AL LECTOR:

Narraciones de hechos y acontecimientos recordados por el autor; otras recogidas de la tradición oral y escrita.

lunes, 2 de junio de 2008

LA EDAD DE BRONCE EN ASTURIAS















LA EDAD DEl BRONCE EN ASTURIAS.

La Edad del Bronce en Asturias y los comienzos de la edad del Hierro, están ambos períodos necesitados de un estudio más sistematizado. Esto es debido a que la información arqueológica recogida es de tipo fragmentario, poco científica, casual, más que provocada, producto de la acción vandálica de cazatesoros que ocultaban  las piezas más valiosas.
El comienzo de esta Edad de Bronce asturiana debe situarse en el momento después del llamado eneolítico asturiano, encuadrado dentro de la gran cultura megalítica de los países de la Europa Occidental. Su duración abarca el período que va desde el Bronce Inicial o Bronce 2 del Mediterráneo y el Bronce Pleno o final coincidente con el inicio de la metalurgia del Hierro. Más o menos, aproximadamente en el 2º Milenio antes de Cristo, entre los años 1800 al 1700 y el 600 al 500 a. de C.
A grandes líneas la primera etapa del Bronce inicial está situada en distintos puntos peninsulares así como en otros países atlánticos como Irlanda, sur de Gran Bretaña y la Bretaña francesa. Esta manifestación atlántica podría acaparar para sí el nombre de Bronce Inicial del Noroeste, por los datos comunes de que se disponen. En ella se da el desarrollo de la cultura tumular y los comienzos de la metalurgia y que en el Eneolítico asturiano tiene escasas manifestaciones.
Una segunda etapa del Bronce, la llamada Bronce pleno o final es continuación de la primera, con hallazgos de hoces, hachas con talón, calderos y otras manifestaciones de tipo rupestre.
Es una etapa mal definida por no saber en que momento puede separarse, por una parte, del Bronce inicial, y por otra, del comienzo de la Edad del Hierro, ya que en Asturias no aparecen instrumentos de hierro hasta la cultura castreña del Noroeste, después del 500 a. de C. Aún no se han encontrado restos de estructuras urbanas que puedan fecharse dentro del Bronce asturiano, por lo que se desconocen muchos datos sobre la forma de vivir de estas culturas. Se supone que hayan sido nómadas o trashumantes por la carencia de restos de viviendas.

Por supuesto, no se puede calificar este monumento de la época del Paleolítico como se ha podido leer en un reciente artículo publicado sobre él.  

¿TÚMULOS O DÓLMENES?

Esta confusión parte de que la mayoría de los dólmenes presentan estructura tumular, por lo que obligó a arqueólogos y aficionados a buscar en los túmulos sepulturas de inhumación, que al no hallar, se atribuyó al saqueo sufrido de los buscadores de tesoros.
Los ajuares de dólmenes y túmulos son muy parecidos, extremadamente pobres en ambos, pero distintos en sus aspectos tipológicos, pero lo que diferencia esencialmente a unos de otros es el ritual funerario. Del enterramiento colectivo de inhumación de la cultura megalítica de los dólmenes, se pasa a la incineración.
Los túmulos reciben distintos nombres, según la comarca asturiana. 
Aquí en el Oriente los llamamos coteros; en el Centro, arcas; en Tineo, covayos  y cutruyos o cuturuyos a los que aparecen como pequeños cuetos; en la zona del Occidente se les llama madorna.
Son montículos de tierra o piedra, de forma cónica achatada, cuyo diámetro va de los seis a los veinticinco metros. Suelen encontrarse agrupados en las llamadas Sierras Planas u otras altiplanicies que suelen seguir siendo, aún hoy, zonas de pastoreo. La altitud está entre los mil y los dos mil metros. El tipo más conocido es el llamado de campana, sin zanja periférica y sin superponer como se observan en otras zonas europeas.
La estructura interna es difícil de precisar ya que casi todos han sido violados. Existen cistas rudimentarias hechas con losas verticales o lajas superpuestas formando un pequeño muro de forma pentagonal que nos recuerda en miniatura a las construcciones megalíticas.
En nuestra zona, los más cercanos a nosotros están en el Concejo de Ribadedeva en el sitio llamado de La Jayuquera, en la sierra del Cuera. En nuestro concejo llanisco se encontraron, en el Llano de San Jorge de Nueva catorce ejemplares de túmulos y en el Llano de Santana de Naves, otro agrupamiento de cuatro.
En la Sierra Plana de Buelna y Pendueles hay detallados más de dieciséis y, cercanos al Ídolo de Peña Tú, se sabe de la existencia de otros, aún sin precisar la cantidad. Los más valiosos de los encontrados en los lugares de Vidiago, Riegu y Puertas son estos:
Las Mesas, Riego, y La Capilluca, ya estudiados por J. F. Menéndez (1925-1927). Posiblemente, los más orientales de la región asturiana, se hallen emparentados con los que la vecina región cántabra como los de Pesués Los situados en el Llano de La Capilluca tenían cista o cámara dolménica y abundantes residuos de carbón y cenizas. En los ajuares destacan puntas de flecha en piedra con forma romboidal y hachas de sección rectangular, hojas de sílex y otros elementos menos expresivos.
En el túmulo de Piedra Jilera se encontraron puntas de flecha lanceoladas, hojas de pedernal, piedras molederas de pequeño tamaño. En los túmulos de Las Mesas y Riego se encontraron hachas aplanadas y elementos indefinidos de sílex, además de tener todos ellos hoyos con ceniza, a una altitud aproximada de doscientos metros. La presencia de restos de piedra no nos ha de extrañar ya que la transición entre las dos culturas lógicamente es paulatina como ocurre en la actualidad entre el uso de aperos de labranza de madera y otros totalmente modernos como el tractor y que seguirán aún juntos durante mucho tiempo. Las hachas aplanadas de estos dólmenes nos ayudan a datar los túmulos dentro del II milenio a. de C.
Estas culturas tumulares pueden tener sus antecedentes en la cultura tumular alemana, que a través de los ríos llegó a las costas Occidentales de Europa, colonizando la Península Ibérica. En la Cueva del Bufón se encontraron elementos cerámicos relacionados con la cultura de la Bretaña francesa. El triángulo formado por los vértices colocados en Asturias, Gales y Bretaña francesa intercambian relaciones frecuentes durante el Eneolítico y el Bronce inicial. Queda residuo topónimo en la denominada Playa Bretones y la playa de El Puertu, en la desembocadura del río Novales que las comunicaría con los asentamientos tumulares tanto de las Sierras Planas orientales de Buelna y Pendueles como de las más occidentales de Vidiago y Puertas con Purón junto al río que lleva el nombre.


MANIFESTACIONES ARTÍSTICAS

Uno de los conjuntos más interesante es la Peña del Gentil o Peña Tú en el lugar de Puertas, el primero encontrado en Asturias.
En este conjunto existen dos tipos de representaciones, siendo las más antiguas las grabadas y las más recientes hechas con pintura roja. 
Los grabados están situados a la derecha del conjunto y representan solamente dos figuras, el llamado Ídolo de Peña Tú y una especie de puñal o espada corta. Estas dos figuras fueron pintadas posteriormente en parte de rojo y se añadieron, muy posiblemente, otras figuras y puntuaciones en el mismo color. 
Entre las grabaciones y las pinturas no debió de transcurrir mucho tiempo, aunque es imposible comprender su contemporaneidad. 
Los grabados nos recuerdan la influencia de la Meseta, mientras que las pinturas nos recuerdan la relación con el mundo rupestre y esquemático del Centro y Mediodía peninsular.

