AL LECTOR:

Narraciones de hechos y acontecimientos recordados por el autor; otras recogidas de la tradición oral y escrita.
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sábado, 13 de diciembre de 2014

Las "Témporas": cómo predecir el tiempo


LAS TÉMPORAS
Siempre quise conocer los fundamentos para aplicar este conocimiento tan antiguo en la predicción del tiempo climático, como lo vi hacer a los viejos del lugar. En los pueblos, principalmente, existía algún entendido en ello que comentando con los demás en tertulias de bar o cuadra daba los resultados de su desconocida sapiencia. Quizás conservando la tradición oral de padres a hijos, de abuelos a nietos, se fue conservando a través del tiempo. Después todos los tertulianos transmitían sin más lo escuchado al meteorólogo y lo repetían sin saber por qué se elegían unos días y no otros. A veces la predicción no pasaba de centrarse únicamente en los vientos dominantes, y cosa curiosa, siempre, año tras años, a la misma persona, le escuché decir: "Quedaron las témporas de sur", es decir de calor y poca lluvia, con vientos fuertes. Y cuantas veces intenté aprender, otras tantas evadió la respuesta, por no saberla más que por evitar que alguien en el lugar viniese a quitarle su autoridad. 

En total existen cuatro periodos en el año para pronosticar el tiempo climático que vamos a tener y que se corresponden con las cuatro estaciones, pero no coinciden con las fechas de cambio estacional. 

1ª PARTE:
CÓMO ESTUDIARLAS:

Existen unas reglas básicas para saber, entonces, qué tres días son de cada una de esas cuatro témporas. Siempre son en miércoles, viernes y sábado de la semana en cuestión.

TÉMPORAS PRIMAVERALES:
Las 1ª Témporas son las primaverales y se miden en miércoles, jueves y viernes de la 2ª semana de la Cuaresma.
El tiempo climático de estos tres días observados servirá para pronosticar el que tendremos:
Miércoles: del 21 de marzo al 20 de abril;
Viernes: del 21 de abril al 20 de mayo;
Sábado: del 21 de mayo al 20 de junio.

TÉMPORAS ESTIVALES:
Las 2ª Témporas, las del verano se miden en miércoles, viernes y sábado de la 1ª semana después de Pentecostés.
El tiempo climático de estos tres días observados servirá para pronosticar el que tendremos: Miércoles: del 21 de junio al 20 de julio;
Viernes: del 21 de julio al 20 de agosto;
Sábado: del 21 de agosto al 22 de septiembre.

El rebujo de San Francisco, día 5 de octubre:
No sé cuál es el motivo, pero seguro que en nada tiene que ver el santo, ese día, según dice la gente, los pocos mayores que va quedando, se da siempre un aumento de la temperatura que nos recuerda a la primavera.
Lo curioso del caso es que escuché esa observación a dos personas relativamente jóvenes que lo recordaban de oírlo comentar a sus abuelos. Hubo otra persona que lo relacionó con el conocido también como "Veranín de San Martín", supuestamente equivocado ya que esta festividad se celebra el día 11 de noviembre, en la siguiente témpora.

TÉMPORAS OTOÑALES O DE SAN MATEO:
Las 3ª Témporas, se referencian con el día de La Santa Cruz, el 14 de septiembre. Se observa el primer miércoles después de esta fecha, pero en el caso de este día cayese en miércoles, se comienza en el de la semana siguiente.
El tiempo climático de estos tres días observados servirá para pronosticar el que tendremos: Miércoles: del 23 de septiembre al 20 de octubre;
Viernes: del 21 de octubre al 20 de noviembre;
Sábado: del 21 de noviembre al 20 de diciembre.
EL VERANÍN DE SAN MARTÍN:
En torno a esta fecha, bien sea antes o después, cuando el tiempo mejora y se parece al que pueda haber en verano, la gente suele decir que se debe a que estamos en "El veranín de San Martín".

TÉMPORAS INVERNALES O DE ADVIENTO:
Para las 4ª Témporas, las del Adviento, se toman en miércoles, viernes y sábado siguientes a Santa Lucía, el 13 de diciembre. Lo mismo que con la anterior, si Santa Lucía coincide en miércoles, se hace el cambio para la semana siguiente.

APLICACIÓN:
Hoy es Santa Lucía, viernes día 13 de diciembre de 2014, por tanto, hay que esperar a la siguiente semana para comenzar a estudiarlas. El tiempo climático de estos tres días observados servirá para pronosticar el que tendremos:
Miércoles, 18: del 21 de diciembre al 20 de enero;
Viernes, 20: del 21 de enero al 20 de febrero;
Sábado, 21: del 21 de febrero al 20 de marzo..
En los días señalados para cada Témpora, debemos anotar el estado de la atmósfera, su temperatura en términos sencillos, dominancia de los vientos, otros fenómenos meteorológicos observados, como lluvia, niebla, helada, nieve, nubes o tormenta eléctrica.

