.
XLII
Allí se despidieron
de la gente de aquel pueblo;
adiós al chigre de Juan,
adiós al pueblín de Asiego.
XLIII
Ya arrancó la comitiva
con ganas de cenar;
si en Canales está lleno,
cenaremos en Soberán.
XLIV
Ya comieron y bebieron
de mucho humor y jarana;
vamos a tomar unas copas
y marcharnos para casa.
XLV
A las doce de la noche
llegaron a La Guiyón
con la ilusión, si está bueno,
volver por San Ramón.
Y aquí se acaba la historia
de esta famosa excursión.
FIN

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Romances, Trovas: Porrúa (II)


Nueva excursión de la gente de Porrúa a Cuera, en 1948, relatada por Armando Romano Sánchez

I
Tiene el pueblo de Porrúa
gente muy aventurera
y aquí tenéis el ejemplu
de una excursión que fue a Cuera.
II
Manuela queda encargada
para subir la bebida,
como anda tan apurada,
en el pueblo se le olvida.
III
La mujer de Serafín
se levanta la primera
y dice a la rapacina:
"anda que vamos a Cuera"
IV
Después de masar la torta
y preparar el arroz,
asoma encima la puerta
y a Su Los Robles da un voz.
V
Tere sal de la cama
más deprisa que volando
como cuando está la madre
en la cocina llamando.
VI
Armando que despertó
y la vio ya levantada,
conmovido preguntó:
¿Adónde vas tan apurada?
VII
No se lo quería decir,
pero si es que te interesa,
voy a subir pel Cabañucu
y bajar por Sal de la Pesa.
VIII
Harta de estar en Jogos
la mujer de Manuel Pérez
vino muy enfurecida
a la cabaña de Tere.
IX
Cándida que la ve,
ni corta ni perezosa,
va a la cabaña y se pone
el vestidín color rosa.
X
Salieron de la cabaña
Manuela y María Selina
y en Su los Robles se juntan
a Cándida y a Lupina.
XI
Tere quedaba en la choza
revolviendo la cuayada
y, al ver marchar las otras,
arranca desesperada.
XII
Quedan las cabañas solas,
no siendo la de Vicenta,
porque allí llega Gabriel
encargáu de hacer la renta.
XIII
Cuando pasan por La Va,
a medio hacer las labores,
invitan para viajar
a la tía Rosa y a Dolores.
XIV
Ellas contestan así:
"Nosotras de buena gana,
pero están Colás y Pío
con muchísima galbana.
XV
Cuando pasan por Los Jogos,
Melina empezó a llorar,
porque su madre la dijo
que se tenía que quedar.
XVI
Ya doblaron a Los Texos
cinco mujeres del Valle,
una era de la Jorcada
y las otras de La Calle.
XVII
Otra que las acompañaba
era del barrio Sorvilla
que quedaba en la cabaña
llorando a la su Chiquilla.
XVIII
Con ellas va Belarmino,
pero este no es criticado,
que siguiendo su camino,
va a recoger el ganado.
XIX
Pasando por Calicantu
invitaron a María
y ellas les dijo que no,
porque ya lo conocía.
XX
Al pasar por Cotariellu,
invitaron a Constantina
que si quería venir,
con ellos, a ver la mina.
XXI
Tiene que estar con el toru,
por si acaso vienen vacas
y, además de todo eso,
tiene que sacar patatas.
XXII
Cuando pasan por Las Pipas
dijo Celesto Sobrino:
"en excursiones bonitas
no debe faltar el vino"
XXIII
Milio, el del Pozu Manxón,
muy entroncáu en La Peña,
vio pasar a la excursión;
creyó que iban a Carreña.
XXIV
Cuando van atravesando
por onde La Llosa Vieya,
vieron en La Vega el Cobu
a Manuel de La Caleya.
XXV
Por apurarse a correr,
subiendo La Cruceyada,
Selina dice a su madre
que se siente muy cansada.
XXVI
Acompañando a Selina
va el hijo de Manuel Pérez
que, a pesar de ser muy joven,
ya le gustan las mujeres.
XXVII
Ramón, el hijo del Vivo
que los vio de Najarón,
echa el trabajo en olvido
y se va con la excursión.
XXVIII
Llegan a La Vega el Cobu,
se aumenta la comitiva,
porque estaban esperando
cinco de casa de Oliva.
XXIX
Estaban Pedro y Alfonso,
Bibi, Maruja y Juanito;
dejaron al padre solo,
¡vaya cuadro más bonito!
XXX
Por El Valleyu de Nansa
suben las de la Texuca,
tres elocuentes muchachas:
Dori, Cosuelo y Maruca.
XXXI
Dori va la delantera
para pescar la cuadrilla,
va más contenta pa Cuera
que si fuera pa la Villa.
XXXII
Para refrescar un poco
se metieron en la cueva
y, en esto, vieron venir
las hijas de Pepe Amieva.
XXXIII
Con ellas vienen también
dos mozos de Los Cumbriales
con unos grandes anteojos
para mirar a Cabrales.
XXXIV
Iba Antonio el de Juanito
con mucha capacidad;
dio a Nievas las alpargatas
para más comodidad.
XXXV
Y por último llegaron
sudando a gota llena
para unirse a la excursión
Covadonga y Magdalena.
XXXVI
Después de cebar el toru,
como quien no quier la cosa,
llega muy afatigáu
Marcos el de La Juiciosa.