El ídolo o Cabeza de Gentil, así se le conocía con anterioridad a la moderna denominación, es de forma rectangular en cuya parte superior se cierra con un semicírculo. 
Está realizado con un instrumento de filo romo, aunque en partes se observan abrasiones que bien pudieran ser más recientes y con otro instrumento más cortante con el fin, todo esto son conjeturas, para hacerlo más visible dado que la erosión en esta roca arenisca es muy rápida. 
Tres trazos paralelos determinan dos franjas y el contorno exterior a modo de orla que encuadra la figura. La parte inferior está contorneada por un solo trazo horizontal. 
La orla está marcada con una línea quebrada. En el interior de esta orla se distinguen dos partes claras:
La superior formada por dos semicírculos paralelos a la que cobija los dos óculos. La inferior dividida en siete franjas horizontales a modo de falda.
La pintura roja recubrió posteriormente los grabados y se añadieron otros detalles que actualmente completan la figura. 
La zona de la cabeza se adornó con trazos a modo de aureola, que se repiten entre los círculos que conforman la propia cabeza del ser representado y las dos oculaciones se completaron con el trazo intermedio, vertical a modo de nariz. Parecida oculación tiene el hallado en Abamia.
En la supuesta falda se añadieron trazos verticales de pintura. Abajo, al final de la falda aparecen cuatro trazos en abanico que representan posiblemente el pie derecho.
Nos hace pensar en una divinidad vestida con traje talar. 
El traje con siete franjas representa los días de la fase lunar, corroborando su carácter sacro, la aureola de la cabeza. 
Cabe la posibilidad de ser una representación femenina, o también pudiera ser un gran jefe tribal adornado de ceremonia o la representación ideológica de un dios funerario u otro personaje mitificado.
El resto de las representaciones de Peña Tú pueden agruparse así:
Figuras humanas agrupadas a la derecha con trazo vertical y dos trazos en arco.
Otra más alejada del ídolo tiene en su mano derecha un báculo o cayado de pastor.
Cinco de las restantes figuras, excepto la ancoriforme pueden interpretarse como femeninas.
Más a la derecha del ídolo se observa un animal, posiblemente cabra, otra cercana a ella y un grupo de puntos.
La gente que rodea al hombre del báculo puede representar una danza o bien, un grupo familiar puesto bajo la protección del ídolo. 
Una serie de 27 puntos en línea recta es difícil de interpretar, salvo que se borrase uno con lo que lo convertiría en el cómputo lunar de 28 días de uso en estas culturas primitivas. También pudiera ser la contabilización de rebaños.

Los conocimientos astrológicos ya de la época de los megalitos, como en el caso de Stonehenge fueron avanzados para la época. 
Bien pudiera ser que Peña Tú representara un lugar de observación astrológica con referencias temporales en una divinidad por estar en la necrópolis de un asentamiento costero.
Esta manifestación artística rupestre que se encuentra en nuestra localidad es la primera encontrada en Asturias en su género. Se observan dos formas de expresión distintas. La grabación inicial a la derecha del panel con dos figuras bien claras: el propio ídolo y un puñal a su izquierda. Posteriormente se debió de subrayar ese grabado con pintura roja, posiblemente con el ánimo de hacerlo más visible. Se añadieron elementos, figuras y puntos. Entre ambos sucesos no debió transcurrir demasiado tiempo, pero se puede descartar su contemporaneidad. Los grabados demuestran influencia de la Meseta y las pinturas la del Centro y Mediodía peninsular.
El puñal de metal presenta  cinco agujeros por donde se ataría el mango de madera o hueso. No se trata de un monumento paleolítico como pude leer recientemente en una descripción publicada en la red.  

Podría ser que las siete capas de la falda representasen los días de cada fase lunar y que la aureola de la cabeza y la túnica talar pudiesen enmarcar un personaje sacro. Por comparación con otras similares halladas en la península puede datarse en torno al 1500 a. d. C. ¿Se trataría de un asentamiento fortuito o de un lugar de reunión anual de gentes trashumantes? Lo cierto es que ahí nos quedó esa gran roca para recordárnoslo. El nombre también debió de sufrir cambios a lo largo del tiempo:
La Peña del Gentil, quizás dado por los primeros pobladores del lugar al extraño personaje.  
Peña atunera quizás conocido referente para los pescadores cuando divisaban la parte más alta de la roca, 
El ídolo de Peña Tú tal como se oficializó, encaja sólo en la cuestión del nombre, pues no deja de ser un "falso dios" para la religión dominante, pero al "Tú" no le encuentro su sentido gramatical ya que se trataría de un pronombre personal, salvo que se pudiese referir a él popularmente como un peñatu, sin por ello  tener que restarle la más mínima importancia que nadie discute.

Me inclino a pensar que haya sido una primitiva cañada de trashumancia. 
En los bufones de arenillas, en los ríos Purón, Novales y Cabra y en variadas cavernas existen sobradas señales de la población que vivía del aprovechamiento de los pastos. 
El paisaje que desde lo alto se columbra hizo el resto, un valle con tres núcleos de población: Puertas, Riegu y Vidiago y en el que merece la pena detenerse para subir a verlo.

sábado, 31 de mayo de 2008

Lucía, la pastora de REQUEXU



Yendo de Santa Marina a La Pereda, una vez pasado el Bosque Egidio, debemos aminorar la marcha, los que conocemos aquella curva, en la que hace esquina una vieja casa. Su dueña es una mujer de noventa y cuatro años. Forma una típica estampa, su silueta delgada y esbelta, en negro, con pañuelo a la vieja usanza. El tiempo supo respetar su cara no ajándola en demasía, apenas, las arrugas corrientes en el rostro de cualquier campesina. Apoyada en una guillada de avellano cuida del más sencillo de los rebaños: cuatro gallinas. Dice de ellas que son más listas que las personas pues saber cruzar la carretera deprisa. A ella no le importuna la carretera. Los conductores habituales son moderados. Mientras charlo con ella, pasan enormes camiones con gigantescas piedras y un ciclista.
─Jamás tuve bicicleta ni aprendí a andar en ella. Pasé la juventud en el monte, de pastoreo. Cuidaba un rebaño de ovejas. En más de una ocasión estuve sola y por la noche escuchaba los aullidos de los lobos al pie de la cabaña.
Hay largos silencios en los que parece sumirse en gratos recuerdos. Sus ojuelos chispean pícaramente.
─ Una vez, buscando el rebaño por el monte arriba, fui a dar enfrente de Purón. Bajé hasta el pueblo y salí por la carretera hasta que me topé con la vía. Deje de preocuparme, pues sabía que "a la vía no hay quien la tuerza" y la seguí hasta Bolao. Era pequeña. Nunca salí muy lejos de La Pereda. En varias ocasiones tomé el tren en dirección a San Vicente, Cabezón y Santander.
─ ¿Es verdad que aún lee sin gafas ?─ le pregunto.
─ Sí. ─Se hizo una pausa. ─ Leo bastante. De joven bajaba a Llanes a buscar libros para leer. Otras veces mi madre me los traía a pares y los subía al monte junto con el suministro de la semana.
─Cuénteme algo de La Pereda. ─ Le digo después de respetar un silencio largo en el que parece perder su mirada en las cumbres del Texéu.
─¡Qué te voy a contar!
─ ¿Conoció funcionando Las Pisas?
─ Sí; metían mucho ruido. Allí nos hacían el tejido de los escarpinos.
Recuerda también haber ido muchas veces a llevar la borona a la Jorna de la tía María en Parres o que su padre la mandaba a por agua a Moscadoria. Hoy, después de tantos años, recorre el mismo sendero para buscar el agua para beber en el día.
Asegura que son "el agua fresca por la mañana, el quesu que tan ricu le salía, el sueru que destila el arniu y el cocidu casi a diariu, los secretos de su larga vida".
─ Y este aire fresquín de La Mañanga— añado. Ella asiente, mientras respira hondo. Le pregunto por el nombre del río que por allí pasa.
─ Le llaman el río Requexu y también El río Bolugu.

       Se le conoce también como río Melendru, más abajo. Esa variedad de nombres, los va tomando por el nombre de los lugares por los que pasa hasta su desembocadura: Moscadoria, Requexu, Bolugu, Covarón, Covarada, Vallanu, Las Mestas, Melendro, Carrocedo. Todos ellos son nombres sonoros, hermosos toponímicos, pero el que para mi tiene mayor acierto semántico es Melendro, porque se toma de uno de los atributos del melandru, animal que vive en estos lugares y que se guarece en las cuevas; también se le conoce como "tasugu" . Esta palabra, a su vez, es un calificativo aplicable a las personas que evitan la relación con los demás. Y talmente este precioso río se comporta como un melandru. Se esconde una vez pasado el Bolugu para aparecer en el pequeño valle de Covarón. Después se sume de nuevo bajo el cuetu Las Cerezales y sale a Covarada.
   