2ª PARTE

ACLARACIONES Y DOCUMENTACIÓN HISTÓRICA
(Texto copiado de una crónica en El Oriente de Asturias, en Llanes a 23 de septiembre de 2011 y cuyo autor es
José Antonio Cosío)

<<Hoy, viernes 23 de septiembre de 2011 —a las 9:04 hora solar y 11:04 hora oficial—, el Sol se sitúa en el ecuador celeste, en la constelación de Virgo, y el día y la noche durarán exactamente lo mismo en todo el mundo, excepto en los polos. El equinoccio de otoño, que precisamente hoy se produce en el hemisferio norte, no es una fecha, dura un instante, un instante en que los dos polos de la Tierra se encuentran a la misma distancia del Sol. Siendo así las cosas, tal vez sea una buena oportunidad para fijar con toda exactitud, cada cual en su localidad, los puntos Este y Oeste, ocasión que no se repetirá hasta el equinoccio de primavera. Estos trabalenguas de espacio, de esferas, de luz y de sombra, de movimiento, de repeticiones, sin embargo, no nos son tan lejanos: son el milimétrico día a día. Siguiendo a la historiadora Carmen Gozalo de Andrés, témpora es la castellanización del plural de la palabra latina “tempus”, que significa tiempo, estación.
“Hasta hace pocos años, las Cuatro Témporas figuraban en el calendario litúrgico de la Iglesia católica”, y durante cada uno de esos tiempos se practicaban tres días de ayuno, de plegaria y de penitencia —miércoles, viernes y sábado— inmediatamente antes del comienzo de cada estación del año. Cabe decir que la obligatoriedad del ayuno fue instaurada por el Papa Calixto I, en los primeros años del siglo III, aunque el precepto no se cumplió en Occidente hasta el siglo XII, mientras que los cristianos de Oriente nunca aceptaron dicho precepto. Por lo que respecta a lo que nos es más próximo, a las témporas del labriego de la vieja España rural, supone la persistencia de un método de predicción del tiempo meteorológico. Una cosa es que dicho método no sea científico y otra que no sea método. Método significa literalmente “camino o vía para llegar más lejos”. Así, método es un modo ordenado y sistemático de proceder para llegar a un resultado o fin determinado: por ejemplo, una predicción. Que la predicción tenga éxito, que se verifique, es algo que la ciencia meteorológica todavía sigue intentando…
En la práctica, el pronóstico del tiempo por el método de las témporas —guardado y transmitido de padres a hijos con abundantes variaciones, como todo conocimiento antiguo, como toda la poesía oral—- consiste en intentar predecir el tiempo que hará en cada una de las estaciones siguientes basándose en el tiempo observado en cada uno de los días estipulados —miércoles, viernes y sábado— antes del cambio de cada estación.
Para realizar la predicción, las témporas se calculan —citando la “Cronografía”, de 1588, del astrólogo y cosmógrafo Jerónimo de Chaves— del siguiente modo: “Las primeras Cuatro Témporas son, Miércoles, Viernes y Sábado de la segunda semana de Cuaresma. Las segundas son Miércoles, Viernes y Sábado de la semana primera, después del día de Pentecostés. Las terceras son Miércoles, Viernes y Sábado siguientes a la Santa Cruz, que cae a catorce de Septiembre. Las últimas son el Miércoles, Viernes y Sábado siguientes a Santa Lucía, que es a trece de Diciembre. Y débese notar, que cuando estas dos fiestas, Santa Cruz y Santa Lucía, cayeren en Miércoles, las Témporas no se tienen de celebrar aquella semana, y pásanse a la siguiente”. Así que, como el 14 de septiembre de 2011, día de la Santa Cruz, cayó en miércoles, la témpora de otoño se traslada a la semana siguiente. Por tanto, el tiempo observado el pasado miércoles, hoy viernes y mañana sábado —con especial atención a la dirección del viento y al comportamiento de las nubes— va a definir la tendencia predominante de los meses de octubre —por el miércoles—, de noviembre —por el viernes- y de diciembre -por el sábado— .
De la combinación del calendario litúrgico de la Iglesia con la observación del tiempo en una localidad o región surgió, pues, la costumbre — que poco a poco se va desdibujando— de pronosticar el tiempo a medio plazo. De calificar la práctica de este curioso método inductivo —que hunde sus raíces, más allá de Calixto I, en la tradición hebrea, griega y romana— ya se encargó la propia Iglesia hace siglos al declararla supersticiosa creencia popular.
Tras el Concilio Vaticano II, la Iglesia ha dejado a criterio de la Conferencia Episcopal de cada país que establezca la conveniencia o no de celebrar las tres jornadas de ayuno, oración y penitencia correspondientes a cada Témpora. Son muchos los testimonios de la utilización de las témporas, como método predictivo, en la literatura. Carmen Gozalo de Andrés señala como “uno de los documentos más explícitos sobre el controvertido pronóstico” el del filósofo Benito Feijoo, quien, en su “Teatro Crítico Universal”, dedica un capítulo entero a combatir la creencia popular en las témporas: “La observación de las mudanzas de temporal, arreglada a los cuatro ternarios de días de ayuno establecidos por la Iglesia, que vulgarmente llaman Cuatro Témporas, no tiene fundamento alguno ni en la razón ni en la experiencia; antes, la razón y la experiencia militan contra ella”.
Tal vez sobresaturado —o insuficientemente asistido o deficientemente auxiliado— por los excesos racionalistas de los siglos XIX y XX, el hombre del siglo XXI opone tan débil resistencia al encanto de las modas “retro”. El tiempo pasa, las cosas se transforman, pasan, se transforman, vuelven…, y vuelve el Calendario Zaragozano a ser un “best seller”. “O tempora, o mores!”. ¡Oh tiempos!, ¡oh costumbres! La formidable cantidad de dinero empleada por la humanidad en intentar pronosticar el tiempo, la importancia económica, industrial, turística, agropecuaria, la mera supervivencia del rebosante planeta azul, parece justificar hoy, como ayer, todo intento cuando la necesidad es, verdaderamente, cuestión de vida o muerte. La obsesión de nuestro tiempo –la seguridad- algo tiene que ver con la vieja servidumbre de intentar predecir, adivinar, los acontecimientos. Borrar toda incertidumbre, garantizar lo futuro, triunfar sobre la quimera, parece llevar al hombre contemporáneo levemente inclinado. Hacia la nostalgia. Y así, “Uno se cree que las mató el tiempo y la ausencia. Pero su tren vendió boleto de ida y vuelta. Son aquellas pequeñas cosas, que nos dejó un tiempo de rosas en un rincón, en un papel o en un cajón”.
José Antonio Cosío >>