XXXVII
Felisa la de Joaquín,
que de eso no sabe nada,
la encuentran cuando subían
tropando muy apurada.
XXXVIII
Buena tentación le dio
de abandonar la pradera,
prenderle fuegu al jelechu
y dise con los del Cuera.
XXXIX
Cuando ya está preparada
para marchar la excursión
no llegaron a un acuerdo
y forman un gran follón.
XL
Todos quieren ir por Medas,
pero el de La Caleya
arranca por Jorticeda
como llobu tras la oveya.
XLI
La gente queda pasmada
cuando se marcha Manuel,
por no deshacer el grupo
todos se fueron con él.
XLII
Toman El Valleyu el Agua
y Alfonso, muy picaruelo,
les iba echando el anteojo
a las piernas de Consuelo.
XLIII
Se despiden de Manolo,
el vecino de Barriales,
que por andar al jelechu
no pude ver a Cabrales.
XLIV
De La Boca las Traviesas
vieron otra caravana;
se van acercando a ella
y, era gente caldueñana.
XLV
Llegaron a Jorticeda
y saludan a esa gente;
como cosa de costumbre,
van a beber a la fuente.
XLVI
Se cruzan varias palabras
como gente conocida
y, entonces, las excursiones
a una queda reducida.
XLVII
Pasaremos a la historia,
para que cojan honores,
ocho personas de Villa
y una chica de Debodes.
XLVIII
Cinco de casa de Gómez:
Pepe, el padre, y Marcelina,
Matilde, con una bota
y, la comida, Delfina.
XLIX
Esther y Carmina Coro
también van en la cuadrilla
con Piedad la de Benigno
y otra vecina de Villa.
L
Toman El Sillón de Arriba
con mucha tranquilidad
y Manuel de la Caleya
se puso junto a Piedad.
LI
En El Picu divisaron
un paisano de zurrón
y por eso conocieron
que no era de la excursión.
LII
Lu empezaron a chanrriar
y les tiró un morrillazu.
¡Vaya modu de chillar
que tuvieron los de abaju!
LIII
Y por fin se decidieron
como gente de quimera
y era Julio el de Sofía
que iba con cabras pa Cuera.
LIV
La Piedra la Señorita
ninguna la saludó,
ninguna lleva su nombre,
todas entienden por "SO".
LV
Marcos se les escapó
movilizando la tropa;
fue el primero que llegó
a ver los Picos de Europa.
LVI
Después de un corto descanso
en la Cruz de Ventaniella,
se puso en camino Marcos
y va como una centella.
LVII
En la pisada La Mula
por seguir a Magdalena,
a Nieves la de Los Cumbriales
se le encaballó una vena.
LVIII
En el Colláu Mumular
las pasaron del demonio,
porque creían ver al llobu
y resultó Pedro Antonio.
LIX
Llegaron a Tornallás
los de Porrúa y Caldueñu
y encontraron a La Vega
como una casa sin dueñu.
LX
Cuando cruzaron La Vega
se quedaron admirados
de una pelea de carneros
que estaban muy enfaenaos.
LXI
Viendo que los animales
detienen mucho a la gente,
se cansaron de mirarlos
y siguen hacia la fuente.
LXII
Después de quitar la sed
echaron una tonada
y se ponen en camino
en dirección a Haba.
LXIII
Dejaron a Tornallás,
la mayor vega del puertu,
y hasta El Colláu Periquillo
todo lo hallaron desierto.
LXIV
Allí pegan una voz
todos juntos en unión
y siguen hacia La Vega
formando gran procesión.
LXV
Llegando a La Vega de Haba
de mucho amor y campaña
de pronto ven a Sarita
mirarlos de la cabaña.
LXVI
Tere, Nieves y Maruja
la fueron a saludar
y enseguida los rancheros
tocaron para formar.
LXVII
Y como en toda La Vega
ya no encuentran más que ver,
a la sombra de un paré
se pusieron a comer.
LXVIII
Cuando acaban de comer
en aquella extensa mesa,