Llega el atardecer. Un viento fresco sopla en estos momentos desde Moscadoria. En el cielo, unas nubes rojas de sur presagian lluvia. Pero no es así; Lucía Romano, la pastora de Requexu, jamás vio seca tal ni al ríu Requexu secu baxu'l puente.

miércoles, 28 de mayo de 2008

Elegía a "CELSO AMIEVA"



Esta vez te marchaste para siempre. Thor y Odín te reclamaron a su lado para cantar por los caminos del trueno y de las estrellas. Pero no podrás abandonarnos por las buenas. Queda tu huella imborrable en la blancura de todas nuestras arenas desde Tinamayor a Ribadesella. Queda tu alma cantora reencarnada en el miruello del Cuera.
Profesor en Geografía, en tus versos se aprende de Asturias. Antropólogo, folclorista, romero incansable desde Santu Medé hasta la Guía. Peregrino de medio mundo cuando en tu patria se cierran los ojos a cal y canto y tú la ves por la mirilla del recuerdo. Tu corazón cansado de tantos sentimientos y nostalgias no en vano dejó de marcar el tiempo finito para dejarte varado en la arena, cual barco de Cadexana. Tocaron las campanas y se callaron las esquilas. Ahora sé que estas detenido pues nuestras manos amarraron las tuyas, pero tu alma volará a reunirse con Miguel, Camín, Amado Nervo, Pola y Pepín de Pría y quizás al caer la tarde juguéis a hacer versos. Chema, Lino Serdal, Elías Pombo, Máximo Bulnes, Fidel, Corsino Urriel, CELSO AMIEVA, personajes de farándula viva, encarnados por un mismo autor, JOSE MARÍA ÁLVAREZ POSADA, dormiréis con él en la misma almohada de arena de playa.
Perdurará en la mente de quienes tuvimos la oportunidad grande de saludarte y conocerte, aunque haya sido bastante tarde y hubiéramos deseado que ocurriera antes. Gota a gota, destilamos su poesía calándonos de Asturias la médula. Dejamos una obra y buscamos en otra la continuación de la primera y así vamos conociéndote mejor.

Era setiembre último. Las calles de Llanes eran intransitables. Los turistas, perdidos sus ojos en el mapa, no te vieron pasar: buscaban lugares de sol y arena o lugares que profanar con plásticos y latas de conserva. Las angostas aceras no te dejaban pasar. Te saludé, me presenté tímidamente y me ofreciste parte de tu precioso tiempo para charlar amigablemente. Desde el gran ventanal del establecimiento donde entramos, escudriñabas la calle. Contestaste sencillamente, desmitificando la figura de poeta que yo tenía de los demás. Había algo de ironía en tus palabras, pero no existía tirantez, más bien la conversación fue abierta, didáctica, quizás. Desde entonces ten por seguro que te coloco con Miguel Hernández, Juan Ramón Jiménez o Antonio Machado, en el mismo pedestal.
Hubiera querido continuar aquella charla contigo, pero te marchaste, en silencio, y fue la despedida el último adiós. Quedaste en volver y lo harás muerto, pero ten por seguro que habrá un cielo especial para ti, alejado de opresores y tiranos
Lo había saludado en la Farmacia de Llano e invitado a tomar algo, en la desaparecida Cafetería “Auseba” donde nos relató retazos de su vida en el destierro. Quedamos en volver vernos al regreso de Rusia en la Escuela de Pendueles , ya que tenía especial recuerdo del pueblo. Nos despedimos. Él marchaba para Moscú donde trabajaba como corrector de estilo en la Agencia Novosti, pero regresaron sus cenizas que esperamos en el cementerio de Cadexana, desde donde se puede contemplar las barcas y bogar en ellas rumbo a lo desconocido. (21/2/1988)

Mi Elegía a "Celso Amieva"

Esta vez te marchas para siempre:
Thor y Odín te llevaron a su lado
a cantar, por los caminos del trueno
...y de las estrellas.
Queda tu huella imborrable
en la blanca y tersa arena,
desde Tinamayor a Ribadesella.
Queda tu alma cantora reencarnada
...en el miruellu del Cuera.
Profesor de Geografías
llevaste en tus versos a Asturias.
Antropólogo, folclorista,
romeru insaciable
de Santu Medé a La Guía.
Peregrino incansable,
el tiempo te marcó su meta.
Cansado el corazón de sentimientos
poéticos y nostalgias,
dejó de marcar el tiempo
para dejarte varado en la arena
...cual barca en Cadexana.
Y tocarán las campanas...
y callarán las esquilas:
ahora estás detenido,
-nuestras manos apresaron las tuyas-
tu alma volará libre
a reunirse con Miguel,
Nervo, Pola, Camín.
Al caer de la tarde, quizás,
te invite a hacer unos versos,
en las brañas, el de Pría, Pepín.
Chema, Lino Serdal,
Elías Pombo, Máximo Bulnes,
Fidel, Corsino Urriel,
encarnasteis un solo actor:
JOSÉ MARÍA ALVAREZ POSADA
...Celso Amieva, el escritor.
Desde Cabo de Mar hasta Tinamayor,
extiéndense las costas escarpadas de Thor.
(Marzo de 1.988)

Ver sobre el mismo poeta, mi escrito: "En torno a Celso Amieva" de este mismo blog.

domingo, 25 de mayo de 2008

El teatro "BENAVENTE" en Llanes


Son las dos de la tarde de un domingo cualquiera, allá por los años sesenta. La chavalería del pueblo nos reuníamos a esa hora en La Pandina, confluencia de barrios en la carretera, con aires de mocitos peinados a la raya, con olor a jabón de afeitar "La Toja" de padre y un duro en el bolsillo del pantalón de tergal planchado a la raya también. Aquella concentración me recuerda la que hacen en la entrada del otoño las golondrinas sobre la comba de los cables de la luz entre dos postes. Por aquél entonces, cuando cuatro "melenudos" de Liverpool daban gritos en las salas de fiestas de su ciudad, en Llanes no teníamos salas de fiestas aún. La única posibilidad de diversión social era el cine. Tres pesetas costaba la entrada a "gallinero" y dos más para pequeños caprichos en el ambigú si no te habías atrevido a entrar agachado delante de las mamparas de cristal junto a las taquillas y podías luego deslizarte escalera arriba, y esquivar el tropezón con el señor de la linterna.
Las cuatro de la tarde de un domingo cualquiera, en los ochenta. Un viento frío que viene del Cuera, gélido de lamer la nieve, enfoca por la calle principal y se desliza en hilos para recorrer el resto de calles hasta calentarse e impregnarse del aroma de café que sale de las cafeterías. Después sube al paseo de San Pedro por entre los tamarindos.
En El Puente los mocitos de ahora, el pelo erizado a colores, desfilan hasta el lugar de encuentro junto al muelle. Al otro lado de la ría con los prados de Tieves de fondo y un bosque de eucaliptos moteando el horizonte se levanta aquel magnífico Teatro Benavente que aguanta orgulloso el embate, a duras penas, del tiempo y del abandono. En su tejado "las gallinas del contramaestre" como decía el gran Remigio, engrasan con el pico su plumaje y lo secan al trémulo sol de mayo. Las hierbas también ascendieron a él seguramente queriendo ver la mar o a los vecinos. Porque es difícil para los que lo conocimos en su esplendor todavía no girar la cabeza y así humedecer nuestros ojos. Abajo, la puerta enrejada es como un rayado en el paisaje. Entorno los ojos para mejor recordar y aún veo la gente salir ya de noche comentando las escenas, abrochándose la gabardina y el abrigo y levantando el cuello al estilo del hampa.
La rampa de bajada al cine, siempre será para mí el arquetipo de todos los teatros del mundo cuando leo un relato. El teatro y dos farolas que custodian la entrada desde el puente dan al lugar un halo de ensueño y misterio a la vez.