miércoles, 3 de agosto de 2011

LAS CABAÑUELAS

Acerca de la predicción del tiempo I
Se conoce con el nombre de “cabañuelas”, al método de pronóstico del tiempo para un determinado lugar en base a la observación y anotación metódica de los fenómenos meteorológicos que se dan a lo largo de un mes determinado del año. Así se viene usando desde los tiempos más remotos y nace del esfuerzo de la humanidad por querer emanciparse de los caprichos de las deidades. El control de las tormentas, las riadas o las grandes nevadas era fundamental para poder llevar a cabo con éxito, la recolección, la caza, el pastoreo y posteriormente la agricultura. Es por tanto, en el mundo rural donde se va a mantener hasta nuestros días este artilugio para vaticinar el tiempo. No obstante lo dicho, también resultaría incorrecto aseverar que sólo sea particularidad del medio rural y no también de la ciudad, dada la movilidad actual de la población de uno a otro espacio, obedeciendo a imperativos laborales, educativos o vacacionales. Desde luego que estuvo el término más adscrito a lo rural por el contacto directo con los fenómenos meteorológicos y por las necesidad de prever el tiempo que hará, antes de iniciar ciertas actividades como la siembra, la siega o la cosecha.
A la mayoría de nuestros lectores puede que le extrañe esta palabra y la aplicación que se le asigna y que a la vez le parezca fútil conocerla siendo más fácil esperar al final de telediario para saber el tiempo que hará durante los siete días siguientes.