quedaron muy satisfechos
de lo que a nadie interesa.
LXIX
Cogen el camín del Cantu
y al dejar La Vega de Haba,
Piedad dirige a Manuel
una angélica mirada.
LXX
A la mitad del caminu
todos se cubren de miedu
por la negra obscuridad
que produce aquel jaedu.
LXXI
Allí nadie se detiene,
toda la gente camina,
y a lo lejos divisaron
una galería de mina.
LXXII
Cuando llegaron al Cantu
creyeron ver un rebecu
y era Vicente el de Rita
reblagáu en un piñuecu.
LXXIII
Se metieron en la mina
porque no había capataz
y les vino reclamando
este ignorante rapaz.
LXXIV
Ninguno quiso escuchar
a este imbécil de Vicente
que a lo lejos fue a insultar
de una manera indecente.
LXXV
Alfonso, muy atrevido,
se subió a la vagoneta;
le dieron un empujón
y se fue a la puñeta.
LXXVI
Por hacerse el valiente
vaya susto que llevó
cayendo por un valleyu,
desencajado quedó.
LXXVII
La caída fue con suerte
no llevando el menor golpe
y entonces marcha la gente
corriendo a todo galope.
LXXVIII
Ya se despiden del Cantu
dejando atrás la mina
y aquel rebecu llanudo
y a la madre de Fermina.
LXXIX
Esta era Soledad
que allí estaba con Vicente,
no se portó como él
que fue mucho más decente.
LXXX
Cruzando la cordillera,
pasaron a La Cerrosa
y en El Picu la Lluvinca
estaban Joaquín y Rosa.
LXXXI
En este mismo lugar
disminuye la excursión,
porque la gente de Villa
se marcha pa San Ramón.
LXXXII
Manuel se marcha con ellos
de bastante buena gana
que pueden llegar a ser
los vecinos de mañana,
LXXXIII
Quedaron los de Porrúa,
pero Alfonso el de Gabriel
marcha con los de Caldueñu
al ver que se va Manuel.
LXXXIV
Bajaron rápidamente
La Cuesta de San Martín
y se perdieron de vista
junto a Los Praos de Pachín.
LXXXV
Entonces los de Porrúa,
pasando las Humielgas,
llegaron al Abeduliu
a ver aquellas bodegas.
LXXXVI
Ante la casa de Ángel
reciben una impresión
y se quedan admirados
todos los de la excursión.
LXXXVII
Como el sol ya no molesta
toda la gente se anima;
dejan atrás el caminu
para ir a Jogulespina.
LXXXVIII
Llegando a dicho lugar
esta excursión porruana
no les quisieron dar agua
ni Covadonga ni Juana.
LXXXIX
Covadonga contestó
que allí no tienen taberna;
al que tenga mucha sed
puede beber en la duerna.
XC
Están solas en La Vega
cada cual en su cabaña,
eso de negar el agua
es de gente muy tacaña.
XCI
Los últimos que llegaron
ya les sacó del apuru,
que además de darles agua
les dio un piescu bien maduru.
XCII
Esta mujer obró mal
por no ponernos iguales
muchos vienen mal contentos
de la gente de Cabrales.
XCIII
Salen de Jogulespina
caminu de la tierruca
y se ponen a bailar
en Peyos de La Texuca.
XCIV
Cuando van atravesando
El Valle de Bujarrera,
muchos hacen juramento
de no volver más al Cuera.
XCV
Como palomas perdidas,
llegaron al Cabañucu
y les dio mucha alegría,
porque ya se ve El Mazucu.
XCVI
Se presentaron en Medas
donde ven una cabaña,
a Concha frente a la cueva
y a Manuel venir de argaña.
XCVII
La nube les anunció
que muy pronto llovería
y como flechas se lanzan
corriendo el que más podía.
XCVIII
Llegando a La Vega El Cobu
los coge un gran chaparrón
y, sin hacer despedida,
se deshizo la excursión.

Versos tomados de unos apuntes que me proporcionó Víctor Tamés, vecino de Porrúa.