Parpadeo. Se me fue el santo al cielo. Es una tarde cualquiera del mes de mayo de la primera década del siglo XXI. Paso por allí con frecuencia. Bien es cierto que los edificios ahora están arreglados y ganó en belleza la villa, pero perdió en antigüedad porque le falta el Benavente. El puente ganó en seguridad y amplitud. La gente puede sentarse un rato sobre los bancos metálicos a mirar las barcas, a comerse un helado de "Revuelta" o a leer "El Oriente", en lugar de hacerlo sobre la panda de piedra del viejo puente. Pero si miran al otro lado, verán el recorte del viejo Hospital de los Altares acicalado hoy y travestido en casa de contratación laboral moderna, "INEM" y los prados de Tieves.
Tan sólo unos pocos podemos ver recortado el vacío producido por la silueta desparecida del viejo teatro llanisco. Algo del ayer desaparece con estos mudos testigos de piedra y teja.

martes, 23 de octubre de 2007

LA CUEVA DEL CUÉLEBRE EN PURÓN
















LA CUEVA DEL CUÉLEBRE

Allá por el ríu Ríu Arriba

Que’l Ríu Arriba li llaman

Perdiánse los paisanos,

Ganáu de pelu y llana.

Y los vecinos del pueblu

Casi, casi qu’espiritaban

Pol mieu que tenían

Y por non saber la causa

De tantas vidas perdidas,

De tanta y tanta desgracia.

Unos dicen que los llogos

O animales de más garra;

Otros que será la Güéstiga

Que pol pueblu de noche andaba.

Tal vez la Paparrandusca

O las bruxas endiabladas,

O bien las fieras Corrupias

Que tienen tan sangrienta fama,

O algún temeroso espantu

Que ningún barruntaba

Hasta qu’un mozu muy llistu

Que por el Rexu segaba

Fue a echar mano al cachapu

Pa afilar la so guadaña.

Miró p’abaxu y se dio

Cuenta de lo que pasaba.

Era un cuélebre horroroso

Que en la cueva asestaba

Y de la cueva salía

Pa comese al que pasaba.

Llargu como d’aquí al Clérigu,

Llargura que hay qu’ achicar

Pa que non diga la xente

Que paez exaxerada

Con güeyos qu’echaben h.ueu,

Varias decenas de patas,

A lo menos venti cuernos

Y una espantosa bocaza

Con diez ringleras de dientes

Afilaos como nabayas

Pa esmigayar en un tris

Al cristianu que pasaba

Como si fuera cuayada.

Al conocer el peligru

Qu’el monstru representaba,

Obrando con rapidez,

La autoridad ordenaba

Que saliera a destruilu.


Con la tropa que mandaba

El General Tarancón

Que en Las Pisas acampaba

Y que dormía a pierna suelta

Axenu a lo que pasaba,

En un molín que tenía

Que no era de buena fama,

Porque unas veces molía

Y muchas más anranaba.

Salió la caballería

Y la artillería rodada

De La Teyera y Los Picos

Las dos valientes Brigadas

Que mandaban Canor y Terio

Y por estar…

Al mando el General en Jefe

Ponerlas en la vanguardia

Y hasta el mismo San Miguel

Con su amenazante espada

Diz que lu vieron baxar

Por entre la Escuela y su casa,

Por si fuera necesario

Rematalu a cuchilladas.

Terminaron los aprestos

Sin nada de nada

Ya ordenada la xente

Dio comienzu la batalla.

Tira unu tira’l otru

Pero no le herían las balas

Y la fiera se reía

De bombazos y pedradas

Debido a que ni unos ni otras

Penetraban en su coraza.

Un soldado de a caballo

Se echó a tierra con la lanza

Y se la metió por la boca

Y el corazón li traspasa,

Más ni por eso se movía

Y de todo se burlaba

Hasta que un audaz tamargu

De los que Terio llevaba

Le h.izo frente con valor

Sin miedo a lo que bufaba

Y le atizó un madreñazu

Por debaxu de la pata

Que lu mandó a los infiernos

Si es qu’el diablu le dio 

posada.

Murió la fiera espantosa

Entre horribles pernexadas

Y así pagó con su vida

Su ferocidad malvada.

Desde antoes, Dios bendito,

Y San Miguel, nuesu guarda

Pasa por allí la xente

Con el ganau o sin nada

Sin miedo a la bestia infame

Que a tantos antes matara.

Por eso la cueva El Cuélebre

A esa cueva así la llaman

Y sin correr pa ella miran

Con notoria desconfianza

Los rapaces de esti pueblu

Cuando pal Mazu pasan.

Pero h.ue tanto el estrépitu

Y el fagor de la batalla,

Que dicen que retuñó

Por el pueblu y su comarca,

Dende los picos del Candal,

Pasando por su garma,

Por el Cuetu S. Miguel

Y la Peña Mari Prada;

El Cantiellu y Peña Tú.

Por Porciles y la Maza;

Por Merodio y Zarzaleñas,

Por las Cuerres y Las Garmas;

Por la Valleya las Corzas

Y la Peña Sopeñalba.


Desde el Cubezu l’Encina

Hasta el Cabeza Roncadas

Volviendo a Peña tu Tía

Que de Peña Tú es hermana

Mas por estar más arriba

No le dan la misma fama.

Las Conchas de Pedreru Vieyu

El H.ondón la Requexada,

El Puente Candalosines,

El Liño y Jayas Quebradas,

Cuetu Blancu, Cuetu Espesu,

H.ortigosu y Malasarmas,

Por el Picu La Peluca,

El H.orcáu y el Cuetu L’Agua,

Jaya Corva y Peña Lluvia,

El Picón las Piedras Blancas,

Brincando a Cuesta Redonda

Y a La Corona la Mata,

Hasta el Coteru Las Conchas,

Entrando a La Pumarada

Qu’era donde estaba yo

Pa dar fe de tal hazaña.

¿Creeislo? ¿No lo creéis?

¿Decís que es cueva inventada?

Allá vos, mas yo lo vi

Una nueche que soñaba

Con el mio pueblín querido

Con el mio Purón del alma.

Vicente Sordo
......



  (Este romance me lo facilitó una vecina de Purón escrito a máquina y yo lo corregí en la medida de mis conocimientos según las reglas de la normativa actual y respetando los vocablos autóctonos del bable oriental y del puroniegu en particular).

jueves, 20 de septiembre de 2007

A QUEIMADA

"Mouchos, coruxas, sapos e bruxas.
Demos, trasgos e diaños, corvos, pintigas e meigas.
Pobres cañotas furadas, fogar dos vermes e alimañas.
Lume das Santas Compañas, mal de ollo, negros meigallos.
Cheiro dos mortos, tronos e raios.
Oubeo do can, pregón da morte.
Averno de Satán e Belcebú.
Lume dos cadraves ardentes.
Corpos mutilados dos indecentes.
Peidos dos infernales cús.
Muxido da mar enbravescida.
Barriga inútil da muller solteira.
Falar dos gatos que andan a xaneira.
Con este fol levantarei as chamas
desta lume que asemeia ao do inferno,
e fuxirán as bruxas a cabalo das suas escobas,
índose bañar na praias areas gordas.
¡Oide, oide! os ruxidos que dan as que non poden
dexar de quemarse no aguardente.
E cando este brebaxe baixe po las nosas gorxas,
quedaremos libres dos males da nosa alma e de todo embruxamento.
Forzas do ar, terra, mar e lume, a vos fago esta chamada:
Si e verdade que tendes mais poder
que a humana xente, eiqui e agora,
facede que os espritos dos amigos que están fora
participen con nos desta queimada."