Me llega el término por primera vez de boca de una compañera de trabajo nacida en Aviados de La Vecilla, en León. La versión que me dio para la lectura de las “cabañuelas”, es sin duda la que me parece más lógica y acertada cuando la comparo con otras que obtuve a través de la red de redes, añadiendo en su favor el que su anciana madre mantiene aún la costumbre de opinar sobre el tiempo que hará en tal o cual fecha y a fe suya con bastante más acierto que los sofisticados medios de los que hoy disponemos. Es, pues, una tradición oral antiquísima que se pierde en la noche de los tiempos cuando la humanidad, intentaba controlar al medio en el que vivía.
Supone dificultad dar con los orígenes de esta tradición. Parece ser que se tienen referencias de ella en el Zamuc, o “Fiesta de las Suertes”, del calendario babilónico. También para el pueblo hebreo, hay relación con la “Fiesta de los Tabernáculos”. En India se destinaban doce días en la mitad del invierno a vaticinar las próximas condiciones climáticas. En el México de los Aztecas, se adoptaron los conocimientos que sobre la previsión climática tenían los Mayas y de ahí con posterioridad se incorporó y adaptó al calendario cristiano. Para estas dos culturas precolombinas, el año se dividía en 18 meses de veinte días cada uno a los que se añadían otros cinco más. Con los dieciocho primeros días del primer mes se predecían los dieciocho meses consecutivos del año. Con los dos días restantes se llevaban a cabo otros cálculos: el decimonono predecía el solsticio de verano y el vigésimo el solsticio de invierno.
Hoy en día nos ofrecen una información, diríase, institucionalizada, con la llegada de la televisión. Recuerdo que cuando se tuvieron los primeros televisores, generalmente en algunos bares, la gente decía “ir a escuchar El Parte”, para escuchar las noticias, con clara referencia al parte de guerra, o aquello de “ir a ver El Tiempo” en un mapa de España cubierto por doquier de soles, nubes, lluvias, vientos, nieves, rayos y termómetros. Cuántas veces las previsiones para una determinada zona, habrán perjudicado seriamente la afluencia del turismo y lo hayan empujado hacia otras donde posiblemente no hayan podido disfrutar del clima anunciado.
Hay diversidad de signos utilizados para la interpretación meteorológica en el medio rural. Desde las formas de las nubes, el color del cielo sobre la montaña y sobre el mar, la conducta de los seres del entorno: los peces en el río, las hormigas aladas, las abejas, el vuelo y canto de los pájaros, las gallinas en su corral, o el ganado en los pastos y los dos animales domésticos por excelencia, como son el gato y el perro. No es de despreciar ni mucho menos el conocimiento del refranero que aporta la sabiduría enciclopédica popular. La observación no tiene por qué ser sistemática. En el transcurso de la vida, se va adquiriendo esta capacidad. Llega a parecer que el tiempo que hará de inmediato, puede olerse, sentirse por la piel, por la variación luminosa y hasta por el semblante de la gente con la que te tratas.
Encontré en un caso, que las cabañuelas se aplican con el primer mes del año, de forma que lo que ocurra en este mes de agosto fue lo que se dio el día ocho de enero y así para el resto de los primeros doce días de enero. Es conveniente anotar en un cuaderno los datos observados, esencialmente, por ser lo que más nos preocupa, como puede ser el estado del cielo, la dirección y fuerza del viento y la temperatura.
Pasado el día doce, las previsiones se hacen en sentido descendente, es decir:
13 sería diciembre, 14 sería noviembre, 15 sería octubre, 16 sería septiembre, 17 para agosto, 18 para julio, 19 para junio, 20 para mayo, 21 para abril, 22 para marzo, 23 para febrero y 24 para enero.
En los seis días que hay del 25 al 30 se toma nota así: después de pasada la medianoche hasta el mediodía del 25 para el primer mes, del medio día hasta la medianoche siguiente para el segundo mes y así sucesivamente con el resto de los días.
Finalmente se remata la previsión con lo que ocurra el día 31 en sus veinticuatro horas, tomadas de dos en dos a partir del inicio del día con sus 24 horas. Es decir que cada dos horas se asignan a un mes: de las doce a las dos para enero, de dos a cuatro para febrero y así sucesivamente.
Y bien, ya tenemos todos los días y sus horas correspondientes a cada mes del año. Si volvemos a nuestro ejemplo original, que es el mes de agosto, sabemos que sus días son el 8, el 21, la tarde y noche del 29 y desde las 16:00 a la 18:00, del día 31 y debemos ponderar los distintos resultado obtenidos para fijarnos en lo más insistente.
Pero también se hace en otros sitios de forma parecida a como me explicó mi compañera leonesa en el mes de agosto y que trataré de trasmitiros con la mayor claridad.
Por aquellas tierras de León se habla de “los surtimientos” en sentido ascendente y así se expresan que el día primero de agosto surte al mismo mes, agosto. El día dos, surte a septiembre, el tres surte a octubre, el cuatro surte a noviembre el cinco surte a diciembre y así sucesivamente hasta el día doce que surte al mes de julio. ¿No resulta demasiada coincidencia que por ejemplo el día cinco de agosto sea la festividad de la virgen de las Nieves?
A continuación vienen los “desurtimientos”,en sentido descendente, hacia atrás: el día trece desurte a julio, el catorce desurte a junio, el quince desurte a mayo y así sucesivamente hasta que el veinticuatro desurte al mes de agosto.
Anotados debidamente “surtimientos” y “desurtimientos” correspondientes a cada mes, los sopesamos y valoramos para quedarnos con la media de los resultados que anunciarán la meteorología predominante para el próximo año, 2012.
Es cuestión de probar si da resultado y le dedicamos unos minutos al día a esta práctica ancestral mientras nos acercamos un poco más al conocimiento y respeto por la pequeña esfera en la que debiéramos vivir en consonancia todos sus moradores.