Mochuelos, lechuzas, sapos y brujas.
Demonios, trasgos y diablos, cuervos, salamandras y hechiceras.
Pobres castaños huecos, hogar de gusanos e insectos.
Lumbre de los aparecidos, mal de ojo, negros hechizos.
Hedor de muertos, truenos y rayos.
Aullido de perro, anuncio de muerte.
Infierno de Satán y Belcebú.
Fuego de cadáveres ardientes.
Cuerpos mutilados de indecentes.
Pedos de culos infernales.
Mugido de mar embravecida.
Barriga inútil de mujer soltera.
Maullidos de gatos en celo.
Con este fuelle levantaré las llamas
de esta hoguera como las del infierno
y huirán las brujas a caballo de sus escobas
para bañarse en playas de arenas gruesas.
¡Oíd, oíd! los rugidos que dan los que no pueden
dejar de quemarse en el aguardiente.
Y, cuando este brebaje baje por nuestras gargantas,
quedaremos libres de los males del alma y de todo embrujamiento.
Fuerzas de aire, tierra, mar y fuego, os hago esta llamada:
Si es cierto que tenéis más poder que los humanos, aquí y ahora,
haced que los espíritus de los amigos ausentes
participen con nosotros de esta queimada.

domingo, 2 de septiembre de 2007

EN TORNO A CELSO AMIEVA



Cuando camino por la Calle Mayor y por las calles aledañas, no puedo dejar de leer los versos grabados en placas de hierro del poeta llanisco al que tuve la suerte de tratar aunque sólo sea de forma efímera. En el año 1985 asistí invitado a un homenaje que el Ayuntamiento de Llanes le dio. Fue en la terraza del Hotel D. Paco donde lo recuerdo un día soleado. Hubo un momento en que le dejaron solo los periodistas y amigos. No hubiera tenido ocasión de conversar con él si no fuera porque me encontraba al lado de su hermano, mi bienquisto profesor de Física de mi época de bachiller del Instituto, D. Andrés, y que me presentara como alumno suyo. Eso bastó para relajarme y aportar mi parte en aquel homenaje. Acababa de leer “Asturianos en el destierro”, obra que había sido publicada por Ediciones Ayalga en 1977. Habían bastado dos cosas para entusiasmarme con su lectura. Una, el hecho de ser autor llanisco y otra por tratar en él de la guerra y el exilio. En dicho libro, menciona a un compañero en el campo de concentración de Argelès francés y que cualquier lector pudiese imaginar personaje ficticio de pura invención novelística. Pero, coincidencias de la vida, me recordé de una historia que había oído contar sobre alguien como él y de esa forma, todos los demás nombres dados por Celso Amieva en la obra recobraron identidad real.

"Habiendo dejado mujer y una hija a punto de nacer por escapar de las represalias, que se tomaban contra los que se habían alistado en el ejército republicano, logró no sin contratiempos pasar la frontera. Cuando pudo, mandó las primeras noticias suyas a la dirección de su mujer. Deseaba estar al día de lo que pasaba en su tierra con el ánimo de regresar cuando se acabase todo, pero no recibía noticias de ella. Pensaba en su hija a la que no había podido ver nacer. Cuantas cartas mandó a Asturias, tantas acabaron en la papelera o en los archivos del puesto de guardia del pueblo. Al fin, un día recibe la contestación a la última carta mandada por él. En lugar de una extensa misiva de su amada, pudo leer algo así: " su mujer e hija han fallecido atropelladas por un camión". Cagancho no volvió a mandar más cartas y pasado algún tiempo, se casó con la hija del dueño de la granja donde trabajaba desde hacía unos años.
Pasaron cuatro décadas. En un pueblo asturiano, como en tantos otros, vivía una mujer de canosa cabellera que tanto en su atuendo como en sus historias portaba el luto al que se había consagrado de por vida. Las cosas en España estaban cambiado con los últimos acontecimientos políticos. Habían regresado los más destacados políticos del exilio. Ya le parecía que tardaba, para ser cierto lo que su corazón decía que estaba vivo, a pesar de la nota que había recibido del puesto de guardia, por la que supo de la  muerte de su marido, en los primeros años, tras la fuga de un campo de concentración francés.
Su hija con su marido, viajaba todos los veranos al país vecino. A la madre no le decían nada por no darle falsas esperanzas, con el afán de encontrar al padre. Habían oído contar a gentes que habían emigrado a Francia haber oído hablar a otros de su padre, pero nada había en claro. Aunque no concordaban todas las habladurías, en ellas coincidía una: la misma localidad de ubicación. Era cuestión de batir el terreno, primero barrio por barrio y comprobar las listas de correos en los buzones de los edificios. Habría sido un trabajo arduo a no ser que la suerte se pusiese de su lado. Así, durante varios veranos, se acostumbraron a poner su Citroën 2 CV a recorrer cuantos pueblos conformaban las distintas comunas de los alrededores de Argelès. Un nuevo viaje, —esta vez el último—, se decían, antes de tirar la toalla, que vendría a dar los resultados tan esperados como desconocidos.
Un viernes y tras cerrar el cinturón de búsqueda, en el puesto de policía lograron obtener, gracias a la amabilidad del que hacía la guardia, una dirección y un número de teléfono. Llamaron desde una cabina. Una voz en un francés correctísimo, después de los convenientes saludos les concedió una entrevista. Era la primera vez que venían paisanos suyos a saludarle y puede que le trajesen noticias de su tierra. Quedó en recibirles el domingo a las doce en la terraza de una conocida cafetería.
Se puede uno imaginar los nervios de los tres en la espera mientras vigilaban todas las calles que convergían en la pequeña plaza. Al fin, vieron cruzar la calle a un señor ya mayor, de rostro arrugado y apoyado en su bastón. Parecía faltarle el aliento para llegar a donde le esperaban o quizás aborrecía encontrarse con la verdad o con una nueva desilusión. Vio como una pareja y un chaval se levantaban y se dirigían hacia él y le invitaron amablemente a sentarse con ellos. La mujer parecía llorar y el muchacho se notaba nervioso. El padre parecía el más tranquilo de los tres y fue el que le saludó en un francés correcto. Sólo lo justo para el saludo. Continuaron las presentaciones en español con aquel acento de las cuencas tan entrañable y que aún podía reconocer a pesar del tiempo pasado.
En cuestión de pocos minutos, Cagancho se enteró de que delante de él tenía a su pequeña, hecha ya toda una mujer, a su nieto y a su yerno. ¡Había pasado tanto tiempo! Les preguntó por la abuela, casi llorando con un enorme nudo en la garganta. Sabía de ella desde hacía unos diez años, pero nunca fue capaz de vencer el miedo a visitarla. Él no había dado señales de vida, pero en ella había el constante presentimiento de que aún vivía su 
marido. No solía hablarlo con nadie, excepto con su hija y acaso se lo contaba a su hermano y hermanas, pero nadie trataba de convencerla de lo contrario. Era tan habitual esa situación que a todos les parecía del todo normal. Sin embargo, esperaba que el tiempo le quitase la razón o le diese la ocasión de ver aparecer al hombre que había amado. Cuando alguien llamaba a la puerta su corazón seguía sobresaltándose.
Tras estos recuerdos no pudo ya aguantar las lágrimas y lloró. En un rato no pudo emitir palabra alguna. Después, entrecortadamente les contó cómo después de haber recibido la nota del puesto de policía, pasados unos años, contrajo matrimonio civil con la hija del patrón que le había protegido en su granja. De ese matrimonio tenía un hijo. Así vivió feliz hasta que la muerte le arrebató a su amada. En la actualidad vivía solo. Recibía una paga como excombatiente y además cobraba un alquiler por la granja. Su hijo estaba residiendo en otra población distante donde trabajaba y había formado su propia familia. No sabría cómo reaccionaría su hijo cuando se lo contase. Lo propio sería concertar para el próximo verano la entrevista entre los dos hermanos. El tiempo jugaría a su favor. Los tres le dieron ánimos a ello y después de hablar de muchas cosas familiares se abrazaron y se despidieron. Dejaron al pobre hombre al pie de su casa, y animado a volver a visitar Asturias. Lo más difícil de todo aún quedaba por pasar. ¿Cómo explicaría a su viuda que todo lo ocurrido en sus vidas obedecía a la maldita guerra! No podía esperar comprensión tampoco. Comprendía que después de tan larga espera no bastasen explicaciones por verídicas que éstas fuesen. También es cierto que podía haberse arriesgado a volver como lo hicieron otros. Cuando todo el peligro pasó vivía feliz con su mujer y con su hijo y no valía la pena destrozar esa felicidad tan caramente conseguida.
Dos años desde este encuentro tuvieron que pasar aún para que volviese a su pueblo natal, de visita porque nunca pudo dar explicaciones a su viuda. La pena o la nostalgia de los años perdidos habían cerrado todas las posibilidades para el encuentro esperado. Los dos hermanos se encontraron y celebraron su existencia, viéndose con frecuencia a partir de entonces."

Esta historia se la conté a Celso y a D. Andrés en la terraza del Hotel D. Paco. Me escuchó en silencio quizás sumido en recuerdos de historias parecidas. Me escribió una dedicatoria en el libro “Antología poética” bajo la fotografía tomada por Juan Ardisana.
Días más tarde, salía de la farmacia de Llano y le cedí el paso en la estrecha acera. Me dio las gracias y me volví a presentar. –Ah sí, el maestro de Pendueles -recordó. Yo iba con mi mujer y mi hijo de dos años. Le invitamos a tomar algo en la Cafetería Auseva. Tras los grandes cristales de aquel establecimiento que sabía conservar la nostalgia de otros mejores tiempos en sus maderas bien conservadas, mirábamos pasar la gente apresurada por la calle principal. Sólo rompía el silencio del lugar, la voz del poeta y la vieja máquina registradora de teclas nacaradas. Recuerdo al poeta con mi hijo sobre sus rodillas mientras nos contaba con su tranquila elocuencia el resumen de sus andares por los pueblos de Ribadedeva donde había ejercido de maestro. Prometió hacerme una visita en mi escuela cuando regresase de Moscú, el último viaje del que sólo regresaron sus cenizas que descansan en su bien amada Cadexana, en el panteón desde donde se pueden ver los reflejos plateados del agua ensenada de la ría.
Biografía:  

El poeta Celso Amieva (1911-Moscú, 1988), seudónimo de José María Álvarez Posada, nacido accidentalmente en la localidad cántabra de Puente San Miguel, en cuya escuela a su padre le habían destinado como maestro, profesión ejercida luego por él mismo; el desenlace de la guerra civil le obligó a pasar a Francia en el año 1939; posteriormente se fue a México, donde trabajó como profesor de castellano, traductor de poemas franceses y colaborador de numerosas publicaciones de toda América, siendo condecorado en 1959 con la Medalla Artística de la Revolución Mexicana por el guión de la película Pueblo en armas; a partir de 1969 fijó su residencia en la URSS. El Soviet Supremo le premió en 1985 con la Orden de la Amistad de los Pueblos. Una Antología poética con selección de sus principales poemas, hecha por el llanisco Pablo Ardisana, fue editada por el Servicio de Publicaciones Principado de Asturias en el año 1985.

Ver también sobre el mismo Poeta, mi escrito en este mismo blog: "Elegía a Celso Amieva"

domingo, 19 de agosto de 2007

CAPERUCITA LA DESPISTADA

INTRODUCCIÓN
Obra de teatro preparada a partir del famoso cuento infantil, pero escrita mientras la representábamos en los recreos de los días lluviosos y ensayada al sol en el patio.
Explicación: He querido hacer un texto en el que nadie salga dañado, sin rasguños tan siquiera, porque la violencia, sea de género o de número no está en consonancia con el disfrute de la lectura o del ejercicio de la comedia infantil.
Obra para ser representada por todos los alumnos del aula, pero tuve que inventar personajes de acuerdo con las posibilidades del grupo de actores.
Me hubiera gustado contar cuando la representamos con una alumna, a la que una enfermedad obligó a permanecer ausente de nuestra aula y que felizmente ya tenemos ocupando su pupitre, María. Todos le dedicamos esta humilde obra de teatro infantil.

Reparto escénico por orden de edad.
Mamá: Ainoha
Papá: Marcos
Tía: Elisa
Hijo: Hugo
Abuelita: Cristina
Caperucita: Julia
Lobo Extraño: Laura
Lobo normal: Iván
Guardabosques: Manuel y Simón
Ayudante de escena: Charlotte
LIBRETO Entre todos.
AGRADECIMIENTO A:
Los espectadores por soportarnos,
A quienes no pudieron venir, pero hubieran querido hacerlo.
A quienes nos ayudaron.
Al sol, al aire y a la naturaleza que nos rodea.

NOTA: Cualquier parecido con la realidad en los nombres o en los textos es pura coincidencia circunstancial.

ACTO I
Se ven unas casitas donde vive Caperucita con sus padres.
Música de fondo:
ESCENA I
MAMÁ: Caperucita, date prisa o llegarás tarde a casa de la abuelita.
CAPERUCITA: Sí mamá. Buenos días papá. Otra vez a casa de la abuelita. ¿No podría ir mi hermano?
PAPÁ: No; sabes que tu hermanito es pequeño para andar solo por el bosque.
HERMANITO: Yo no soy pequeño. Yo quiero ir, Buah (Hace que llora).
MAMÁ: No pequeñín que el bosque está lleno de peligros. Tú te quedas con mamá.
PAPÁ: Bueno, Caperucita. No te salgas del camino; anda por ahí un lobo nuevo.
CAPERUCITA: Bah; tonterías. Los lobos no me dan miedo. Sólo sirven para asustar a los niños.
MAMÁ: Claro que no, Caperucita, pero ya sabes que en el cuento existe uno y nosotros estamos en el cuento. ¿Qué iban a decir los niños si no apareciese?

ESCENA II
TÍA: ¿Hay alguien en casa?
MAMÁ: Entra, Eli. Ya nos vamos. Voy a coger mis cosas.
TÍA: Buenos días, familia. Caperucita, ¿adónde vas tan abrigada con tu caperuza? ¡Vaya bien que te sienta!
CAPERUCITA: A casa de la abuelita a llevarle su desayuno: panecillos y un tarro de miel.
MAMÁ: Caperucita, procura no echar las horas muertas por el camino y regresa pronto para la comida.
CAPERUCITA: Está bien, mamá. Un beso a todos. Besos. (Los da con sus manos)

ESCENA III

PAPA: Hoy iremos al monte donde el lobo suele merodear.
GUARDABOSQUES: Sí; vamos ya. ¿Sabe algo Caperucita de todo esto?
PAPA: Sí; lo sabe, pero como si no: Caperucita es una niña muy valiente y no le teme a nada.
GUARDABOSQUES: Pues yo estoy algo preocupado.
PAPA: Lo extraño es que parece un lobo vegetariano, porque no ataca a los rebaños. Como si se alimentara de hormigas. ¿Tú sabes si existen lobos hormigueros?
GUARDABOSQUES: No creo.
PAPA: Pues será un lobo de otro planeta, ¡qué sé yo!

ACTO II

Se ve a Caperucita andando lentamente por el bosque, recogiendo margaritas, dientes de león y alguna que otra florecilla de las que tan amante es para su herbolario.

ESCENA I

CAPERUCITA: ¡Ay! Vaya pinchazo. Trialarán, larán… Trialarán, larán…
LOBO EXTRAÑO: Oiga, jovencita. ¿Sabe a dónde da este camino? Oiga, por favor… ¿me podría usted decir adónde conduce este camino?
CAPERUCITA: Trialarán, larán… Juraría que oí una voz… Trialarán, larán… Trialarán, larán…
LOBO EXTRAÑO: Insisto, jovencita. Le estoy hablando yo, ¡EL LOBOOOOO!.
CAPERUCITA: ¡Ah qué susto me has dado! So tonto. Deja de jugar a disfraces que no es carnaval y vete a casa de la abuelita.
LOBO EXTRAÑO: ¿La abuelita? ¿Qué abuelita?
CAPERUCITA: Vamos, amiguito, ya está bien de bromas, sabes a qué me refiero ¿Vas a ir o no? Yo iré por el camino más largo y tú por el corto, como siempre..
LOBO EXTRAÑO: ¡Qué raro, no! Pues iré por donde me dice. Recogeré unas castañas para calmar el hambre. Mi alergia a la carne me hace más parecido a un jabalí que a un lobo, pero las castañas están bien ricas.

ESCENA II
ABUELITA: ¡Hola, Caperucita! Viniste muy pronto, todavía el lobo no ha llegado. ¡Qué falta de respeto para con los niños! Y ahora ¿cómo vamos a continuar con el cuento?
CAPERUCITA: No sé, abuelita.
ABUELITA: ¿Te encontraste con él?
CAPERUCITA: Sí, en el mismo lugar, pero… ahora que me doy cuenta… ¡No era el mismo lobo!
ABUELITA: ¡Qué me dices! ¡A quién habrán mandado esta vez! ¡Qué poca formalidad!
CAPERUCITA: Abuelita, tenemos que hacer algo rápido sin que llegue. Déjalo de mi cuenta.
ABUELITA: Jajaj… Es muy buena idea. Vamos a preparar todo que no hay más tiempo que perder.

ESCENA III
LOBO EXTRAÑO: Muy buenas, señora. Usted es la abuelita de una niña que se llama… espere, se llama…
ABUELITA: Caperucita.
LOBO EXTRAÑO: Eso es. Pecuriceta. Verá. Me mandan acá como actor para la representación de un cuento infantil, pero no sé de qué va porque no me dieron el guión.
ABUELITA: Desde luego… cada vez se quiere abaratar más las cosas y ¡claro! contratan a un actor de tres al cuarto.
LOBO EXTRAÑO: ¿Qué dice, señora? Si quiere me voy por donde vine y que manden a otro en mi lugar.
ABUELITA: No, espera, todo saldrá bien como siempre, tú no tienes nada más que dejar que la acción transcurra.
LOBO EXTRAÑO: Si usted lo dice… me quedo.
ABUELITA: Escóndete detrás de la casa; y sal cuando yo te avise.

ACTO III
Todo transcurre delante de la casa de la abuelita. Vean.
ESCENA I
ABUELITA: Entra, pero llama fuerte a la puerta, porque se supone que estoy muy sorda y recuerda que no eres el lobo: eres Caperucita.
LOBO EXTRAÑO: ¡UHF! Vaya trabajito. Aclararé mi voz: “Soy Caperucita…” ¡Anda, otro lobo! ¿Será algún especialista que enviaron a sustituirme? Me quedaré escondido para ver qué pasa.
LOBO: ¿Estás en cama, abuelita?
ABUELITA: Sí hijita, entra con tu cestita.
LOBO: ¡Qué cara tan paliducha tienes!
ABUELITA: Es porque me eché la crema, Caperucita.
LOBO: Abuelita, ¿cómo es que tus ojos brillan así?
ABUELITA: Es que estoy cansada de tantos panecillos y tanta miel. Mejor me hubieras traído unas botellas de sidra.
LOBO: Pero, abuelita, ¿cómo es que tienes las orejas tan coloradas?
ABUELITA: Es porque me da vergüenza hacer siempre de sorda, enferma y bonachona.
LOBO: ¡Ah, qué hambre siento!. Soy el mismísimo lobo y esta vez te comeré… ¡ay! …
ABUELITA: ¡Con que me comerás¡ Toma y toma y toma.
LOBO: ¡Ayyyyyyyy! Esta abuelita está loca. ¡Que alguien me ayude!

ESCENA II
LOBO EXTRAÑO: Qué miedo pasé. Vaya cómo actúan de bien. Casi me muero del miedo que me entró. Me acostaré un rato en esa cama tan mullida. Ya me llamarán cuando me encesiten.
CAPERUCITA: Abuelita. Trialarán, larán… Trialarán, larán…
LOBO EXTRAÑO: Oigo llegar a Caperucita, es el mismo cantar que escuché cuando nos encontramos allá abajo. Me haré el dormido. ZZZ…
CAPERUCITA: Abuelita, despierta, mira lo que te traigo.
LOBO EXTRAÑO: ZZZ…
CAPERUCITA: Pobre abuelita. No entro, pero por si acaso se despierta aquí le dejo su comida.
LOBO EXTRAÑO: Vaya suerte la mía. Empezaré con los panes y la miel, Me encanta este desayuno. Miraré en la nevera a ver si le queda leche. ¡Qué rico está todo!

ESCENA III
GUARDABOSQUES: Es rarísimo, hay huellas de lobo pequeño. Es como si fueran dos.
PAPA: Sí; es extraño. Estas parecen de un lobo borracho porque van haciendo curvas. Como si anduviese a castañas, pero que yo sepa, los lobos no comen castañas. ¡Qué raro!
GUARDABOSQUES: Vamos a la casa de la abuela. Me temo lo peor.
PAPA: Corramos. ¡Caperucita! ¡Dónde estará esta niña!
CAPERUCITA: Sí, papá. ¿Qué ocurre? ¿Cómo por aquí? ¿No confiabas en mí, papá?
PAPA: Hija, ¡qué bien que al fin te encuentro!
GUARDABOSQUES: ¿Viste al lobo?
CAPERUCITA: Lo que se dice al lobo… Bueno, he visto una especie de lobo blando. Nada comparado con el de otros cuentos.
PAPA: Corramos a la casa de la abuelita.

ESCENA IV
MAMA: Vaya una sorpresa que daremos a nuestra familia, hermana.
TÍA: Sí, desde luego; y con estos trajes no nos reconocerán a la primera. Aparquemos aquí las motocicletas.
MAMÁ: Vaya fácil que fue el examen de conducir.
TIA: Lo teníamos bien preparado. Ahora empezaremos a vigilar a los furtivos. Pobres animalitos del bosque.
MAMA: Yo no quisiera estar en el pellejo de quien encontremos cazando en estos bosques.
TIA: Ni que se le ocurra a nadie coger un caracol.
MAMÁ: Ni cazar un ratón.
TÍA: Ni destruir las toperas.
MAMÁ: Ni… ¿Ves, hermana lo que ven mis ojos?
TÍA: ¡No es posible! Mamáaa… ¿Qué traes en el saco?
ABUELITA: ¡Anda, recórcholis! ¡Los motorizados! ¡Qué hago yo ahora con este lobo!
MAMÁ: Mamá, qué haces fuera de tu casa, si debieras estar malita en la cama con fuertes catarros.
TÍA: Eso, mamá, ¿nos quieres decir qué diantres llevas contigo?
ABUELITA: Pero, ¿qué hacéis así vestidas? Y ¿esas motos? ¿De dónde las sac…?
MAMÁ: Son nuestras herramientas de trabajo. Tienes ante ti a tus dos hijas, del Servicio de Vigilancia del Campo.
TÍA: Y creo que esta va a ser nuestra primera actuación en materia de detención. Debemos sancionarte, mamá. Te hemos pillado in fraganti capturando una especie protegida.
ABUELITA: ¡A mí me tiene que pasar! ¡Mis propias hijas! Está bien proteger a desvalidos animales! Pero, y a mí ¿Quién me protege a mí cuando quiero cruzar la carretera en mi pueblo?

Se cierra el telón.

viernes, 27 de julio de 2007

POZU'L TEJERU


Hace tiempo que tuve la idea de hacer un trabajo simplemente para tener pretexto por el que salir y conocer los lugares más próximos en busca de restos de arqueología industrial de la zona llanisca. Recuerdo que me aventuraba hasta ponerle como título: “Puntos de Interés Etnográfico del Concejo de Llanes”. Este material que se está perdiendo entre las malezas de los distintos pueblos: molinos de agua, caleros, tejeras, minas, herrerías, pisas y un largo etcétera está esperando a ser redescubierto. Realmente no queda gente ya apenas que esté en disposición física de indicarte el sitio exacto.

En este espacio que me cede la dirección de “El Oriente” haré vuestra mi inquietud con el fin de que no quede perdida también en unos Renglones perdidos de mi pésima memoria.
Este término pertenece al conocimiento común de las gentes de Pendueles y Vidiago, ya que está en la Playa de Bretones. Se trata de un pozo de poca profundidad donde los niños se bañan apenas vigilados por sus padres ya que no ofrece aparente peligro. (1) Hace unos veintitrés años que lo conozco y confieso que al principio este término me hizo pensar mucho en el origen del mismo. Allí se pueden ver los restos geológicos de unos plegamientos que poco a poco erosionaron y se observan en una longitud de unos cien metros o quizás más, hasta perderse en la parte más oriental de la playa. Me imaginé que quizás antaño se sacase de aquellas chapas de piedra el material para sustituir a la teja. No me parecía la idea muy buena ya que no se ve su uso en la zona. Por tanto, la explicación al nombre que se le da a este pozo debería ser otra, como ahora explico.
Pasaron unos años y mi afición por buscar en la costa alguna muestra geológica o fósil de interés entre los que abundan allí, me acerqué, aprovechando una marea baja hasta la parte oriental de la playa, donde hay un camino que lleva desde el acantilado a la parte alta donde se instalan las antenas de telefonía. Este camino tiene todas las trazas de haber sido utilizado hace bastante para el transporte con carros. Es un camino empedrado de carrada suficiente aunque el aspecto actual sea el de un sendero peatonal.
Diversos veranos me acerqué hasta el sitio hasta que un día acabé encontrando los restos de una edificación en piedra a hueso, es decir, sin cal ni otro material de unión, salvo es posible que el mismo barro que fuese extraído de las barreras. No cabe duda que esa construcción de apenas dieciséis metros cuadrados fuese la cabaña del tejero que se encargaba de la vigilancia del material y del proceso de secado y cocción del ladrillo y teja. A su derecha, siempre con el mar a la espalda, encontré los restos de la teja. Llegué a pensar que podría ser los mismos restos del tejado de la construcción. Podría ser así, pero existen vestigios de barreras por la ondulada orografía del terreno que hace pensar en el corrimiento de tierras para la actividad tejera. Así mismo abunda el gromo como le llamamos en la zona al tojo, arbusto que una vez cortado y seco se usó antaño, la cádava, para la cocina, y para calcinar la roca en la obtención de la cal. No es el caso éste y en otro momento daré cuenta de varios caleros existentes que en estos lugares encontré.
En una esquina de la construcción que no levanta más de cincuenta centímetros existe una construcción de lo que pudo ser la base del fogón sobre el que descansaría el llar para calentar la comida o simplemente para contrarrestar el frío y la humedad que aporta la mar en las frías noches de invierno. Me queda por encontrar otras construcciones donde se almacenase las tejas para secar o donde esperasen para ser transportadas a su destino.
Creo, no lo puedo aseverar, que estas tejeras de pequeña industria eran destinadas a suministrar a las construcciones que se hacían dentro de la misma zona. El encargado de obra cuando no el mismo propietario de la casa en construcción se encargaba de localizar al tejero de entre los que eran conocidos como tamargos, en las tejeras de León o Castilla, que buena fama tenían del oficio en las Comunidades citadas, los tejeros llaniscos. Corrientemente, el pago de su trabajo se ajustaba por teja elaborada. Además el propietario de la obra debía correr con otros gastos como la construcción previa de los secaderos donde se colocase la teja antes de meterla al horno.



(1)Hace ya unos cuantos veranos, vigilaba a mis hijos que jugaban al lado del pozo. Leía sentado en una roca, pero no quitaba ojo del juego de los niños. La mar estaba un poco fuerte y entraba con fuerza en el pozo. No fue una visión muy clara, creo que fue hasta inconsciente, pero me llamó, afortunadamente, la atención un gorrito de bebé que parecía flotar en las aguas movidas de pozo. Me levanté para ver mejor y eché a correr puesto que debajo de aquel gorrito descubrí la cabecita de una niña, que debió de hundirse en las arenas del lateral del pozo y flotaba sobre las aguas, con ese instinto de supervivencia que dicen tener los bebés en el agua. Pero sin mi intervención estaba a punto de ser arrastrada por la resaca que formaba en la roca que hay al norte del pozo. La cogí en mis brazos para tranquilizarla después de comprobar que no había tragado agua. Todo fue tan rápido que sólo recuerdo a una mujer correr desde el pedrero hacia mí. Me miró a los ojos, aún recuerdo aquella expresión mezcla de extrañeza y gratitud y la forma en que tomó a la niña y se alejó hasta donde tenía su toalla sin decirme nada. Nunca sabré el recuerdo que pueda guardar aquella madre que no fue capaz de decirme ni gracias. Tampoco lo necesité; fue gratificante darme cuenta de la forma que actúa el azar en la vida de las personas. En realidad sólo estaba vigilando a mis hijos. Recordé este suceso, al decir que el pozo no reviste peligro, y si no lo cuento tampoco me hubiese quedado tranquilo.

martes, 19 de junio de 2007

LOS DIOSES DE PEÑAMELLERA



“El sol se ponía tras las montañas y dejaba el valle a solas con la noche. Era el día señalado. Los dioses célticos vendrían, como todos los años, a recoger el tributo que las tribus asentadas a lo largo del Valle, tenían pactado con ellos.”

Sería imposible elegir un lugar estratégico mejor destinado al encuentro. Por un estrecho sendero, se alcanza la cima de la majestuosa Peña que dio nombre, en las generaciones sucesivas, al valle. Al final del sendero, se accede a un llano desde el que se controlan estratégicamente las laderas accesibles del sur, por donde cabría la posibilidad de un ataque sorpresa.”

El nombre de Peñamellera no proviene de otro vocablo que aquél que hace alusión al principal producto que allí abunda: la miel.
Voces bien autorizadas en el estudio de las lenguas y el habla del lugar podrán corroborar que se trata de la evolución de los vocablos Peña + Mier que generó Peña de Mier > Peñamierera > Peñamellera. Al oeste de esta peña, abajo en la margen derecha del Cares, se asienta un poblado denominado Mier, a la sombra de ella.
Pero resulta más convincente y apropiado al tema que nos ocupa la generación siguiente: Peñamielera > Peñamellera, dando así al término una procedencia más antigua y explican, quizás, la existencia del patronímico Melero que abunda en la zona y que hace referencia clara al oficio de recolectores y productores de tan rico alimento.

“Dos hileras de animales de carga subían por el citado sendero que procedían, la una, del Este y la otra del Oeste, en dirección a la cima de la Peña, con paso cansino, pero sin pausas, portando a lomos los productos más variados: pescados ahumados de río, tinajas de oscura miel de brezo y tilo, cestos de polen amarillo, anaranjado, pero, sobre todo, odres de hidromiel y sacos de alfajor, verdadera exquisitez para el paladar.
Aquellos guerreros de torva mirada, sedientos de sangre en cientos de batallas, se calmaban con aquel pago que ninguna tribu mejor producía.”

La religión que profesaban nos fue detallada por los godos que contaban cómo fue Odín su propulsor. Jefe de la Tribu Escitia llegó a subyugar, de igual forma, a toda la Europa Septentrional.
En el singular paraíso que Odín describió a sus guerreros se contaba con suculentas comidas de carne de jabalí, regadas con la hidromiel, bebida que lograban por fermentación y de golpeado espumoso y embriagante. Era el claro antecesor de la cerveza. La escanciaban en los cráneos de los enemigos abatidos en el combate. Para celebrar la victoria, qué mejor celebración que un magnífico festín a la sombra de los tilos mientras tenían como espectáculo el baile de las bellas y voluptuosas vírgenes que la servían en medio de cánticos.

“El alfajor era, sin embargo, una aportación exclusiva de los habitantes de aquel Valle que lo producían desde tiempo inmemorial. Era el alimento por excelencia, de fácil conservación y que los pastores llevaban en sus zurrones al monte donde pasaban una jornada o varias pastoreando sus ganados y que acompañaba a la rica leche de cabra. Su elaboración era a base de la harina de centeno, mijo y trigo, miel de tilo y levadura. Tenían formas diversas y el logrado sabor dependía de otros ingredientes que cada familia sabía dar a las de consumo propio. Así unos tenían sabor a anís, membrillo, jengibre, comino o hinojo. Todas las hierbas aromáticas del alfajor colaboraban en la buena digestión de las carnes a las que acompañaba.
Otro producto de esta excelsa tierra era la jalea real que junto con la miel y el polen constituían preciados medicamentos que se guardaban en cada casa en frescos tarros de barro cocido.
Después de la copiosa comida, los jóvenes del Valle, deleitaban a los egregios visitantes con un hermoso juego en el que se probaba la destreza y la fuerza de los participantes.
Consistía este singular juego en lanzar unas pesadas bolas doradas desde un punto colocado a unos diez metros de una plantilla de nueve troncos de abedul, bellamente tallados y convenientemente alineados y formando un cuadrado perfecto sobre un fondo de arena limpia de guijarros y a los que había que derribar.”

-Con el andar de los siglos, esta leyenda de las bolas de oro aún perdura en lugares como el citado de Peñamellera y en las de Picu Castiellu frente a Soberrón.
En ambas partes, se tiene esta leyenda de que las gentes que las guardaban desde aquellos tiempos narrados, las lanzaron por una sima para que, con la invasión árabe, no fueran llevados en su conquista.
Esta leyenda se me ocurrió en una tarde cualquiera de un día cualquiera al contemplar la Pica Peñamellera, circulando desde la carretera a su paso por el pueblo de El Mazu, una extraña y algodonosa nube la ocultaba a mi vista.
“Hay quien cuenta haber visto, iluminados por los destellos de Thor, en una noche de crudo invierno, las figuras adustas de los guerreros, silueteadas en el cielo de luna llena.”